Sí, hay algo que nos mueve a creernos más guapos, más sociables, más receptivos, más éticos… Y, bueno, resulta que también hay marcas narcisistas…

 

 

Históricamente se ha sabido que el cerebro alberga una capacidad para pensar bien de nosotros mismos, para sentirnos alegres a pesar del sufrimiento y para reponernos rápido de un golpe emocional. Hace algunos años, Dan Gilbert y Timothy Wilson rebautizaron esta capacidad como el Sistema Inmune Psicológico (Psychological Immune System, en inglés), que –afirman– así como el Sistema Inmune Biológico nos ayuda a detectar y eliminar virus para mantener nuestra sobrevivencia, el SIP nos ayuda a detectar pensamientos y emociones negativas y “eliminarlas”, ya sea distorsionándolas, cubriéndolas con pretextos o con penamientos positivos. Una característica que se llega a presentar en extremos en narcisistas y neuróticos.

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Ya es común escuchar resultados de experimentos que demuestran que las personas, normalmente, se autoperciben con indicadores más favorables que aquellos que les asignan otras personas. El SIP nos mueve a creernos más guapos, más sociables, más receptivos, más éticos y hasta más inteligentes de lo que somos evaluados por otros.

Este fenómeno, si bien es una característica de los individuos, es algo que podríamos aprovechar para explicar situaciones corporativas (hechas de humanos también) al querer defender un producto o servicio indefendible. Es común que las empresas perciban sus productos o servicios como que agregan más valor del que realmente agregan a los clientes o usuarios. Los ejecutivos de las empresas, colectivamente, aplican su SIP para pensar y asegurar que su producto o servicio es mucho más rápido y fácil de usar, más bonito, más durable, más accesible, más sabroso, más ético o más versátil de lo que realmente es para el público. Incluso llegan a percibir que el servicio pre, durante y posventa es mucho mejor de lo que realmente es considerado.

En el caso de los individuos que se autoperciben con mejores características enfrentan dos posibles destinos, cada uno con múltiples derivaciones: que continúen así y que por su constancia y seguridad logren sus cometidos, o que algún día se topen con pared por no haber sido objetivos.

La incapacidad empresarial de evaluar objetivamente sus productos, servicios y espacios podría en un inicio llevar a los ejecutivos a tomar riesgos, lanzar los nuevos productos y mantenerlos a pesar del gasto y esfuerzo mercadológico en el mercado, lo cual a la postre podría ayudarlos a conquistar sus objetivos; sin embargo, en muchos casos el fracaso llega pronto y el costo es muy alto. No sólo se pierde dinero, sino reputación en el mercado, así como ánimos y entusiasmo al interior de la empresa.

La investigación, sin duda alguna, es una herramienta que le permite a las empresas alinear sus percepciones con la realidad y evitar que su instinto natural, impulsado por su SIP, los mueva a percibir con grandes cualidades algo que objetivamente no las tiene. Pero, al mismo tiempo, la investigación de mercados le ayudará a las empresas a continuar innovando para agregarle a sus bienes aquello que hoy no tienen, aunque al inicio pensaran que sí lo tenían.

 

 

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