El segundo debate presidencial en la elección de 2018 en México, marcó el inicio de la última etapa de competencia donde se definirán los polos que resultarán más relevantes el día de la votación. En la práctica, se están desarrollando las condiciones de una segunda vuelta donde se ubican posiciones polarizadas, a partir de las cuales se podrá definir a un ganador, bajo esa lógica se construirá parte de la competencia de esta fase de la elección.

Por la forma en que evolucionó el sistema de partidos, en la mayor parte de las entidades del país, se formaron esquemas de competencia polarizados, donde usualmente el PRI era el referente principal y se construían opciones, ya sea como alianzas, candidatos o partidos en particular, sobre los que se desarrollaba la competencia por las gubernaturas o ayuntamientos, lo que definía las formas de la confrontación electoral. En otras entidades, las condiciones de hegemonía o de fragmentación en tres o más opciones, evitaban esta polarización, pero eran mínimas con respecto a lo que ocurría en el resto del país.

En esta elección, la figura dominante de Andrés Manuel López Obrador, ha definido las distintas etapas de la contienda, tanto al interior de las principales alianzas como en la confrontación contra él, ya desde el inicio de las campañas. Sin embargo, las condiciones que se han generado en torno a la elección, como diversos escándalos de corrupción, ineficiencia gubernamental, estancamiento de las decisiones legislativas, etc., han funcionado en favor de esa figura dominante, al grado de que se ha registrado un éxodo de todas las fuerzas políticas, hacia la base de la alianza que está detrás del candidato de Morena.

Los dos debates iniciales, así como la salida de Margarita Zavala, han sido hechos que han contribuido a la construcción del segundo polo, al que muchos de los indecisos esperan, para ver su viabilidad y el sentido que darán a su voto, con base en las condiciones racionales o estratégicas que le den contenido. Es por ello que los debates eran relevantes para López Obrador, Anaya y Meade, pero los resultados son distintos para ellos.

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En el caso de López Obrador, no entendió como parte de su estrategia, que los indecisos son relevantes, porque más allá de los puntos que lleve de ventaja, 5, 10 ó 25 como él mismo lo dijo, que es exagerado, serán quienes definan la contienda, pues a diferencia de los que ya se alinearon por alguien, esperan la forma en que puedan argumentar su decisión, y en ese sentido es probable que el candidato de Morena no les haya dado los argumentos suficientes para que la decisión sea por él.

En el caso de Anaya y Meade, la pugna por ver quien encabeza el siguiente espacio de referencia, les obligaba a distanciarse de los referentes actuales. El primero lo hizo de manera rápida, pero para el segundo ha sido mucho más complicado hacerlo, lo que le ha restado viabilidad y competitividad como segunda opción, por lo que es más probable que quede rezagado en esta última parte de la contienda.

El último debate entonces, es fundamental para López Obrador y para Anaya, debido a que puede ser el referente sobre el que se consoliden los polos que guían a la elección, particularmente con respecto a los indecisos que, es posible, superen la expectativa real que las encuestas muestran.

 

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