LAS RAÍCES DE LA BELLEZA: Antes de terminar sus estudios de escultura, Azzedine Alaïa comenzó su carrera en la moda como asistente de un sastre. Había mentido para estudiar en la escuela. Fue su hermana la que inspiró su amor por la alta costura. Dada su enorme destreza, pronto comenzó a crear atuendos para clientes privados.

Por Patricia Erroz

Cumplidos los 17 años quiso avanzar como costurero y se trasladó a París, cuna mundial de la moda. Tan sólo estuvo en el estudio de Christian Dior cinco días. Colaboró con su amigo Guy Laroche durante dos temporadas, y consiguió la fama definitiva con Thierry Mugler. Un éxito que le permitió inaugurar su primer taller en el pequeño departamento parisino de Bellechasse en los años 70. Durante dos décadas en este atelier vistió de manera privada a la jet-set internacional, desde la actriz Greta Garbo —quien solía visitarlo de incógnito para las pruebas de vestuario— hasta Marie-Hélène de Rothschild.

El público hubo de esperar hasta 1980 para ver su primera colección. Estaba compuesta por prendas sexies confeccionadas con cuero. Los primeros 20 años de su carrera en solitario los dedicó a diseñar ropa para clientes privados y, gracias a eso, logró el éxito. Siempre ha destacado por la mezcla de materiales. Con licra y fibras muy flexibles creó faldas de tubo y minivestidos elásticos que resaltaban la figura de gacelas como Grace Jones.

En esa década los medios se hicieron eco de su genio. Alaïa se mudó a un taller más amplio en la calle Du Parc-Royal en el barrio de Le Marais. En 1984 fue elegido Mejor Diseñador y Mejor Colección por el Ministerio de Cultura galo, un evento en el que Grace Jones alzó en brazos al diseñador mientras le cantaba. En los 90 protagonizó un periodo de olvido. Fue su etapa más difícil, aunque siempre voluntaria. Se aisló porque necesitaba encontrar el equilibrio. En 2000, Alaïa unió fuerzas con el Grupo Prada y ese mismo año una exposición suya en el museo Guggenheim de Nueva York confirmó su estatus como máxima influencia en el mundo de la moda. En 2003 presentó su primera línea de prêt à porter. Cinco años más tarde le nombraron Caballero de Honor de la Legión Francesa, aunque rechazó el premio y toda la farándula en torno a él.

Es en 2007 cuando recuperó su capacidad y el control total sobre su firma arrebatándoselo al Grupo Prada. Hoy en día —y a pesar de sus 75 años— Alaïa sigue en activo. Se ha convertido en un modisto esencial en el universo de la moda. Es uno de los más solicitados por las celebrities y se nauguran anualmente exposiciones en museos internacionales sobre su trayectoria. Bromeando sobre su éxito en la moda, ha reconocido que duerme cuatro horas al día y trabaja hasta las cinco de la madrugada rodeado de animales  con una copita de agua, o vodka, en alguna ocasión.

Foto: Cortesía

EL AROMA DEL ÉXITO

Después de haber consolidado una carrera de 30 años, en la primavera de 2015 vio la luz su primer perfume y una línea de cosméticos. Muchos diseñadores pronto lanzan sus primeras fragancias o maquillajes. Él no. No sigue las reglas. Alaïa Paris es un aroma que homenajea la ciudad a la que tanto le debe. Sorprende este último movimiento del couturier tan antisistema. Presenta una fragancia y lo hace no siendo fan de los perfumes: él no usa. No le gustan los ambientes saturados de olores, por eso se decantó por un aroma suave de fresias y peonias, con notas de almizcle y pimienta rosa. Algo difícilmente descriptible por algunos expertos de la moda, pero que ha cosechado buenas crónicas. Se inspiró en el agua Perrier para escoger los «ingredientes» y en el «olor del agua fría que cae sobre la tiza caliente». Para su presentación, en lugar de enviar una nota de prensa a los medios, emitió una meditación sobre las clases de olor. Un poema sobre el olor.

Otro de sus proyectos aún vigente es la exposición en la galería Borghese de Roma hasta octubre de 2015. Cerca de 80 vestidos compiten con esculturas de Bernini y Canova, o con pinturas de Botticelli y Caravaggio. Se erigen cual estatuas de mármol y dialogan con el arte clásico, demostrando así la capacidad de Alaïa de esculpir sensaciones. El diseñador volvió a realizar las piezas que en un principio iba a exhibir para que estas se adecuaran a la inmensidad del espacio. También ha elegido los objetos más apropiados para ser expuestos al mismo tiempo que su obra. El día de la inauguración explicó a los asistentes: «Mi trabajo aspira a convertirse en siluetas vestidas por mujeres ideales que rompen el corazón de los hombres». Así es su obra, una escultura tallada con una aguja donde el vestido es la segunda piel de la mujer. La idea inicial, según comenta la directora de la galería Borghese, Anna Coliva, era ponerle otro nombre a la exposición y su objetivo original no era centrarlo en la moda.

Azzedine sigue siendo el mismo. Trabaja junto a sus colaboradores en el atelier de la calle Moussy de París. Se sientan con él desde el fontanero hasta su madre. Y, dependiendo del día, podemos encontrarnos en su mesa a Naomi Campbell o Johnny Depp. ¿Cómo ve su futuro el genio de la alta costura? Documentado y clasificado: quiere sentar las bases de una fundación para preservar sus archivos y preciadas prendas. No diseña para una temporada, sino para toda la vida. Azzedine Alaïa es el único diseñador que escapa a los dictados de la industria de la moda.

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Aquí la primera parte de la hostoria

 

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