Por Freya Higgins-Desbiolles

The Conversation.- El templo de la secta budista de los Nanzoin en Japón es famoso por la enorme estatua de un Buda recostado. Sus guardianes son menos relajados con la hordas de turistas que el templo atrae. Hay señales en 12 idiomas que advierten a los visitantes extranjeros de no entrar en grupos numerosos.

Eso es parte de un sentimiento antiturismo que detona tanto los malos hábitos como las acciones aborrecibles de algunos visitantes de fuera que, se cuenta, abundan en Japón, y en el resto del mundo.

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En Amsterdam, por ejemplo, las autoridades de la ciudad han puesto un alto a la construcción de nuevos hoteles y han lanzado una campaña contra las plataformas de rentas privadas.

El turismo trae muchos beneficios a comunidades en todo el mundo. Sin embargo, los centros turísticos sienten la presión debido al incremento en la llegada de visitantes. Los residentes locales resienten tener restaurantes y parques repletos. Resienten tener que pagar precios inflados y muchos de ellos resienten el mal comportamiento de los turistas.

El creciente mal comportamiento de los turistas, ya sea en la vida real o como la repetición de un meme o un cliché cultural, es un problema muy delicado para la industria del turismo. En ciudades al límite de la explosión turística, como Venecia, el resentimiento da paso a manifestaciones antituristas. En Barcelona, la causa en contra de los visitantes foráneos ha recibido el apoyo de activistas nacionalistas de izquierda. Sus posturas se expresan en graffiti por toda Barcelona: “Bienvenidos, refugiados. Turistas, largo”.

A menos que la industria turística tome acciones para enfrentar los agravios implícitos, ese resentimiento sólo crecerá. Se corre el riesgo de que el turismo, en lugar de construir puentes para la amistad y el entendimiento multicultural, fomente los muros de los estereotipos que separan a las personas.

Cuando a Roma fueres…

Algunas veces, el mal comportamiento es cuestión de percepción y se relaciona con las diferencias culturales. En algunos lugares, como China, es perfectamente aceptable dejar tu mesa del restaurante hecha una cochinero. Sin embargo, dos mujeres chinas que visitaban Japón fueron el foco de críticas internacionales debido a un video en el que se les pidió retirarse de un restaurante en Osaka debido a sus “asquerosos hábitos”.

¿Has escuchado hablar sobre el ‘overtourism’?

Por ello surge la pregunta de por qué los turistas no se esfuerzan en comprender y seguir las costumbres de los locales.

Y también cabe preguntarse por qué los turistas se comportan en formas en que jamás lo harían en casa. Algo así como ponerse un mankini verde limón mientras paseas por Cracovia, o andar desnudo en Angkor Wat, el santuario más venerado de Camboya.

Las evidencias sugieren que algo sucede cuando sales de vacaciones que simple y sencillamente disminuye la inhibición de las personas.

Personas ordinarias cometen actos estúpidos como robar un póster propagandístico en el estado más totalitario del mundo. O grafitear un muro en un sitio donde millones fueron asesinados. O pelear a codazos por un lugar para sacarse una selfie en la fuente de Trevi en Roma.

Turistas sacan selfies en la fuente de Trevi en Roma. FOTO: Reuters

El mito del turismo sustentable

El turismo sustentable descansa sobre muchos pilares Uno de ellos es la necesidad de que los turistas respeten a los pueblos, culturas y ambientes locales.

El problema es que, como otros expertos  señalan, es que el turismo se ha promovido como una actividad de hedonismo total. Más que animarlos a verse a sí mismos como ciudadanos globales con derechos y obligaciones, los turistas compran una ilusión de indulgencia total. Se les posiciona como consumidores con privilegios especiales.

¿Sorprende entonces que el turismo promueva un comportamiento autoindulgente y una actitud de meritocracia?

La promesa Tiaki

Conocemos algunos de los incidentes que hemos mencionado porque los autores de ellos grabaron sus crímenes para la posteridad. Pero, en otras ocasiones, han sido los ofendidos a nivel local quienes han hecho las grabaciones.

Es el caso de los “cerdos” turistas británicos quienes detonaron una tormenta mediática en mientras vacacionaban en Nueva Zelandia el pasado enero. En un video se muestra el basurero que dejaron en un parque playero, lo cual se convirtió en un escándalo mediático. Más de 10,000 personas firmaron una petición de deportación.

Es un caso de estudio clásico de cómo un evento local se convierte fácilmente en un incidente nacional o internacional.

Con todo, creo que Nueva Zelandia también ofrece un caso de estudio de cómo la industria global del turismo puede tratar los sentimientos antiturismo si se alienta a los visitantes a mostrar mayor respeto.

Para tratar con múltiples problemas asociados a los turistas, incluyendo la pésima conducción de autos, las prácticas dañinas al acampar, así como ignorar la seguridad en lugares al aire libre, las autoridades y los operadores de turismo de Nueva Zelandia promueven la “promesa Tiaki”.

“Tiaki” es un término maori que significa proteger, guardar o preservar. Un concepto relacionado es  “Kaitiakitanga”, la ética de la protección, basada en lo que los maoris entienden por el vínculo entre las personas y la naturaleza.

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La campaña “Tiaki”, por lo tanto, le pide a los turistas cuidar a Nueva Zelandia, “de ser un guardián que protege y preserva nuestro hogar”. A cambio, se ofrece una cálida bienvenida a ellos que se ocupan de cuidar al país.

Tal principio de reciprocidad es un código para la práctica del turismo responsable. El reto de la industria del turismo es desarrollar estrategias efectivas para que los turistas y los locales se entiendan.

La clave es comunicar esas experiencias invaluables que emergen al estar con los locales, más que imponérselas a ellos.

Este artículo se publicó en original en inglés en The Conversation. Puedes leer el texto original dando click en el logo:

   

 

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