Chopard ha creado el aderezo más precioso que haya surgido jamás de sus talleres, gracias a un fenómeno de la naturaleza: un rarísimo diamante de 342 quilates, que ya forma parte de la leyenda.

Toda leyenda arranca con un descubrimiento… y la de la Reina de Kalahari no es una excepción. La historia de esta piedra de belleza conmovedora, pura y radiante, comienza con un viaje, una odisea en la que una casa mítica en el universo del lujo, Chopard, se ha embarcado para demostrar su savoir faire a través de todas las etapas que rigen la creación de una joya. Caroline Scheufele, co-presidenta de la maison, ha seguido paso a paso la aventura de este diamante extraordinario, ofreciéndole un destino tallado en la eternidad.

El descubrimiento del Queen of Kalahari (la Reina de Kalahari), este extraordinario diamante de 342 quilates, de una perfección y una pureza absolutas, en una mina de Karowe, Botswana, atrajo la atención de Caroline Scheufele. “Inmediatamente tuve la sensación de que me encontraba ante una piedra extraordinaria. Era de una belleza y de una pureza excepcionales”, recuerda. Gracias al virtuosismo de los artesanos de Chopard, esta pieza se transformó en un conjunto de 23 diamantes, The Garden of Kalahari, (El Jardín del Kalahari), de los que cinco tienen una talla superior a los 20 quilates.

Pionera del desarrollo sostenible en el ámbito de la joyería, Caroline Scheufele animó a la mina de Karowe a unirse al creciente  número de proveedores de Chopard (ya sea de oro, piedras de color o diamantes) que se han comprometido con los criterios de validación independientes del Green Carpet Challenge, promovido por Eco-Age, que reflejan las mejores prácticas posibles en términos de justicia medioambiental y social. Caroline y los propietarios de la mina de Karowe accedieron a recibir la visita del equipo de Eco-Age, para que éste llevara a cabo un estudio independiente de todos los aspectos de sus actividades mineras. La mina de Karowe prosigue hoy su propio viaje hacia el desarrollo sostenible, esforzándose por cumplir las normas que se exigen para la obtención de la certificación RJC (Responsible Jewellery Council), que se logra mediante una auditoría.

El descubrimiento de un tesoro

Como el arte y el cine forman una parte muy importante de la identidad de Chopard (no en vano es la casa joyera encargada de realizar el premio del Festival Internacional de Cine de Cannes), cada una de las etapas de esta aventura ha sido filmada por Alexis Veller en un documental, con elementos de ficción, de 50 minutos. Esta gema fuera de lo común se encontró en el corazón del yacimiento de Karowe, en Botswana. Surgida de la roca volcánica de la kimberlita, del calor y de la profundidad de los tiempos, este diamante encarna la permanencia y la fuerza de los vínculos que unen al hombre con la tierra.

Su número total de quilates, 342, da fe del tamaño completamente extraordinario para una gema de carac- terísticas únicas: el diamante posee un color D, el más bello, y una pureza de grado F (Flawless). “La emoción y energía que emanan de esta piedra no tienen igual”, subraya Caroline Scheufele. Cuando la vio por primera vez, sintió un flechazo. Desde entonces ha supervisado personalmente cada una de las etapas de su recorrido, guiándolo, paso a paso, hacia su vestido de luz y dando así origen a las joyas más preciosas que nunca antes habían surgido de los talleres de Alta Joyería de Chopard.

“Se trata de una piedra totalmente excepcional, pero no queríamos tratarla como si fuera un simple trofeo. Queríamos ofrecerle un destino a su medida”, explica. Este diamante de 342 quilates ha encontrado su mejor expresión dentro de un conjunto extraordinario, formado por 23 diamantes: The Garden of Kalahari (El Jardín del Kalahari). Cada una de estas piedras, al igual que el diamante que les ha dado la vida, es de un color y una pureza absolutos. De estos 23 diamantes, cinco están por encima de los 20 quilates, y en ellos se encuentran representadas las principales tallas tradicionales: cojín, brillante, corazón, esmeralda y pera.

“Frente a este dimante en bruto, teníamos numerosas opciones. Yo quise desplegar todo el abanico de posibilidades y representar todas las tallas de los diamantes”, explica Caroline. Del estado bruto al aderezo, esta transfiguración de la materia se ha hecho posible gracias al virtuosismo técnico puesto al servicio de una creatividad sin límites.

Un jardín deslumbrante

Alrededor de estas cinco piedras, Caroline Scheufele ha construido una audaz red de nexos poéticos y metafóricos. Bajo su mirada, la radiante talla brillante de 50 quilates se convierte en un girasol; el corazón de 26 quilates, en un delicado pensamiento; y la pera, que es de 25 quilates, en una majestuosa or del plátano. En cuanto a la perfecta talla cojín de 20 quilates, ésta se encuentra mano a mano con la resplandeciente amapola, mientras que la esmeralda de 21 quilates languidece junto al nenúfar. Formas, resonancias y colores que se entrelazan en un paisaje maravilloso, un jardín extraordinario en el que la poesía, la luz y el resplandor son las únicas reglas del juego. Estos cinco diamantes son las piezas maestras de los 23 diamantes que forman The Garden of Kalahari, el conjunto formado por los diamantes que han surgido del diamante original.

La colección representa casi un año de trabajo: miles de horas, durante las que las miradas, el corazón y las manos de los artesanos joyeros y los engastadores se han volcado amorosamente sobre esta obra.

UN LEGADO LEGENDARIO

“Los talleres se han superado a sí mismos en cuanto se refiere a su labor en este proyecto tan excepcional, y además se han reforzado las sinergias entre los diferentes oficios”, cuenta Caroline Scheufele. Los talleres de Chopard reúnen 30 oficios bajo un mismo techo, que se van volcando sucesivamente sobre estas piezas de excepción; un patrimonio que la familia Scheufele cultiva cuidadosamente, volcándose en la transmisión del saber hacer de generación en generación. Joyeros escultores en cera, lapidarios, engastadores, pulidores… Desde las líneas hasta los volúmenes, desde el trabajo sobre el oro hasta la talla de las piedras preciosas, todos van más allá de los límites de lo posible y dan vida, mediante la conjugación de sus talentos, a las joyas más prestigiosas.

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