Liderazgo se escribe con ‘M’

Foto: Reuters

México sigue acaparando la atención del mundo como un país líder que enfrenta sus propios retos internos,  a la vez que se proyecta con fuerza para asumir un papel más activo a nivel regional y global.

 

Durante mi estancia en la Universidad de Georgetown ha sido muy interesante escuchar la opinión de varios profesores que manifiestan su optimismo, no sólo por lo que está ocurriendo internamente en México, sino por lo que puede suceder en América Latina a partir de los cambios internos que está experimentando nuestro país.

Incluso antes de la muerte de Hugo Chávez, el debate sobre quién debería asumir el liderazgo en América Latina se mantiene entre México y Brasil. Tras la partida de quien lideraba la revolución bolivariana cuyo propósito era extender el socialismo del siglo XXI a toda la región, la vacante deja un espacio mayor para un liderazgo que resulta impostergable: México es el candidato natural para ejercerlo de manera decidida y responsable.

América Latina está en una encrucijada entre la libertad y la demagogia. La evidencia ha mostrado el resultado de elegir un camino u otro. Aquellos países que han apostado por la primera opción han logrado mayores niveles de crecimiento económico sostenido y mayor prosperidad. Esto se ha traducido en el crecimiento de una clase media y pujante que cada día juega un rol más decisivo en la consolidación democrática.

Los países que han optado por la segunda opción han atado su presente y futuro a las manos y caprichos de gobernantes en turno que, asumiéndose superiores incluso a la propia ley, han concentrado el poder y han eliminado las bases del mercado y la democracia; dos condiciones fundamentales para lograr un desarrollo incluyente y sostenido.

Algunos líderes de países amigos y afines al régimen chavista buscan de manera natural ocupar esa vacante para perpetuar el legado de su desaparecido comandante.  Es ahora cuando México debe salir a la cancha decidido a asumir esa responsabilidad con absoluta determinación.

México se tiene que ganar la confianza de los demás países a pulso. Las palabras y discursos políticos ya no son suficientes. Se necesita poner el ejemplo  para que los resultados tangibles sean el principal aval.

Hagamos del Estado de Derecho una prioridad para que las reglas sean claras y nadie esté por encima de la ley. Es momento de desmentir los mitos que apuntan a que la riqueza de unos cuantos es causada por la pobreza de millones. Esto será posible en la medida en que millones de pobres dejen de serlo y se incorporen a una clase media creciente en donde el mérito, el esfuerzo y el trabajo sean la regla y no la excepción.

México es líder y hoy no puede renunciar a esta responsabilidad histórica con los países hermanos de América Latina. Demostremos que la apertura, el libertad y la competencia se pueden traducir en un incremento considerable en el nivel de vida no sólo de unos cuantos sino de la gran mayoría.

Sólo siendo congruentes y dando el ejemplo seremos capaces de demostrar que es la libertad y no el socialismo del siglo XXI el camino a la verdadera prosperidad.

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