Primero fueron las actrices del star system de Hollywood, después las supermodelos, más tarde las que llamamos celebridades, luego los blogueros(as) y hoy todos somos, en alguna medida, prescriptores e influenciadores, ¿o no?

 

Marilyn Monroe hizo del perfume Chanel N° 5 un mito aportándole toda su sensualidad y atractivo. Grace Kelly, incluso, dio su nombre a un mítico bolso sólo al llevarlo colgado de su brazo. Cindy Crawford, Naomi Campbell, Linda Evangelista y Christie Turlington o las inventoras del término top model fueron las referencias de estilo en los ochenta. Elle McPherson aprovechó el tirón y lanzó una línea de lencería con su nombre. Kate Moss y su ya consagrada sucesora, Cara Delevingne, siguen transformando en mito lo que se ponen.

Actrices, modelos o “royals” han sido durante años las prescriptoras más claras. Todas con un oficio y una carrera profesional que no es la moda. Ellas, junto con los medios de comunicación especializados, las revistas en las que confiamos, los editores de los que nos fiamos, eran las voces autorizadas.

Desde hace unos años son “it girls” en diferentes continentes como la estadounidense Olivia Palermo o la rusa Miroslava Duma las que nos dicen cómo combinar lo que nos ponemos. No son modelos ni actrices, son prescriptoras independientes que han hecho de como se visten cada día una forma de vida.

Scott Schumann o Tommy Ton, fotógrafos y los primeros blogueros han dado testimonio, con sus cámaras, de éstas y de muchas otras mujeres y hombres que se expresan cada día a través de su ropa. Y difundiendo estas imágenes han contribuido a hacer de cualquier paseante un posible referente para los demás.

Como siempre, los prescriptores internacionales conviven con los locales. En México y Latinoamérica, Mariana Bonilla, Andy Torres o Gabriel Ibarzábal, entre muchos. En España, Gala González, Paula Ordovás o Berta Bernad representan estilos y formas de vida diferentes.

Hoy, gracias a las redes sociales, casi cualquiera puede ganarse la influencia. Instagram ha canalizado este interés por compartir las imágenes de como vamos vestidos, como van otros y, sobre todo, como van aquellos que admiramos, aquellos que seguimos… ¡Nunca el “una imagen vale más que mil palabras” había tenido un significado tan literal! Las expectativas de resultados son que los anuncios en Instagram alcanzarán la cifra de 2 billones superando a Google y a Twitter en 2017.

Antes teníamos claro que las revistas hacían recomendaciones y se financiaban con la publicidad de las marcas. Para ello contaban con editores y comerciales, y entre ellos se levantaba una gran muralla china. Hoy, en este nuevo escenario, todo es más confuso. No sabemos si los blogueros(as) o las “it girls” defienden y llevan productos porque les gustan, o porque les interesa la marca o simplemente porque les pagan por ello.

Esta ambivalencia forma parte de los aprendizajes de ser lo que me confesaba una bloguera renombrada hace unos días. ¿Prefieren las marcas y los clientes la claridad o les deja tan incómodos, como a mí, este nuevo escenario indefinido? ¿Será porque somos de otra generación?

 

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