Tu mente es una computadora perfecta tan rápida que no tiene un “enter” en la acción de pensar. Por ello siempre busca contestar de manera inmediata cualquier indicación que se le dé; los filtros vienen una vez que la información se introyectó (está adentro). Esto ha sucedido desde que eras niño y tiene dos lados de la moneda: capacitarte, entrenarte y acondicionar tu mente constantemente. Reconocerlo te traería un gran poder.

¿Pero cómo funciona esto? Quiero que hagas lo siguiente:

Cierra los ojos y no pienses en un elefante rosa, quiero que cierres los ojos y no pienses en un elefante rosa, quiero que no pienses en un elefante rosa.

¿Qué sucede? Invariablemente piensas en un elefante rosa, ¿cierto? Hazlo con quien quieras y el resultado es el mismo: las personas siempre pensarán en el elefante rosa por tres sencillas razones:

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  1. La palabra no es bloqueada a nivel mental como principio de instrucción.
  2. El peso de lo que la imagen representa, la interconexión entre significado y significante es prácticamente imposible de detener.
  3. Tu mente sólo registra las intenciones “sí”; por lo tanto las busca, y no le importa que pueda ser o no algo negativo para ti.

Estas son leyes del acondicionamiento mental, que determinan la forma en la que tu mente ha funcionado desde que se desarrolló. La inteligencia juega con lo que tiene, sea bueno o malo para ti, y esto sólo se puede reconocer una vez que la misma inteligencia madura, pero las creencias, buenas o malas, ya están ahí. De ahí que existan personas que hayan determinado un mayor enfoque ganador o perdedor en el crecimiento de sus hijos.

Imagínate que buscáramos a toda costa vencer de forma diferente el ejercicio. Pensemos que “no queremos pensar en el elefante rosa”, porque digamos que esta frase fuera mala para nosotros, una “mala enseñanza”, y que nos generará debilidad a nivel mental.

Lo más que podrías hacer para intentar no pensar en el elefante rosa sería poner otros pensamientos en tu cabeza o alzar la voz o taparte los oídos como niño chiquito para que la instrucción no entrara en tu cabeza.

Así funciona el pensamiento, en automático.

Ahora pensemos en cómo esto puede generar el enfoque de poder en tu vida:

Quiero que pienses en: ¿cómo tu negocio te genera problemas con tu familia?, ¿cómo tu negocio te genera problemas con tu familia?, ¿cómo tu negocio te genera problemas con tu familia?

¿Qué sucedió? Comenzaste a responderte una o varias cosas, ¿cierto? Simple y sencillamente porque la indicación de pregunta debe ser contestada en la acción de pensar.

Ahora haz lo contrario: ¿cómo tu vida está llena de bendiciones gracias a tu negocio?, ¿cómo tu vida está llena de bendiciones gracias a tu negocio?, ¿cómo tu vida está llena de bendiciones gracias a tu negocio?

¿Qué sucedió? La misma pregunta determinó tu enfoque, y comenzaste a hacer mentalmente una lista de cosas que contestara las preguntas. Si verdaderamente hiciste el ejercicio, te darás cuenta del poder que de esto resulta a nivel mental, y de la facultad de encontrar lo que quieres y lo que no en tu vida.

Hacerte la pregunta exacta podría generar la diferencia en tu vida y tu negocio, ¿estás de acuerdo? Por eso Einstein alguna vez dijo:

Si yo tuviera una hora para resolver un problema del cual dependiera mi vida, utilizaría por lo menos 55 minutos para pensar en la pregunta, pues ya teniéndola me llevaría menos de cinco minutos resolver el problema.

 

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