Por Eduardo Valcárcel

La propagación masiva de informaciones ficticias con el propósito de desvirtuar hechos, debilitar reputaciones y establecer una agenda de intereses contrarios al bienestar colectivo es una tendencia que tiene su punto de inflexión con el surgimiento de las nuevas tecnologías, donde los usuarios de las plataformas virtuales obtienen un mayor acceso y participación en las historias que allí se generan.

Las conversaciones actuales surgidas en medios digitales y tradicionales, aquellas que, en su mayoría, provienen de emisores ocultos, contribuyen a uno de los antivalores más nocivos: la desinformación. Históricamente, la desinformación sirvió como herramienta para distorsionar realidades con el fin de manipular a los lectores hacia la toma de determinadas decisiones. Tenemos ejemplos nefastos durante la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Vietnam o la Guerra Fría.

Sin embargo, ha sido con las tecnologías de la información y las redes sociales cuando la difusión de noticias falsas ha alcanzado mayor visibilidad a nivel global. Esta realidad la hemos podido ver en los procesos de referendos de Colombia, Cataluña o el Brexit; en elecciones presidenciales como la de Estados Unidos, en 2016, cuando los rumores y hechos sin pruebas sirvieron para desprestigiar a los candidatos; en años anteriores ha sido la repetida “muerte” de Fidel Castro o, en el caso dominicano, la divulgación de “pruebas” fotográficas sobre una inminente invasión haitiana.

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Las consecuencias de multiplicar dichos mensajes o sucesos sin su correspondiente verificación de datos, denominados en lenguaje anglosajón fact checking, van directamente asociadas con la alteración de la economía nacional, su clima de inversión, estabilidad jurídica y política e, incluso, la seguridad ciudadana y la paz social.

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libre”. Partiendo de lo anterior y esta frase bíblica, los profesionales de la comunicación tienen un gran deber en la construcción de historias que   contribuyan al bienestar de los ciudadanos que les leen y escuchan. Se requiere vestirse de la ética al ejercer la profesión, de construir un legado que sea un estandarte y diferenciador del periodismo amateur o ciudadano que, aunque necesario para las sociedades regidas por la democracia, carecen del rigor instruido en las aulas y adquirido en los años de experiencia.

El fact checking debe ser una prioridad a la hora de publicar o enviar una información a la virtualidad, con las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) a nuestro alcance es aún más fácil esta tarea, ya que tenemos acceso a un sinnúmero de fuentes que nos invitan a confirmar y analizar los hechos ocurridos en determinado tiempo y espacio. Hoy vivimos en un mundo hiperconectado, transparente, que permite validar cualquier dato en tiempo real sin afectar cualquier trabajo de investigación, periodístico o la cobertura de un suceso. La comprobación de datos es un acto igual o más valioso que la obtención de primicias. La veracidad de las historias construye legado, confianza en la audiencia, valor, decencia y objetividad.

Nuestra función como participante en las conversaciones suscitadas en cada medio de comunicación debe comprometerse a ir más allá de la ética y llegar a ser una manifestación de nuestros valores. Es vital y sostenible para nuestro desarrollo como sociedad recordar la importancia de ser buenas personas en todos nuestros actos, esto es lo que construye legado con nuestra voz, nuestras letras e imágenes compartidas bajo nuestra firma.

La expresión ‘fake news’ fue la “Palabra del Año 2017” por el Diccionario Collins; fue candidata a “Palabra del Año 2017” de la Fundéu BBVA (como noticias falsas) y hasta el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha creado premios en su nombre. Tomo este espacio para hacer un llamado a sembrar valores en cada ocasión que tengamos de frente, a ser profesionales de la noticia o reporteros-ciudadanos responsables. Sólo así podremos cosechar sostenibilidad, confianza, paz y democracia, y dejar un legado con una estela de decencia y objetividad.

*Managing Director de Newlink

 

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