Desde Bach hasta Michael Jordan, todos los expertos y genios han vivido la regla de las 10,000 horas en sus vidas. Pero ahora el psicólogo Daniel Goleman cuestiona este paradigma y lo lleva al siguiente nivel.

 

 

 «Enfoque y sencillez, han sido mis mantras. Lo simple puede ser más difícil que lo complejo:  debes trabajar duro para limpiar tus  pensamientos  volverlos simples, pero vale la pena a la larga porque una vez que lo consigues, puedes mover montañas».

Steve Jobs

 

 

Durante muchos años, la «regla de 10,000 horas» se convirtió prácticamente en un ritual referente para dejar de ser amateur y convertirse en un experto, en cualquier campo, desde la música a la fontanería, la ciencia o la cocina.

Malcolm Gladwell, en su libro Outliers, analiza a personajes cuyas vidas gozaron de esta regla, ya sea por circunstancias fortuitas o forzadas, como Bill Gates (casi el único joven programador de su época con una mastodóntica computadora libre para usar en Seattle), y The Beatles (contratados para tocar durante más de 8 horas seguidas, todos las noches, durante varios veranos).

Desde Bach hasta Michael Jordan, todos los expertos y genios han vivido la regla de las 10,000 horas en sus vidas. Pero ahora el psicólogo Daniel Goleman cuestiona este paradigma y lo lleva al siguiente nivel. En su recién lanzado libro Focus, asegura que la regla de oro se trata de una verdad a medias.

«Si usted es un zoquete en el golf, por ejemplo, y comete siempre los mismos errores cada vez que intenta un cierto movimiento, 10,000 horas de práctica en el error no van a mejorar su juego. Seguirá siendo un zoquete, aunque uno con más antigüedad».

Horas y horas de práctica son necesarias para generar una creación genial, pero Goleman asegura que no es el único factor que abona a la creatividad. Es imprescindible prestar total atención: enfoque. En un estudio a músicos violinistas, cuya práctica había rebasado las 10,000 horas, encontró que la concentración total mejoraba el desempeño y marcaba diferencia entre un gran maestro y un genio de las cuerdas y el arco.

Goleman identifica, además, un segundo elemento necesario: la retroalimentación. Ésta permite detectar los errores que se producen y corregirlos. No hay mejor metáfora para describir este factor que los bailarines de ballet que utilizan espejos durante la práctica y escudriñan sus movimientos de manera obsesiva.

Pero no es la retroalimentación propia solo la que vale, sino también la ajena. A eso se le llama crítica. Cobra sentido entonces la figura del entrenador, el gurú, el maestro o el guía.

Una pintura de 1763, de Louis Carrogis, muestra al pequeño Mozart encima del clavicordio, con su padre detrás. George Lucas ideó al maestro Yoda como mentor supremo de Luke Skywalker. Brian Eno ha sido responsable de exponenciar el sonido de grupos como Coldplay y U2, provocando una nueva mirada, jamás antes explorada, sobre la esencia musical de las bandas.

Así que el enfoque crítico sobre las 10,000 horas es necesario para llegar a las genialidades más altas.

 

Ahí está el detalle

Soñar despierto derrota a la práctica más intensa, dice Goleman. O lo que es lo mismo: la inercia es devastadora.

Aquellos que comparten actividades y saltan de una a otra sin enfoque (ver la televisión, contestar el correo y estudiar un tratado de medicina al mismo tiempo que se habla por teléfono), nunca llegarán a la genialidad. Para soñar hay que cerrar los ojos. Para ser un genio, hay que abrir la percepción.

«Prestar toda la atención parece aumentar la velocidad de procesamiento de la mente, fortalece las conexiones sinápticas, y amplia y crea redes neuronales para lo que estamos practicando», asegura Goleman.

El enfoque juega un papel esencial en los detalles minúsculos. Lo «suficientemente bueno» no es genial, pues no se atiende con lupa el micromundo de la actividad. Por eso, la mayoría de las personas llega hasta donde el cerebro es capaz de ejecutar cualquier actividad en automático, «por encima». De ahí que el detenimiento, el enfoque intencional, hace la diferencia.

En un mundo que seduce continuamente con millones de distractores, el enfoque labrado con paciencia, resulta provocador de ideas geniales y talentos emergentes.

 

 

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