El futuro de las telecomunicaciones y su consumidor traerán una nueva etapa para la humanidad en que todos podrán ser y estar en todos lados, gracias a un proceso de masificación tecnológica a escala global.

 

Por Luis Carlos Chacón J.*

Si Florencia fue la capi­tal del renacimiento, San Francisco y Sili­con Valley son el co­razón de la ‘(r)evolución tecnológica’… Así como los florentinos —a la cabeza de los Medici— eran considerados la gente ‘de avanzada’ de Europa, los habitantes de esta zona de California apo­yan el amor libre, cuidan el medio ambiente, pero sobre todo han logrado transformar la tecnología y las telecomunicaciones en el principal generador de soluciones de su vida.

En los salones de Stanford donde se imparte Innovación y Design Thinking, un profesor me dijo que el habitante promedio de Silicon Valley es un reflejo del consumi­dor de telecomunicaciones del futuro. Aquel que está allá soñando con crear la siguiente startup está convencido del rol positivo que tendrá en la evolución de la humanidad.

Al final todo termina en un desarrollo mercantil, pero no se debe omitir que serán los principios de libertad, acceso, simplici­dad, divergencia y cooperación (que Steve Jobs pregonaba) los que influenciarán el futuro de la industria de telecomunicaciones. Esta industria tendrá que transformar su modelo de negocio ante un consumidor que sólo pagará por lo que considere necesario y tenga la calidad esperada.

El servicio de internet que hoy se contra­ta en la mayoría de los planes ofrecidos para hogar u oficina pasará a ser algo tan relevan­te y necesario como la electricidad (si no es que ya lo es), gracias al llamado internet de las cosas. Autos, lentes, ropa, brazaletes, re­frigeradores… la mayoría de los objetos que formarán parte de la vida de un ser humano estarán conectados con él y entre sí, por eso los grandes economistas hablan de los datos como la ‘moneda del futuro’.

Si en la actualidad para 50% de los jóvenes del mundo internet es tan vital como el agua —según Cisco— y en el caso mexicano el ciudadano pasa en pro­medio seis horas diarias en internet —estima la Asociación Mexicana de Internet—, el futuro del servicio estará determi­nado por la capacidad de tener más movilidad (con el smartphone, otro dispositivo o algo diferente) y la forma en que evidentemente crecerá la capacidad requerida por persona.

En este punto hay que considerar que para 2020 la impresión 3D y los sistemas de monitoreo médico en dispositivos o implan­tados estarán en su proceso de masificación, lo cual implicará más necesidad de internet.

Ya se están desarrollando tecnologías para que la señal de internet viaje a través de la electricidad, específicamente de las bom­billas eléctricas… Trata de imaginar durante unos minutos lo que significa esta necesidad y el acceso a internet a gran escala.

El servicio de telefonía móvil será el que genere los cambios más relevantes visibles en el consumidor de telecomunicaciones del futuro. Para 2020, habrá seis billones de smarphones activos en el mundo, de acuerdo con las proyecciones de pasado Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), siendo esta categoría la única que proyecta un creci­miento de doble dígito en comparación con las tablets y las máquinas de escritorio, equipos que para algunos expertos se debaten entre la vida y la muerte.

Como ya sabes (lo dicen todos los exper­tos en todas las conferencias de tecnología de los últimos dos años), el teléfono móvil cada vez se utiliza menos para hablar… De acuer­do con Nielsen, cada persona en Estados Unidos consume 27 aplicaciones diferentes al mes. Deloitte presenta que 5% de los smartphones en el mundo registra al menos una compra al mes y Visa Europa predijo que para 2020 alrededor de 50% de las com­pras será realizado en los países del primer mundo. Y no mencionemos la socialización o conseguir pareja (a la fecha Tinder tiene 50 millones de usuarios y hace dos millones de matchs diarios… ya tengo un amigo que se casó con alguien que conoció por ahí).

El cambio no se detiene: nuestro smartphone eventualmente reemplazará la billetera más allá del dinero, boletos de cine o pases de abordar.

Se sabe que las principales marcas de dispositivos, carriers y gobiernos europeos (y por supuesto California) están trabajando y desarrollando patentes para reemplazar documentos como el pasaporte, la licencia de conducir, las declaraciones de impuestos, entre otras. Aunque parezca difícil de creer, habrá una nueva etapa en la tecnología utili­zada por el Estado.

En ese mundo donde todo se puede hacer con un smartphone, los productores tendrán tres retos: privacidad-seguridad, porque este dispositivo será el centro de muchas actividades humanas (esto incluso estará marcado por el miedo a la cantidad de conocimiento que tenga el Estado y los productores sobre nosotros… lo triste es que ya lo saben todo). Otro reto es el nuevo nivel de capacidad de almacenamiento y, por su­puesto, conservar el negocio de voz, para lo cual ya estamos viendo que algunos carriers están rompiendo las barreras del roaming. Es posible que el consumidor del futuro contrate minutos sin fronteras.

Será en ese futuro donde hablar con alguien (voz a voz) estará cerca al cero costo marginal, donde los servicios de telefonía fija estarán condenados a desaparecer, sólo salvados por las tecnologías de comunicación remota y paradójicamente por las apps de voz gratuita que comprarán estas líneas para montar sus plataformas.

Con respecto al servicio de televisión por cable, este tendrá un futuro con dos retos: como el nuevo consumidor sólo quiere pagar por el contenido que le parezca interesante ver, ya no se tratará de pagar por canales sino por programas. Por otro lado, el consumo de contenidos a través de dispositivos como smartphones y tablets ha llegado a cifras como 5.5 horas diarias en Estados Unidos, de acuerdo con ComScore.

¿Desaparecerá la TV? Por su puesto que no… los productores hace años entendieron la forma como iba a evolucionar la industria post Netflix y se dedicaron a crear aparatos que son en sí mismos una experiencia.

Para que todo este mundo de consumo ilimitado de telecomunicaciones se haga rea­lidad será necesario que el big data se aplique a la información de cada habitante. Esto hará que todo se encuentre en un solo lugar y se disminuyan el número de claves y filtros de seguridad por usuario. La solución, al mejor estilo de las películas futuristas vendrá de la mano del cuerpo humano y la capacidad que tiene de ser único e irrepetible. Al final a toda la cadena de valor de la economía y sus participantes les conviene que cada persona del planeta esté conectada y consuma.

Sin embargo, será necesario que los precios de acceso sigan disminuyendo y la capacidad (de maniobra y almacenaje) siga aumentando. Es evidente que el consumidor de hoy en esta categoría no quieren pagar por lo que no usa.

Si las telecomunicaciones se van a conver­tir en algo vital para la existencia de la huma­nidad, será mandatorio que se acomoden a la realidad global donde la mayoría vive con poco. Ese día cumpliremos con el sueño de los grandes pensadores de hace 500 años. En Florencia creían que todos los hombres podían estar en todas partes gracias a la trasmisión del conocimiento, el mismo reto que llevan los Renacentistas de Silicon Valley desde los años 80… Evidentemente se están aproximando a su meta.

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* Luis Carlos Chacón es CCO/futurist de Bautista, una consultora de tendencias y estudios del futuro.

 

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