“Sé que no siempre voy a quedar bien, pero vamos a hacer todo lo que sea necesario para salvar la economía”, fueron las palabras del presidente George W. Bush a Hank Paulson, su secretario del Tesoro, en el verano de 2008. Fue en ese momento, y ante la evidente insolvencia de Fannie Mae y Freddie Mac (las principales hipotecarias del país), que el gobierno de Estados Unidos tomaría el control de ambas e inyectaría 100,000 millones de dólares (mdd) a cada una, lo que resultó en la intervención más agresiva que se recuerde desde la Gran Depresión. En los siguientes días, la crisis crecería y éste sería sólo el principio del infierno en los mercados financieros de todo el mundo, el cual llegaría a su máximo nivel de estrés con la quiebra de Lehman Brothers.

A más de una década de estos eventos, es importante recordar y documentar los errores y aciertos de esa época, así como los factores que podrían ayudar a prevenir otra crisis de esas características. Éste es el espíritu que inspira el magnífico libro Firefighting, escrito por Ben Bernanke, Hank Paulson y Timothy Geithner.

Envueltos en un ambiente de presión extraordinaria y grandes divisiones políticas (generadas por la cercanía de las elecciones presidenciales), los tres principales responsables de contener la crisis supieron utilizar las pocas herramientas a su disposición con extraordinaria creatividad, experiencia y sentido de responsabilidad para salvar al mundo de consecuencias sólo comparables con la Gran Depresión de 1929.

Los autores sostienen que, aunque en el imaginario estadounidense y global la crisis empezó con el colapso de Lehman Brothers, el fuego, en realidad, se estuvo propagando desde un año antes de la caída de este banco de inversión. Y es que el verdadero infierno financiero que se vivió a partir de este evento, según los autores, “eclipsó todo lo ocurrido hasta el momento y se elevó como el factor determinante de lo que siguió”.

Para ellos, Lehman fue más un síntoma que la causa de la fragilidad del sistema; por ejemplo, hubo empresas mucho más grandes y relevantes que también estuvieron al borde del abismo en ese periodo. Sin embargo, Lehman sintetiza todos los factores que provocaron la crisis, ya que era una entidad “no bancaria” con regulación laxa, sobreapalancada, interconectada al sistema financiero, con sobreexposición inmobiliaria y dependiente del financiamiento de corto plazo, mismo que los mercados eventualmente le dejarían de proveer.

En el libro documentan que, en el caso de Lehman, la alternativa del rescate ni siquiera estuvo sobre la mesa; es decir, el colapso descontrolado de una institución sistémicamente importante era inminente. Esto, debido a que no contaban con las herramientas necesarias para el rescate: la ausencia de un comprador dispuesto a respaldar las obligaciones, como lo fue JP Morgan para Bear Stearns; el hecho de que no existía ninguna autorización del Congreso para que el gobierno las respaldara, como con Fannie y Freddie; y que Lehman no tuviera el colateral creíble para que la Fed la pudiera mantener a flote, como lo fue su negocio de seguros para AIG.

Así fue como los autores se dieron cuenta de que contaban con algunas cubetas de agua para combatir lo que se había convertido en un infierno de dimensiones colosales. Fue hasta ese momento cuando, después de complicadísimas negociaciones, el Congreso decidió asignarle a la Fed y al Tesoro la autoridad suficiente para intervenir en la crisis, con poderes que nunca se habían otorgado.

Es imposible resumir en este espacio los relevantes y delicados momentos que se describen en este interesante libro. El sistema financiero estuvo cerca de colapsar y, de haber ocurrido, las consecuencias hubieran sido devastadoras para todo el mundo.

El verano es un extraordinario momento para leer, para conocer de aquellos temas que nos permitan construir un mejor criterio. Conocer la historia siempre será útil, y el libro Firefighting cumple con su objetivo.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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