Por Frederic Emam-Zadé Gerardino

Para esta fecha, ya muchos hemos leído sobre los cambios políticos que posiblemente ocurrirán con motivo de las elecciones presidenciales en 12 de los 18 países de Latinoamérica en los próximos dos años: seis en este 2018 (Costa Rica, Paraguay, Colombia, México, Brasil y Venezuela) y seis en 2019 (Bolivia, Argentina, Uruguay, El Salvador, Panamá y Guatemala).

No me voy a aventurar a predecir el futuro con una bola de cristal, ni caracoles, cartas u horóscopos de los candidatos o de sus países. Vamos a analizar al electorado, que será el verdadero y soberano protagonista de la historia que se va a escribir en los próximos dos años.

Tampoco voy a clasificar al electorado en clases sociales ni económicas: clase alta, media o baja, porque eso es una falta de respeto a cada ser humano como individuo y tan sólo una abstracción que inventaron algunos pensadores en los últimos dos siglos para simplificar sus estudios sobre los grupos de personas, como lo hizo Darwin con los animales, las plantas y demás formas de vida. Somos seres humanos individuales, cada uno diferente del otro.

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La mayoría de los individuos que irán a las urnas en estos dos años serán los votantes más y mejor informados, comunicados y empoderados que jamás hayan tenido hasta la fecha cada uno de sus países; y votarán, desafortunadamente (y en la mayoría de los casos), por candidatos de partidos políticos desacreditados, en quienes muchos de esos votantes ya no creen, aunque otros los siguen ciegos e histéricos, como fanáticos del deporte o de los espectáculos. Pero ésas son nuestras democracias y cada individuo tiene igual derecho a su voto que cualquier otro, sin importar sus diferencias individuales.

Menos mal que la Cuarta Revolución Industrial está cada día penetrando más profunda y ampliamente en nuestros países y poniendo en las manos de un mayor número de personas el acceso a más información de la que disponía Clinton cuando fue presidente de Estados Unidos; ello, aunado a múltiples medios tecnológicos para comunicarse con otros individuos o grupos con intereses en común.

Cada día hay menos tontos útiles en el electorado, y a los políticos cada día se les hace más difícil engañar a los individuos. Todo ese acceso a la información y nuevos medios de comunicación digitales está empoderando al votante y, en consecuencia, desempoderando a los políticos y sus partidos. Esta tendencia continuará creciendo exponencialmente, como las tecnologías que están facilitando este fenómeno. El futuro está llegándonos y redistribuyendo, con el poder tecnológico, al poder social y económico y, en consecuencia, al poder político a favor del pueblo; pero eso no es populismo.

Muchos políticos e intelectuales de nuestros países están tratando de etiquetar esta rebelión contra las élites políticas como un movimiento populista, pero ellos son los verdaderos populistas. De lo que se trata es del despertar de cada uno de los cientos de millones de latinoamericanos y de darse cuenta de cómo el socialismo del siglo XXI y otras ideologías del siglo XX y del siglo XIX ya no les sirven para progresar; se trata del descubrimiento de que, para salir de la pobreza, hay que crear riqueza, y que los políticos no saben de eso.

Por esas razones, es muy posible que elijamos, en estos dos años, a más presidentes que hayan sido exitosos creando riqueza con sus empresas o a aquellos políticos que defiendan las libertades económicas de los individuos y sus micro, pequeñas, medianas y grandes empresas, y que le propongan a sus electores una nación con más ricos y menos pobres; todo eso, a través de mejoras sustanciales en sus climas de negocios, aboliciones y reducciones de impuestos, así como la eliminación de sus burocracias parasitarias, con sus regulaciones obsoletas e innecesarias, y de muchos organismos del gobierno que ya no sirven al interés nacional.

Los candidatos que mejor interpreten al electorado y fluyan con la gran disrupción política volarán más alto con los nuevos vientos.

*Principal economista de la Fundación Global Democracia y Desarrollo.

 

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Twitter: @fredemamzade

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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