En tres millones de las casi 30 millones de perso­nas que tienen un tatua­je está el nombre de su ex pareja, por lo que buscarán la manera de quitarlo, explica Isela Méndez, propietaria de la clínica de belleza que lleva su nombre.

Hace un par de meses, esta em­presa importó de Estados Unidos una tecnología llamada PicoWay, que consiste en un láser de picose­gundos (un picosegundo es la billo­nésima parte de un segundo) que fragmenta el pigmento del tatuaje o incluso las manchas provocadas por el sol.

Estos fragmentos diminutos per­miten que el pigmento llegue hasta las células, las cuales posteriormente lo absorben.

Que se pueda eliminar del todo un tatuaje dependerá de varios factores: de su tamaño, del número de colores y en general de qué tan profesional fue su aplicación.

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“Este láser es muy efectivo, requiere de menor cantidad de sesiones. En promedio se realiza una sesión cada seis semanas. Y en lugar de hacer seis o siete sesiones, si el tatua­je es amateur puede quitarse hasta en una sesión”, asegura Méndez.

La mayor cantidad de personas que quiere elimi­nar un tatuaje son hombres, porque lo tienen en lugares muy visibles. “Cuando quieren entrar a trabajar a algún lugar como al Ejército o a la policía es cuando buscan quitarse el tatuaje. Es por razones labora­les, o porque ya no les gusta o porque está pasado de moda. En algunos casos es porque los hijos se quieren tatuar y ellos no quieren dar un mal ejem­plo”, explica.

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La imagen pública

Por otro lado, un número importante de empresarios y políticos acude a Isela Méndez para cuidar su imagen y lograr las tan buscadas belleza y ju­ventud. “La apariencia es muy importante. Muchos de ellos se preocupan por su imagen porque la belleza se relaciona con bondad, no con aspectos negativos.”

La imagen es algo que no es racional. Todos queremos ser más bellos y jóvenes, comenta Méndez, quien es médico militar.

Entre los servicios más solicita­dos para lograr estos objetivos están el lifting no invasivo, el botox y los rellenos. En general estos pro­cedimientos no requieren ciru­gía ni tiempo de recuperación.

El injerto de cabello es un procedimiento que ha evolucio­nado y hoy supone menor costo, no cicatrices lineales y es per­manente. La técnica, utilizada por Méndez, es la Extracción de Unidades Foliculares (FUE, por sus siglas en inglés) sin necesi­dad de bisturí. “Pueden hacerse de 1,000 a 3,000 (implantes). Se ponen en una solución especial fría, se meten entre el pelo y se clavan”, explica.

El pelo donador se extrae de la región de la nuca y el hueso occipital. El pelo de esta zona nunca se cae porque tiene otra información genética. El de la parte superior de la cabeza, la coronilla, tiene receptores an­drógenos y la caída de pelo está relacionada con las hormonas.

El injerto de barba y bigote es otro de los procedimientos más comunes y es muy similar a cómo se realiza el injerto de pelo en la cabeza.

“Para injerto de pelo 90% de los clientes son hombres y para rejuvenecimiento 50% son mujeres y 50% hombres”, dice Isela.

La clínica Isela Méndez tiene dos sucursales extra en donde trata enfermedades relacionadas con la piel, como vitiligo, psoriasis, dermatitis atópica, micosis fungoide y esclerodermia.

 

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