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Justo en el momento en el que arranca la implementación de programas del primer gobierno de izquierda en México en más de 70 años, el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, estuvo en el país y aprovechó para dar sus opiniones y recomendaciones en torno de la economía mexicana y su conducción por el mandatario Andrés Manuel López Obrador. En particular, puso el foco en las finanzas públicas, en la deuda gubernamental y en la recaudación fiscal.

Gurría fue secretario de Hacienda con el expresidente Carlos Salinas de Gortari, un gobierno que López Obrador ubica como el punto de inicio de las políticas neoliberales que hoy se propone cancelar. “Estoy perfectamente claro respecto de la variedad ideológica que existe en el mundo […] y, al mismo tiempo, conozco las consecuencias en materia de las políticas públicas y cómo se aplican, pero te puedo decir una cosa: no hay un sólo modelo químicamente puro, ninguno, en ningún país”, es la respuesta de Gurría a las críticas del presidente al neoliberalismo.

México está cambiando. Hace algunos años, hizo reformas, llamadas estructurales; y, ahora, el gobierno pugna por un cambio de modelo económico y de régimen. ¿Tiene rumbo el país o aún lo está buscando?

La colección de reformas [alcanzada con] el Pacto por México fue impresionante, de una visión enorme. Fue notable ver cómo se iba cumpliendo con todos los objetivos y convirtiéndose en proyectos de ley: se negociaban y aprobaban, se ponían en implementación y, eventualmente, tenían efecto; en muchos casos, seguimos beneficiándonos de ese efecto.

Lo que hay ahora es un gobierno que hizo sus promesas de campaña, pero que, además, está con la responsabilidad de gestionar las reformas anteriores y las propias. ¿Por qué? Porque las reformas no terminan nunca, en un país como el nuestro, donde la mitad de la población está en pobreza y una cuarta parte en pobreza extrema. Uno no puede dejar nunca de estar procurando y propiciando reformas en salud, educación, recolección de impuestos y estructura de los propios impuestos, habilidades de la fuerza de trabajo, digitalización de la economía, aumento de la productividad y reducción de pobreza y desigualdades.

México ya se ha vuelto muy abierto, pero también más vulnerable a las tensiones que suceden en la economía internacional. A eso se debe la reducción importante en su perspectiva de crecimiento futuro: en lugar de 2.5 [del PIB], será de 1.5 o 1.6, con la perspectiva de que, si las cosas se agudizan, el impacto pudiera ser mayor.

¿México encontró su ruta?

La búsqueda es algo permanente; nunca puede uno bajar la guardia y decir: “ya, ya encontré por dónde; ya la hice”, porque, en el momento en que uno baja la guardia, le recuerdan que hay que volverla a subir, porque algo pasó.

En México hubo una transición muy tersa, en primer lugar, institucionalmente: el INE certifica el resultado de la elección y todos los partidos lo aceptan. Pero, además, mientras se negociaba el TLCAN con Estados Unidos y Canadá, México discutió a dos voces: negociaba el señor [Ildefonso] Guajardo y su equipo en representación del gobierno de [Enrique] Peña Nieto, y, al mismo tiempo, había un representante del ya entonces presidente electo [Andrés Manuel López Obrador], lo que permitió que, ante Estados Unidos y Canadá, hubiese un seguimiento mucho más orgánico del proceso.

Pero, entre las reformas y el modelo del nuevo gobierno no hay continuidad. Hasta podría decirse que van en sentidos opuestos.

Hay que preguntarse si, en lo fundamental, hay tanta diferencia. ¿Quién está en contra del combate a la corrupción? El tema es si haces de eso la política más importante de todas; eso está respondiendo al mandato que recibió el nuevo gobierno, porque ésa fue la bandera que esgrimió durante el proceso electoral. ¿Cómo interpretar el enorme mandato que recibieron el presidente y Morena, como [lo] es el combate a la corrupción, inseguridad, pobreza, desigualdades, y el tema de género y de transparencia?

Diría que es un tema de matiz, de énfasis, de acento. Pero no cabe duda de que esos temas y los relacionados con el sistema de bienestar, de protección social, tienen hoy un énfasis muy importante, pues de ahí viene el mandato.

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José Á. Gurría y Carlos Urzúa en la presentación de “Estudios Económicos de la OCDE México”.. Foto: Óscar Ramírez/Notimex.En un estudio sobre México, la OCDE recomienda una reforma fiscal integral. ¿Qué panorama motiva la propuesta? ¿ven riesgos?

Todos los gobiernos en todos los países recomiendan una reforma fiscal integral, y te lo digo con pleno conocimiento de causa: soy responsable de hacerle a países 50 propuestas de política económica y de análisis económico en ciclos de dos años.

Pero hay que empezar por decir que este gobierno, al igual que el anterior, se ha preocupado por la estabilidad de las finanzas públicas, y tienes como resultado una relación deuda/PIB de 50 y tantos por ciento, cuando el promedio de la OCDE es 100%. Así de fácil. Ahora, eso no es para sentirse muy tranquilos. ¿Por qué? Porque la tolerancia que tienen los mercados a países como México es mucho menor que la que tienen a países como Japón, que tiene 230% de deuda sobre PIB, o a países como Italia, que tiene 130% de deuda sobre PIB, etcétera. Los mercados les tienen mucha más paciencia y tolerancia a los países desarrollados porque tienen muchas más formas de defenderse que un país en desarrollo, como México, que se ve sujeto a presiones por razones externas y tiene menos capacidad de resistencia y, por tanto, tiene que ser mucho más prudente y cauteloso en cuanto a la relación deuda/PIB.

¿A eso responde la propuesta a México, al cuidado que debe de tener el país con la deuda?

Y a que fortalezcamos el ingreso mediante una base [de contribuyentes] más amplia, con menos exenciones y menos excepciones, y a que tengamos un sistema más justo, tanto del régimen de impuestos propiamente dicho, es decir, del impuesto sobre la renta, como del impuesto sobre las personas, [por ejemplo] el impuesto verde. Que sea no sólo más eficiente el impuesto al consumo [el IVA] en cuanto a recaudación, sino más justo desde el punto de vista de su progresividad.

La recomendación de fortalecer los órganos anticorrupción y combatir la desigualdad y la pobreza, ¿los había planteado la OCDE a gobiernos anteriores con esta misma claridad?

Absolutamente. Lo digo con mucho orgullo. Además, desde hace ya varios números, en los estudios que entregamos habíamos dicho que hay etapas: después de las reformas educativa, de competencia, laboral, financiera y fiscal, hay necesidad de robustecerlas con una reforma que fortalezca el Estado de derecho, los procedimientos y sistemas judiciales e, inclusive, la capacidad de investigación y de decisión de los órganos especializados. Eso es algo que se requiere para modernizar el esquema de negocios de México, no sólo por un tema de justicia elemental, sino, además, porque todos nuestros competidores también se están poniendo las pilas y haciendo las cosas más transparentes, fáciles, rápidas y especializadas.

¿Cuál fue la respuesta en gobiernos previos?

Hubo, en prácticamente todos los terrenos, reformas en su momento y coyuntura. Pero hoy, así como la globalización es general y las interdependencias son cada vez mayores y el comercio y los flujos de inversiones se internacionalizan más, también el tipo de reformas tienen que ser… primero, con un ojo al gato (que es interno) y otro al garabato (que es la competitividad y la competencia con el exterior).

¿Usted propondría a México aplicar el IVA en alimentos y medicinas?

Siempre, en IVA, se ha propuesto una canasta que tiene que ver, básicamente, con alimentos y consumo; en cuanto a medicinas, no es un tema de IVA o no IVA: tiene que ver el sistema de salud del país. México es uno de los países donde todavía las personas, cuando van a atenderse a los servicios públicos, tienen que hacer un pago alto de su propio bolsillo, sobre todo en medicinas.

Lo que habría que plantearse es en qué medida, si cambiamos el sistema fiscal y el Estado tiene más recursos para apoyar a los grupos más vulnerables, se puede reducir ese gasto de bolsillo y el costo de la salud, al menos para ese sector.

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Foto: Jessica Espinosa/Notimex.

Partiendo de parámetros de la OCDE, ¿no fue México demasiado lejos en materia de corrupción y desigualdad? Por ejemplo, apenas se aprobó una reforma laboral que garantiza el derecho básico de la democracia sindical.

En la OCDE no podemos sino darle la bienvenida y promover que haya apertura y democracia sindical. Pero, por otro lado, también decimos que debe haber costos razonables para la separación del empleo por razones económicas. Esto quiere decir que, en muchas ocasiones, por cambio de tecnologías, de productos, de líneas de productos, etcétera, o simplemente porque cambia el giro de una empresa, tiene que haber separación de los trabajadores cuando no es posible hacer un reentrenamiento, o cuando hay problemas de comportamiento, rendimiento, productividad, o problemas de mala conducta.

En el pasado, esto era muy caro; entonces, lo que se logró con algunas de las reformas en años anteriores, fue equilibrar los derechos de los trabajadores con la flexibilidad, para que los empresarios pudiesen tener más apetito para crear empleos. ¿Por qué? Porque si uno ve nada más el interés de los trabajadores, paradójicamente podemos estar creando una barrera a la creación de nuevos empleos. Si tienes tanta protección [al grado] que nadie te puede tocar una vez que te dan el empleo, el empresario se va a cuidar mucho de no crear un solo puesto de trabajo.

En cambio, si hay flexibilidad, dependiendo de cómo le vaya a la empresa, el empleador podrá decir: “Me la juego… y si no funciona, pues ni modo; te doy tu liquidación y se acabó”.

Estamos en un país en el que 60% de los trabajadores son informales; tenemos que preocuparnos de que ese 60% tenga la mínima protección. Pero también de que el otro 40%, que está típicamente sindicalizado o tiene mayores garantías, esté en un esquema laboral con suficiente flexibilidad para que se creen más empleos en el sector formal e ir reduciendo la informalidad poco a poco…. como Pacman, irle ganando terreno a la informalidad.

El gobierno plantea que el Plan Nacional de Desarrollo esta vez no responde a los dictados de los organismos financieros y que es un rompimiento con el modelo neoliberal…

En primer lugar, yo no sé en qué consiste el modelo neoliberal…

Usted trabajó en el gobierno del expresidente Carlos Salinas de Gortari.

No. Yo trabajé, durante 35 años, en el gobierno de México, y me tocaron gobiernos de todo tipo y, además, tengo 13 años al frente de la OCDE, que tiene 36 países miembro, y hay todo tipo de ideologías en esos países. Trabajamos con todos ellos.

Estoy perfectamente claro respecto de la variedad ideológica que existe en el mundo entero, porque la vivo todos los días y, al mismo tiempo, conozco las consecuencias en materia de las políticas públicas y cómo se aplican. Pero, te puedo decir una cosa: no hay un sólo modelo [que sea] químicamente puro, ninguno, en ningún país.

Hay ciertas reglas básicas: todo mundo está buscando la estabilidad financiera, evitar mayor endeudamiento y, al mismo tiempo, la agudización de la pobreza y las desigualdades; y todo mundo quiere tener el mayor nivel de empleo y entrenada su fuerza de trabajo para que no sea vulnerable al desplazamiento por la tecnología.

Entonces, ¿qué pasa? Que algunos de estos [propósitos] no suman. ¿Por qué? Porque, en muchos casos, quieres bajar los impuestos, pero, al mismo tiempo, quieres aumentar el gasto público para mejorar la salud, la educación…

Éste es un mundo de equilibrios; todos los días hay que estar haciendo equilibrios.

¿Es optimista o pesimista con lo que estamos empezando en México? ¿o neutral?

Por naturaleza, no soy ni optimista ni pesimista, soy activista. Creo que podemos transformar la realidad y lograr lo que uno se propone, con buenas políticas públicas y con perseverancia, con claridad del diseño y tomando en cuenta las restricciones que existen.

 

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