*Por: Eugenio Gómez Alatorre

Las mujeres han sido excluidas de la vida pública por prácticamente toda la historia de la humanidad. La organización social ha asignado roles diferenciados a mujeres y hombres. Esto pudo tener un claro sentido cuando, por ejemplo, la fuerza física representaba una ventaja en actividades como la caza. Pero la realidad económica ha cambiado más rápido que nuestros paradigmas.

Muchas mujeres talentosas con mucho que aportar a la sociedad se han visto limitadas por la imposición externa de un rol que no corresponde a su vocación y sus capacidades. ¿Cuántas aportaciones a la ciencia y a la tecnología nos hemos perdido?, ¿cuánto talento en las empresas, organizaciones sociales y nuevos emprendimientos hemos desperdiciado?, ¿cuánto desarrollo se ha perdido?, ¿cuántas vidas insatisfechas y cuántas vocaciones truncadas hemos dejado en el camino?

De acuerdo con un estudio del McKinsey Global Institute, si se cerrara la brecha laboral de género para el 2025, se podría impulsar el PIB anual en un 26 por ciento, lo que equivale a 2.2 puntos porcentuales de crecimiento mundial incremental por año.

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A las mujeres se les ha negado la libertad de elección, la posibilidad de seguir su vocación. Paradójicamente, al tiempo que se abren espacios para el éxito de las mujeres en diversos ámbitos de su vida profesional, aparecen nuevas imposiciones de roles y nuevas críticas a las decisiones de mujeres y hombres.

Hoy, mujeres y hombres se plantean nuevas metas a nivel profesional y personal. Sus intereses han cambiado y me parece que, una vez más, la realidad económica está cambiando más rápido que nuestros paradigmas. En un estudio del CIMAD hemos descubierto que el 25% de quienes forman parte de las empresas no buscan ser el director general u ocupar una posición de alta dirección en las organizaciones.

También encontramos que el 9% de las mujeres y el 18% de los hombres en estas empresas quisieran dedicarse por completo a sus familias. Esto es un nuevo cambio de paradigma que muestra que para algunos el éxito profesional es llegar a posiciones de alta dirección, pero también que hay quien busca otras metas en su vida.

Actualmente, hay quien no perdona que una mujer no busque incansablemente un lugar en el C-suite de las empresas o, peor, que abandonen su carrera profesional para buscar otros objetivos. ¡Cuidado!, podríamos estar imponiendo nuevos roles a las mujeres.

Este tema es delicado porque es difícil distinguir una decisión libre de una decisión influida por alguno de los obstáculos tradicionales que han enfrentado las mujeres en su camino a la alta dirección.

El éxito tiene muchas caras y un primer paso en el camino al éxito está en definir qué es lo que significa para ti. El éxito en la vida de una mujer puede identificarse con llegar a la alta dirección o al consejo de administración de una importante empresa. Esto tiene mucho valor: los desafíos impuestos por la nueva economía de la información exigen de las empresas contar con el mejor talento disponible. Sólo así lograrán generar valor agregado para la sociedad.

Para otras mujeres, el éxito será contar con un trabajo que les permita dedicar tiempo a otras actividades: emprendimientos sociales, deportes, hobbies, proyectos personales, familia. También hay muchas mujeres … y cada vez más hombres que deciden abandonar su carrera profesional para dedicarse principalmente a sus familias lo cual tiene también mucho valor para una sociedad cada vez más necesitada de familias fuertes.

Todos estos planes de vida son valiosos. Como lo dije antes: el éxito tiene varias caras. No lo trivialicemos: decidir es difícil porque implica una renuncia, pero es un primer paso indispensable. Sin una definición propia, personal, del éxito, éste es imposible de lograr y puede llevar al arrepentimiento. La renuncia a algo para perseguir nuestro propio éxito requiere de mucha valentía. Así, el primer paso será decidir sin roles impuestos externamente.

Ya que has decidido qué es el éxito ahora decídete a lograrlo. Siempre habrá dificultades y para cualquier decisión siempre habrá momentos de duda. ¿Hice lo correcto?, te preguntarás. Pero ahora hay un solo camino: seguir adelante. Hay muchos obstáculos en el entorno, pero ahora me quiero enfocar en el trabajo a nivel personal para lograr el éxito.

Uno de los obstáculos más grandes para lograr nuestros objetivos está muchas veces en nuestras propias mentes. A veces las barreras más altas son las barreras autoimpuestas. El miedo es capaz de paralizarnos, te preguntas: ¿podré hacerlo?, ¿y si no lo logro? Es difícil exagerar la importancia de la confianza. Si no crees en ti misma, no lo lograrás.

Es común el dudar incluso cuando has tenido logros importantes, hasta llegas a creer que fue suerte o que no lo mereces. En lugar de eso debes buscar un reto mayor y demostrarte que puedes lograrlo. Es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero nadie ha alcanzado el éxito sin determinación y entrega.

Muchas veces para las mujeres el derribar las metas autoimpuestas es más difícil ya que pueden llegar a presentarse de forma inconsciente, como producto de una larga historia de desigualdad. Las mujeres se enfrentan a estereotipos y a mentiras como, por ejemplo, que no son buenas para las matemáticas o para dirigir una empresa. Aunque esto es falso, sigue afectando a muchas mujeres, tal vez sin notarlo. También se enfrentan a culpas derivadas de la falsa idea de que tienen que encargarse y responsabilizarse de todo y que todo se puede.

De esta forma, lo que propongo es un camino al éxito en dos pasos. El primero es decidir qué es para ti el éxito, sin roles impuestos. No dejes que te digan que no puedes ser la directora general o que vales menos por “no trabajar” en una empresa. Sigue tu vocación. El segundo es decidirte a tener éxito, poner todo lo que está en tus manos para lograr lo que te has propuesto. Cree en ti y no dejes de luchar.

*El autor es Director del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección de IPADE Business School

 

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