Los valores de una de las familias más ricas del mundo, encabezada por Warren Buffett, tienen un objetivo: criar a herederos bien centrados. Forbes platicó en exclusiva con el jerarca y con algunos de sus integrantes.

 

Por Kerry A. Dolan 

 

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La charla durante la segunda Cum­bre Filantrópica Anual de Forbes, celebrada en junio pasado en la Organi­zación de las Naciones Unidas (ONU), fue acerca de los hijos. En concreto, la forma de criarlos de una manera que les anime a cambiar su mundo, en lugar de obsesio­narse con qué auto deportivo tienen en la cochera.

Warren Buffett, su hijo Peter, Mari­lyn Carlson Nelson (ex presidenta de Carlson Cos. y matriarca de la familia) y Liesel Pritzker Simmons, de la cuarta generación de la dinastía Pritzker de Chicago, participaron en una mesa redonda sobre las singulares circuns­tancias de las familias súper ricas.

Forbes: Warren, empecemos contigo. ¿Cómo hacen los ricos para que sus hijos compartan sus valores?

Warren Buffett (WB): Nuestros hijos tuvieron un crecimiento muy normal. Han vivido siempre en la misma casa, la primera que compré, en 1958. Cada miem­bro de la familia Buffett en Omaha ha ido a una escuela pública, incluso a la misma preparatoria. Vivíamos en una zona donde, en dólares actuales, nuestros vecinos ganaban tal vez 75,000 dólares al año, o algo por el estilo. Así que en realidad nunca pensaron que éramos económicamente diferentes.

Forbes: A medida que tu riqueza crecía, ¿trataste activamente de no cambiar tu estilo de vida?

WB: No, yo sólo vivía la vida que quería vivir, y mi esposa vivía la vida que quería. Y nuestros hijos crecieron así. No hubo nada que quisiéramos y no tuviéramos, pero no somos proclives a acumular una gran cantidad de posesiones ni nada de eso. Así que no había ninguna razón para que nuestros hijos desarrollaran sentimientos inusuales sobre el dinero.

Forbes: Peter, cuando empezaste a ver que tu padre estaba en la lista de Forbes de los estadounidenses más ricos, ¿cómo empataste eso con tu padre y la forma como te crió?

Peter Buffett (PB): Fue cuando yo tenía 20 años y platicaba con mi mamá sobre su aparición en la lista. Y nos reímos de él, porque nos dijo: “Bueno, es gracioso, ¿no? Fue un cambio fascinante, aunque no uno enorme, porque no vivíamos en ese mundo o en ese contexto cultural en el que se hace alarde de la riqueza. Nuestros amigos estaban tan sorprendidos como yo.

Forbes: Marilyn, tu situación fue un poco diferente. Eres la segunda generación de la empresa familiar. Tu padre construyendo esa compañía, a medida que crecías. Para cuando dirigías Carlson, probablemente tuviste que lidiar con: “¿Cómo criar a tus hijos en una familia acaudalada?”.

Marilyn Carlson Nelson (MCN): El sentido de respeto hacia el capital es claramente algo con lo que crecimos. Y mis hijos crecieron con ello, obviamente, con un abuelo que era emprendedor y tenía pasión por los nego­cios.

También hablaba mucho acerca de que la filantropía es un trabajo. Y así, cada vez que abríamos un nuevo hotel o una nueva propiedad, era importante para él com­partir el número de puestos de trabajo que se habían creado. Teníamos una especie de historia oral, y él dejó un credo: “Hagas lo que hagas, hazlo con integridad. Donde quiera que vayas, ve como un líder. Ten la valentía de liderar. Cada vez que sirvas, sirve con cuidado. Siempre que sueñes, sueña con todo. Innova y nunca te rindas”.

Forbes: Liesel, tú creciste en la familia Pritzker. Cuando eras adolescente deman­daste a tu padre y a tus familiares para saber qué pasaba con tu fideicomiso. Eso te llevó a algunas de las cosas que estás haciendo ahora. Cuéntanos acerca de cómo has aprovechado tu herencia y cómo los valores de la familia te llevaron a hacer lo que estás haciendo.

Pritzker Simmons (PS): Siendo here­dero de una gran fortuna, una cosa que yo sabía sobre crecer en Chicago, de donde es mi familia, es que provenía de una familia muy filantrópica.

Algo que siempre supe, por ser un here­dero de esa fortuna, es: “Bueno, ¿cuál es mi responsabilidad en el resguardo ade­cuado de esa riqueza? ¿Qué puedo hacer para ayudar a hacer del mundo un lugar mejor?”. Y, como tuve la posibilidad de empezar a hacer eso a una edad temprana, lo traté como un trabajo.

Empecé a hacer voluntariado, a colabo­rar como becario en instituciones micro­financieras, a viajar. Luego, después de conocer y hablar con muchísimos com­pañeros y montones de filántropos muy inteligentes, decidí tomar una parte de mis bienes y crear una fundación. Pero no creí que a los 24 haya tenido la habili­dad de dirigirla. Así que puse a mi madre como presidente, y yo fui vicepresidente.

(Ser filántropo), es una habilidad. Es algo que tienes que aprender, aprender de los demás y apren­der haciendo. Así que estoy contento… Creo que la ventaja de haber empezado tan joven y ser capaz de apren­der en lugar de esperar hasta ser mucho más grande, ha beneficiado la labor que he venido haciendo.

familia_buffett1Forbes: Warren, cuéntanos de cuando tomaste la decisión de ceder la mayor parte de tu fortuna, y cómo decidiste cuánto querías que tuvieran tus hijos y por qué deberían dirigir fundaciones.

WB: Mi esposa y yo tomamos la decisión cuando estábamos en nuestros veintes, una vez que teníamos todo lo que queríamos o necesitábamos. Le dije que habría monto­nes de dinero, y ella rió.

La idea siempre fue dar. Formamos la fundación familiar en la década de 1960. También llegamos conjuntamente a la conclusión de que, a pesar de que podría­mos tener una gran fundación familiar, era importante que cada uno de los tres hijos tuviera la suya por separado.

Así que supongo que hace probable­mente 25 años, pusimos una suma rela­tivamente pequeña en la cuenta de cada uno. Pero a finales de la década de 1990 formé tres empresas ficticias. Luego, en Navidad, presenté esas empresas a cada uno de mis tres hijos. Las empezamos con diez millones de dólares (mdd) cada una, pero les dijimos que habría más y no los juzgaríamos por su desempeño entre sí, porque en la filantropía ¿quién sabe qué tipo de actividades se verán recom­pensadas y cuándo? Además, que iríamos aumentando esa cantidad pero que lo haríamos por igual.

Yo no estaba en el consejo de esas fun­daciones, tampoco mi esposa. Estaban completamente en sus manos. Aumen­tamos esos fondos varias veces y, el año pasado, en mi cumpleaños, dupliqué la can­tidad destinada a cada una de las fundacio­nes. La carta que explica lo que espero de mis hijos está en BerkshireHathaway.com, y yo les dije que esperaba que fallaran en algunas cosas; si no fallan, es que no están haciendo cosas importantes. Y que estoy orgulloso de los tres, y que sabía que esta­ría orgulloso de lo que han hecho con ese dinero. Es un enfoque muy simple.

Forbes: Peter, ¿Cómo fue para ti en ese entonces?

PB: No habíamos tenido conversaciones pre­vías. Ahora, es cierto que tuvimos una fundación muy pequeña, y luego una más grande, a partir de 1999. Pasó de 10 mdd a cerca de 120 mdd, creo que en el transcurso de seis años o menos. Así que sin duda he aprendido mucho. Creo que estaba preparando el terreno para ese gran regalo, lo que llamamos el Big Bang, en 2006. Sin embargo, no hubo una dis­cusión real acerca de eso. Así que tuvi­mos que poner nuestra casa en orden bastante rápido.

Forbes: ¿Y cómo fue ave­riguar qué tipo de cosas les interesaban en términos de financiamiento?

PB: Eso llevó tiempo. Jennifer y yo lo hici­mos juntos, lo que es genial, porque yo ya tenía una carrera.Así, enfrentar de repente el reto a esa escala, sólo habría sido un esfuerzo extraordinario, que habría demandado mucha atención de mi parte. Nos tomó dos años escuchar de verdad. Estuvimos aquí en Nueva York, y fue como una clase magistral, porque pudimos hablar con cualquier persona que quisiéramos. Es curioso, ya sabes, tienes una fundación de miles de millones de dólares, tus bromas son más divertidas, eres más atractivo, y es, pues, simplemente mágico.

Forbes: ¿Y has estado fallando, como le gustaría a tu padre?, ¿has estado tomando riesgos con tu filantropía?

PB: Por supuesto. Siento que si no estás en la orilla, tienes demasiado espacio. Vamos por ahí tratando de hacer cosas todo el tiempo, algunas de las cuales no sólo espero que fallen, sino que tomen mucho tiempo.

Forbes: ¿Cuán importante es alentar a los niños a hacer lo que quieren hacer?

WB: Nunca nos dimos ninguna instrucción en específico, pero creo que sí adoptaron los valores que resultaron significativos para su madre y para mí. Una de las cosas por las que estoy muy agradecido con mi padre, sobre todo, fue que me apoyaba en todo. No trató de vivir su vida a través de mí. Traté de transmitir eso a mis hijos.

Forbes: Liesel, ¿cuánta influencia tiene tu familia en su incursión filantrópica en el mundo?

PS: Yo diría que las cuestiones por las que estoy más apasionado estuvieron más influidas por mis viajes y mis estudios, pero el concepto general de ser filantró­pica, algo que se espera de ti en la fami­lia, es una parte muy importante de la empresa familiar. Es omnipresente en toda la familia.

Otra cosa: cuando hablo con compañe­ros míos que también heredan fortunas, creo que una de las mejores cosas que les ha pasado fue poder ver la insensatez de Paris Hilton y el concepto de un bebé eterno que depende de un fideicomiso. No quieres que te asocien con esa eti­queta, aunque sea algo inevitable, si eres un heredero. Pero lo que sí puedes hacer es convertir eso en un factor de influencia, utilizando tu capital social, tu capital inte­lectual, tu capital filantrópico y tu capi­tal de inversión para ayudar a hacer del mundo un lugar mejor y animar a otras personas a hacer lo mismo contigo.

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