Existen grupos vulnerables desde el punto de vista tecnológico, que al no ser nombrados, son invisibilizados, descartados y/o negados. Son los marginados digitales.

 

 

Por Maestro Luis Gregorio Sosa Grajales, Universidad Iberoamericana

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Dedicado al Dr. Javier Prado Galán, un amigo y un maestro.

 

 

Desde hace más de una década, la discusión educativa y social se ha centrado en los nativos y migrantes digitales como protagonistas de la llamada Revolución Tecnológica. Sin embargo, estos grupos no son los únicos en nuestra realidad: existen grupos vulnerables desde el punto de vista tecnológico, que al no ser nombrados, son invisibilizados, descartados y/o negados. Los marginados digitales son el mejor ejemplo de este fenómeno.

El mundo actual sigue siendo un espacio de marginados digitales, más que de nativos o de migrantes. La exclusión tecnológica que persiste en la actualidad, es la principal razón de este fenómeno: las diferencias en el acceso a dispositivos y servicios digitales entre los grupos que integran a nuestras sociedades, se agudizan (como es común) con quienes menos tienen. Indígenas, migrantes, refugiados o quienes viven en contextos de alta marginación y pobreza, figuran entre los más afectados.

La profecía tecnofílica de que “los desconectados” irían desapareciendo conforme aumentara la demanda y bajaran los costos de producción de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), ha sucedido de una forma más lenta de lo anticipado: los dispositivos y servicios digitales más innovadores poco se han abaratado, dadas las prácticas monopólicas de la mayor parte de los fabricantes de hardware y software en el mundo. Lo que es peor: en muchos casos, la tecnología se ha vuelto una cuestión de élite, siendo el caso de los Smartphones uno de los más representativos. Si a esto sumamos que existen personas que no están interesadas en las TIC, ni en conectarse al mundo digital, se dibuja entonces un nuevo panorama para la discusión.

Pues seguir considerando como migrantes digitales a individuos o grupos que (por la falta de oportunidades o recursos para acceder a medios o sistemas tecnológicos) ni siquiera han tenido la posibilidad de adaptarse a las nuevas modalidades de interacción y comunicación digital, o que no están interesados en ser parte del mundo tecnológico, resulta ser un grave error.

Como se detalla en el estudio “El Lenguaje Tecnológico: un nuevo horizonte para el logro educativo y la inclusión social”, los marginados digitales son individuos y grupos sin oportunidades de desarrollar (de manera efectiva) competencias digitales necesarias en nuestros días. Su origen, como anteriormente se señala, puede ser diverso. La intención de discutir la categoría de la marginación digital, señala el estudio, no se relaciona con el interés estéril de “proponer más nomenclaturas” en el tema de las identidades digitales. Más bien, este esfuerzo pretende visibilizar y destacar la existencia de sujetos y comunidades que siguen siendo vulnerables desde el punto de vista tecnológico.

Y es que la brecha digital que produce esta marginalidad es, hoy por hoy, uno de los factores de exclusión (educativa y social) más riesgosos que existen, dado que limita la igualdad verdadera de oportunidades que puede desarrollar un sujeto, y su acceso a parte de la información y el conocimiento que se construye y comparte en el mundo contemporáneo. Esto último, teniendo en cuenta los sucesos de los últimos años (la Primavera del Jazmín, los Indignado, los Occupy o el movimiento #YoSoy132 en México), también puede llegar ser una limitante para que los individuos se expresen y hagan valer otros derechos, sean sociales o políticos.

Las personas que tenemos acceso a dispositivos y sistemas digitales somos privilegiados, pues poco menos de la mitad de los seres humanos del planeta tiene acceso real a las TIC que tanto disfrutamos. Ante la responsabilidad que este privilegio implica, todos podemos de alguna u otra manera, hacer que más gente acceda al contenido y los conocimientos que la tecnología nos brinda: compartir gadgets que ya no utilicemos, enseñarle por las tardes a nuestros padres o abuelos como utilizar los teléfonos celulares o computadoras, o abrir nuestras redes domésticas (quitándole la contraseña a nuestro wi-fi doméstico), son solo algunas de tantas acciones que podemos llevar a cabo para hacer más cercano el mundo tecnológico y sus beneficios a más personas que nosotros. En gran medida, también depende de ti disminuir el número de estos marginados.

 

 

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