El mundo de los negocios suele compararse con un tablero de ajedrez en el que se plantean estrategias para ganar la partida. El ajedrez es un juego entre dos personas que simula una guerra. Es muy frecuente ver como se libran luchas sin cuartel entre dos competidores para ganar ventaja sobre el adversario. Esto es el día a día de las empresas que están peleando por participación de mercado. El problema es que estos pleitos se dan dentro de una misma organización. Nos olvidamos de que la guerra está fuera y no dentro. Pero, solemos ser muy territoriales y nos gusta marcar límites, atraer el reflector hacia nuestros resultados, queremos llevar la voz cantante y este tipo de actitudes pueden lastimar mucho a empresas, planes de emprendimiento o proyectos de desarrollo empresarial.

Nos gustaría que la integración de equipos de trabajo fuera armoniosa y que todos estuviéramos de acuerdo en todo tiempo y lugar sobre las formas en las que se va a implementar un plan estratégico. Pero, más allá del plan de negocios, de la misión, visión, valores y políticas; más allá de metas objetivos y estrategias estamos los individuos con nuestras características, nuestras filias y fobias, nuestras aspiraciones y ganas de brillar. Las guerras de territorio son comunes y, generalmente, tienen como origen la ambigüedad de la situación. Crecen porque nadie quiere meter las manos para solucionarlas ya que no hay forma de dar un planteamiento en el que todos salgan contentos. Sin embargo, tomar al toro por los cuernos, enfrentar el reto en forma profesional es el mejor camino para remediarlas.

Imagina que estás trabajando en un proyecto que es fundamental para tu empresa en el que hay varias áreas involucradas. Dada tu posición, has asumido que estás a cargo, pero parece que tu homólogo de otra área piensa exactamente lo mismo que tú. Y, claro que, queriéndolo o sin querer, estás en medio de una guerra de territorio. El conflicto nace en torno al dilema de quién tiene autoridad ya que ambas partes están interesadas en detentarla y en llevar a cabo el proyecto en forma exitosa.   ¿Cómo manejar profesionalmente la situación con el jefe, el homólogo, las demás partes relacionadas sin que esto parezca una vulgar lucha de poder? ¿Cómo lograr un acuerdo conveniente y duradero que asegure la participación de todos los involucrados?

Las guerras territoriales en las organizaciones se encausan de dos formas básicas: la gente termina haciendo lo que su grupo ya está haciendo o se genera una toma de poder intencional. De cualquier manera, estas situaciones pueden llegar a ser sumamente tóxicas, advierte Jeanne M. Brett, de Northwestern University’s Kellogg School of Management, porque involucran egos, emociones y el sentido de identidad de la gente. Si estás molesto porque tu colega quiere ser el líder en el momento de la toma de decisiones, es muy probable que, a su vez, él sienta lo mismo por ti. El reto está en convierte a tus contrarios en tus aliados. No se trata de otra cosa más que de una cuestión práctica: quitarle algo a alguien se experimenta como mucho más dañino que ponerle una carga adicional. Es más fácil que una persona acepte más carga que ceder parte de su área de influencia ─o de lo que cree que es su territorio─.

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El problema nace porque estamos acostumbrados a ver el mundo de los negocios como una especie de guerra, como un tablero en el que tenemos que ganarle al contrincante y darle jaque al rey. Pero eso no es necesariamente así, no hay porque empezar, o continuar la batalla. Para navegar la situación cuidadosamente, podemos seguir estos principios.

  • Aparte el enojo. Aunque puedes sentirte frustrado, amenazado, incluso enojado por la situación, la ira no es buena consejera y el enojo no siempre funciona. Es mejor abordar el tema con una actitud de innovación: ¿Cómo lograr que todos se queden con algo satisfactorio? No se trata de ganadores y vencedores. Hay que ser capaces de expandir el pastel para que a todos les toque una rebanada.
  • Enfocarse en el objetivo más grande. Incluso si se está compitiendo por la misma posición de liderazgo o proyecto, no hay que ser enemigos mortales. En lugar de centrarse en una dinámica negativa hay que focalizar y concentrarse en el objetivo común. Centrarse en el objetivo superior mantendrá una actitud fuera de golpes personales.
  • Haga su investigación. Es posible que uno sea en realidad quien está a cargo y la otra persona no lo sabe. Antes de llevar a su colega a la tarea de pisar los pies, es conveniente hacer un poco de investigación. Pedir al jefe que aclare la situación. La falta de claridad o incluso el malentendido es a menudo la raíz de estos conflictos.
  • Resolver problemas con su contraparte. Sucede que la investigación del punto anterior no presenta una respuesta definitiva ─o no está contenta con ella─ entonces, lo mejor es programar un tiempo para reunirse con la contraparte y discutir cómo desenredar los roles y responsabilidades.
  • Si lo anterior no funciona, lo mejor es que ambas partes lo planteen directamente al nivel jerárquico superior que dé una respuesta contundente y que salve las diferencias.

El problema es que estos pleitos que se dan dentro de una misma organización pueden escalar a niveles que pueden dañar el proyecto y nuestro prestigio profesional. Nos olvidamos de que la guerra está fuera y no dentro. Pero, como solemos ser territoriales y nos gusta marcar límites, queremos llevar la voz cantante para demostrar que tenemos la razón o mejores credenciales. Tal vez, con un poco de objetividad, podremos darnos cuenta de cuál es el papel que conviene más que desempeñemos. Más allá que ser guerreros, lo que se necesita es ser integradores. Por supuesto, el rol que debemos adoptar tiene que apegarse al quehacer profesional. Así, todos resultarán ganadores.

 

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