México inicia el 2017 con grandes retos por delante y con un fuerte debate luego de la decisión del Gobierno de la República de dejar de subsidiar el precio de la gasolina y preparar el terreno para la competencia que se avecina en ese sector.

El presidente Enrique Peña Nieto ha dado argumentos sólidos sobre el por qué esta medida es fundamental para mantener la estabilidad de la economía nacional y seguir beneficiando a nuestra población a través de programas sociales.

Por ejemplo, mantener artificialmente los precios de los combustibles nos habría costado a todos más de 200,000 millones de pesos, lo que equivale a paralizar por cuatro meses todos los servicios del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Pero hay otro argumento que no debemos olvidar: 60 millones de mexicanos, los de menores ingresos, consumen solamente el 15% de la gasolina. En cambio, 12 millones -el 10% de la población con mayores ingresos- consume el 40% del combustible.

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Dicho de otra forma: casi la mitad de los mexicanos, los que menos tienen, subsidian al sector con mayor poder adquisitivo. Esto representa una total injusticia que el presidente Peña Nieto se propuso corregir.

Ahora bien. Las coyunturas aceleran los procesos y las actuales circunstancias nos ofrecen la oportunidad perfecta para que México ponga en marcha una estrategia de movilidad urbana sostenible, la cual reduzca el uso intensivo del automóvil e incentive un transporte público más eficiente, o alternativas de transporte no motorizado.

Desde el primer día de trabajo, la administración del presidente Peña Nieto ha impulsado la Nueva Agenda Urbana la cual tiene, entre sus principales pilares, mejorar los sistemas de movilidad de todas nuestras ciudades, en las cuales habitan el 80% de los mexicanos.

Durante los últimos 20 años, nuestro país ha vivido una tendencia alarmante a favorecer el uso de los automóviles, haciendo de lado las soluciones de transporte público. Este modelo ya es insostenible.

Existen grandes ciudades como Nueva York, París, Madrid o Barcelona, donde los habitantes simplemente no compran vehículos por los costos aparejados a los mismos -como las gasolinas, cuyos precios fluctúan libremente de acuerdo a las cotizaciones internacionales del crudo- y porque el transporte público y la infraestructura de movilidad no motorizada son de altísima calidad.

Ese es el modelo al que debemos aspirar.

Producto del desorden en el que se encuentran nuestras ciudades, el número de automóviles ha superado por mucho a la infraestructura disponible. Esto genera, entre otras cosas, grandes congestionamientos viales, estrés, pérdida de productividad, contaminación e incluso desintegración familiar.

Todos nos quejamos constantemente de la calidad del aire -antes solamente en la Ciudad de México, pero ahora es un fenómeno que se repite en muchas de nuestras ciudades- pero no hacemos un esfuerzo por usar el transporte público.

Peor aún, tenemos un falso concepto de la prosperidad y del nivel socioeconómico basado en la calidad, modelo o antigüedad del vehículo que conducimos.

Por el contrario, como parte de la Nueva Agenda Urbana hemos desarrollado la Red de Ciudades Sustentables, en las cuales se fomenta decididamente el transporte público sustentable y el uso de la bicicleta.

Ya tenemos algunos casos de éxito. A nivel nacional, solo el 4% de la inversión pública se destina al transporte no motorizado. Sin embargo, existen municipios como Zapopan, Jalisco, donde se ha revertido esta tendencia y hoy se invierte el 70% de los recursos en este tipo de alternativas.

Adicionalmente, el propio presidente Peña Nieto acaba de anunciar, como parte del Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar, el compromiso de su administración por modernizar el transporte público y facilitar la movilidad urbana.

En este importante acuerdo firmado en Los Pinos, el mandatario se comprometió a llevar de cinco a 50 ciudades el Programa Federal de Apoyo al Transporte Masivo. Ahí está nuestra principal opción de movilidad urbana.

Además, señaló que se promoverá la reconversión de las unidades de transporte público hacia combustibles más eficientes y económicos.

Muchos pensarán, con justa razón, que el buen juez por su casa empieza. Déjenme decirles que, desde hace varios meses, pusimos en marcha la iniciativa #SedatuSinAuto gracias a la cual todos los trabajadores de la Secretaría se movilizan en transporte público el día 22 de cada mes. Es un pequeño paso, pero estamos demostrando que es posible cambiar las cosas.

 

Contacto:

Twitter: @Rosario_Robles_

Facebook: rosarioroblesberlanga

Página web: gob.mx/sedatu

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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