La anunciada visita de funcionario de la Administración Trump a México ha ocasionado sorpresa y expectativas en varios sectores. Lo anterior no es poco común, es sólo que estamos acostumbrados a que sean los presidentes electos los que hagan las visitas y no quienes las reciban, lo anterior es porque puede resultar incómodo para la administración en funciones, sobre todo cuando esa administración deja el poder en medio de una fuerte crisis de credibilidad y con muchas deudas en materia de seguridad, transparencia, rendición de cuentas, depreciación de la moneda, etc.

La delegación que recibirá el próximo presidente de México está integrada por el secretario de Estado, Mike Pompeo; el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin; la secretaria de Seguridad Interior Kirstjen Nielsen y Jared Kushner, el famoso e incómodo yerno del presidente estadounidense, del lado mexicano estarán Carlos Urzúa, quien estará a cargo de la Secretaría de Hacienda, Alfonso Durazo el próximo secretario de Seguridad, Graciela Márquez, la futura secretaría de Economía, Marcelo Ebrard quién será el próximo secretario de Relaciones Exteriores y Jesús Seade quien será designado como negociador en jefe para el Tratado de Libre comercio con América del Norte.

Ante tales perfiles y ante el contexto entre ambas naciones, los temas no pueden ser otros lo pueden ser otros que la renegociación del Tratado de Libre Comercio, es casi predecible que los funcionarios norteamericanos querrán aprovechar la oportunidad para tratar de “sensibilizar” a los funcionarios mexicanos sobre algunos temas clave en la negociación. También por supuesto querrán saber qué es lo que va a pasar con los temas migratorios, pues nuestro país sigue siendo visto como una puesta de entrada a la migración de otros países centro y sud americanos y por supuesto no se puede dejar de lado el tema de la seguridad.

Los norteamericanos saben que Andrés Manuel cuenta con el respaldo de la población y que por lo menos ahora goza con el bono democrático derivado de la amplia victoria en las elecciones del pasado 1 de julio, que tiene en sus manos a varios liderazgos regionales, y al Congreso, actor vital para la aprobación de las negociaciones, pero no es todo las visitas tienen también claro que se enfrentan a un líder de izquierda y que en cierto sentido se parece a Trump, es autoritario y populista sólo que el populismo de Trump es nacionalista, va en contra de las amenazas externas por ejemplo los musulmanes o algunas nacionalidades; el de AMLO es un populismo contra las élites internas, lo que solía llamar la Mafia del Poder, la cual incluye en gran medida al sector privado, ese que ayudó a mantenerlo lejos del poder tantos años y que finalmente no pudo evitarlo, pero que ahora deberá obligadamente que volverse un aliado necesario para las negociaciones comerciales.

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La visita finalmente no es gratuita ni de cortesía, es una visita para medir fuerzas y para fijar de una vez, los términos sobre los cuales se llevará la relación entre ambas naciones, al menos para los siguientes dos años.

 

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