En menos de dos décadas, The Rug Company ha revolucionado la industria de las alfombras de lujo gracias a su apuesta por el diseño de autor y la mejor calidad. El resultado son piezas que pueden superar los 15,000 dólares, pero cuyo precio es justo, ético y responsable. Christopher Sharp, CEO de la marca, considera que México es uno de sus mercados más importantes.

Durante siglos, los  alquimistas se entregaron a la búsqueda de un elemento legendario, la piedra filosofal, capaz de convertir un metal común, como el plomo, en uno precioso, como el oro o la plata. Hoy día, los interioristas hacen algo parecido con las alfombras de The Rug Company, piezas únicas tejidas a mano capaces de transformar una habitación.

Los precios de uno de estos tapetes puede llegar a superar los 15,000 dólares, pero Christopher Sharp, ceo y fundador de la marca en 1997 junto a su esposa, Suzanne, lo tiene claro: “Algo que cuesta 1 millón de libras puede tener un valor correcto y algo que cuesta una libra puede parecerte caro.

Tienes que hacerle ver a la gente que viene a la tienda que una alfombra de ese precio llevó dos meses de trabajo a un equipo de 20 personas, y que la producción se ha hecho con la mejor lana del mundo, ha sido diseñada por un creador extraordinario y se ha realizado siguiendo una tradición de 200 años. Si sabes comunicar eso, la gente entiende que no cuesta 15,000 dólares por capricho, sino por todo lo que hay detrás. Se trata de vender valor por dinero; esa es una de las cosas en las que más nos enfocamos”.

Cuando hace 19 años se decidió a dejar su trabajo en la producción cinematográfica, tras haber vivido en Oriente Medio e Italia, ni Christopher ni su mujer, quienes se definen a sí mismos como “globetrotters” o, lo que es lo mismo, “nómadas globales”, podían imaginar que aquella tienda que abrieron en Londres se convertiría en un emporio de lujo, presente en 12 países, entre ellos México.

En aquel entonces, la industria de las alfombras, tal y como recuerda Christopher, “se encontraba en una espiral de decadencia, reproduciendo copias de alfombras de los siglos XVII y XIX, pero ofreciendo muy poco a las generaciones futuras”. Ese panorama cambió radicalmente con su política de colaboraciones con diseñadores tan famosos como Paul Smith, Vivienne Westwood, Alexander McQueen, Tom Dixon, Diane von Furstenberg, Matthew Williamson o Marni. Pero, al y como él mismo explica, no se trató de una decisión de marketing sino que fue algo natural, casi orgánico.

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“Siempre tuvimos muy claro con quién queríamos colaborar: con diseñadores de moda o de producto que entendiese a la perfección las formas, los colores, los estampados… La clave no está en coleccionar nombres: coleccionas diseños,
no diseñadores. Cuando la gente viene a la tienda no dice ‘estoy buscando una alfombra de Tom Dixon o de Vivienne Westwood’. Vienen, ven lo que les gusta y escogen entre lo que hay”, asegura.

El otro pilar en el que decidieron diferenciarse es el de la calidad. “La calidad hace la marca”, reflexiona Christopher. “Cuando
comenzamos había grandes amantes de las alfombras chinas e indias, pero se trataba de trabajos excepcionales hechos en ocasiones en condiciones nada excepcionales; eran objetos de colección muy deseables, pero no de lujo tal y como lo entendemos hoy”. El lujo, para el matrimonio Sharp, pasa por una condición sine qua non: la justicia. “Queremos que la gente
sepa que nuestros precios son justos no sólo desde un punto de vista social, sino ético. La ética es un buen negocio: si tratas bien a la gente, es mucho mejor en términos de productividad y de estabilidad”.

 

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The Rug Company emplea a una comunidad de artesanos de Nepal que trabaja con la mejor lana, recolectada en las montañas del Himalaya. Cada pieza se anuda a mano y recorre un camino que va desde sus talleres a los showrooms que a lo largo de estas casi dos décadas ha abierto a lo largo de todo el globo. Actualmente, 1,162 personas, desde hilanderos y tejedores, hasta diseñadores e interioristas, colaboran con la marca. El resultado son piezas excepcionales hechas “con el mejor diseño, la mejor manufactura y la mejor calidad”, afirma el CEO de la marca. “Esa es la garantía del éxito de nuestra empresa”.

Para Sharp, el principal cambio que se ha producido en el mercado del interiorismo de lujo ha sido en términos de filosofía. “La gente ya no tiene esa concepción de que hay que decorar para las futuras generaciones, hoy se compra por impulso más que por necesidad o de cara al futuro. Creo que esa otra de las razones por las que somos tan exitosos. Eso no quiere decir que diseñemos piezas sólo para este año, diseñamos clásicos, pero con el espíritu de nuestro tiempo”.

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Visión global

The Rug Company surgió como una pasión. Así fue creciendo y expandiéndose por 12 países, aunque no se trató tanto de una
estrategia de internacionalización consciente como de un impulso. “No hubo un plan determinado, sino algo que surgió de manera natural. Una de las diferencias que caracteriza a nuestro producto es que la gente puede verlo en sus hogares e interactuar con él. Esta es la fórmula que, por ejemplo, funciona en México: puedes probar distintos modelos en tu casa y, si lo quieres más grande, se puede adaptar. No queríamos que la gente accediese a nuestro producto sólo a través de la red”. Por el momento, no se plantea expandirse en más países, sino consolidarse en los mercados en los que actualmente están ya  presentes: Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Rusia, Dubái, México…

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