En México “no podemos asumir reglas, patrones y tendencias. Hoy día sólo existe la tendencia de la comedia romántica, no por eso un guionista tiene que clavarse en ese género. Si lo suyo es gore, hagamos eso. Si es drama sicológico, háganlo. No porque no sea parte de una ola de éxito, no puede formar su propia ola.

“Esas son las palabras con las que Fernando Rovzar, realizador y productor a la cabeza de Lemon Films –junto a su hermano Billy–, define el espíritu creativo detrás de Mentada de padre (2019, una comedia familiar ambientada en los años 40 que llegará a las pantallas (más de mil) de todo el país el 16 de agosto.

La película cuenta la historia del millonario Don Lauro Márquez Castillo (Héctor Suárez) y sus cuatro hijos (Antonio Gaona, Osvaldo Benavides, Mauricio Isaac y Mauricio Barrientos ‘El diablito’), quienes, en 1942, deben participar en un reality radiofónico para obtener la herencia de su padre. Una batalla que mantendrá en vilo al pueblo de San Pascual, Querétaro.

El proyecto resulta atípico en el panorama de la producción nacional más industrial por su mezcla de géneros y referencias. Es una comedia sí, pero de época. Hay romance, pero no es el plato central. Busca llevar sus raíces hasta el Cine de Oro mexicano y no al extranjero. Es una apuesta que tres casas productoras, Traziende Films, Alazraki Entertainment y Lemon Films, esperan reditúe con el público en la taquilla.

“La audiencia de México, como de todo el mundo, busca el fin último del cine: entretener. Ir al cine y divertirse, tener un contenido que les llene, les haga pasar un buen rato y llevarse un momento de mucha risa o reflexión a casa. Un contenido que valga la pena por la calidad del proyecto”, nos explica Mónica Vargas, socia fundadora de Traziende Films, en entrevista.

En los últimos años, la cinematografía nacional ha ganado terreno al cine hollywoodense. Durante el 2018 se vendieron 22.5 millones de boletos, cien mil más de los que se vendieron a lo largo del 2017, según cifras del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine). Además, el año pasado se produjeron 184 largometrajes, número que significó romper por cuarto año consecutivo el récord de producción nacional. Para darnos una idea, el año de mayor producción durante el periodo de mayor prestigio de nuestro cine fue en 1958, cuando se filmaron 135 títulos.

Este incremento es, para Rovzar, una seña de que la producción nacional está camino a alcanzar la maduración. “Las casas productoras hoy están empezando a apostar de verdad. En este caso, hace 16 años nadie sabía quién producía qué. Las productoras no tenían un sello. Aquí juntamos a Traziende, a Alazraki y Lemon, en ese colectivo los tres casos hemos tomado riesgos. Estamos descubriendo la industria, eso tiene mucho valor y peso. La única constante que buscamos con Lemon es la calidad”.

“Siento que tenemos películas increíbles, realizadores increíbles, algunos están ganando Oscar, Cannes, Venecia, Berlín. No podemos apostar a una industria con un par de excepciones. Tenemos que ser consistentes, subir el común denominador de los cineastas de este país. De nada sirve ganar un Oscar si no estamos capacitando cineastas, dando oportunidades a óperas primas, dándole voz a los que tienen géneros, estilos, voces que no se abordan en nuestro cine. Es un trabajo de mantener en alto lo que tenemos ahí y fomentar lo nuevo, lo que le dará a México un futuro, no sólo un presente exitoso”, añadió el codirector de Mentada de padre.

Para seguir con esta cresta creciente, Vargas afirma que es necesario mantener los esquemas actuales de incentivos a la producción y distribución de cine mexicano, aunque cada empresa debe hacer su parte para no depender únicamente de estos. “Necesitamos encontrar mecanismos de financiamiento independientes a los fideicomisos e incentivos fiscales del gobierno. Necesitamos producciones que no necesitan tanto de ellos. Hasta ahora no ha habido cambios, se han respetado los fondos y fideicomisos actuales. Como productores nos hemos tomado de la mano y hemos luchado para mantenerlos, la industria del cine nacional cada vez crece más y genera mejores trabajos. Son argumentos para hacerle notar al gobierno que vale la pena apoyarnos”.

“En el mundo ideal, productoras establecidas no necesitarán de fondos públicos porque la industria es tal que la iniciativa privada considera que invertir es un buen negocio. El problema es que todavía no lo es, la repartición del dinero no está a la ventaja del productor. Todavía es difícil lograr llegar a la cantidad de espectadores que quisiéramos”, puntualizó Rovzar.

“Eso hace necesarios los incentivos, deben existir siempre porque para el cine de autor y los documentales es difícil encontrar financiamiento. Los necesitamos para películas que aborden temas menos comerciales, para directores que debutan y se tienen que ganar la confianza del gremio. Las productoras establecidas deberían acceder a otro tipo de incentivos, pero no debe volverse una industria totalmente financiada por el gobierno. Si ese es el caso, no podemos llamarnos industria”, añade el productor de Matando cabos (2004).

Debido a ello alianzas como la de Traziende Films, Alazraki Entertainment y Lemon Films son claves dentro de la industria. La unión hace la fuerza, como dice un viejo dicho. Las asociaciones “más que indispensables, son algo que se antoja. Somos tres productoras sólidas, consolidadas, de trayectoria importante. Nos pareció muy importante hacer una fusión, una alianza, para hacer una película de factura importante, con una calidad que se nota en pantalla”, confirma Vargas.

“Si yo hiciera esta película en 2019, en la Condesa, no le puedo pedir a Mauricio Isaac que saque su Tin Tán interior y que haga ese tipo de humor… En lo romántico de los 40, podías ser absurdo, cambiar de formato o volverte musical. Como esa escena de Blazing’ Saddles que se están peleando en una cantina y cuando salen están en un foro de filmación, hay un número musical con gente en esmoquin, todo mundo pelea, hay caballos y de ahí pasan a una sala de cine. ¿Cómo acaba una película como Blazing’ Saddles? Justo así, con ese valor de decir ‘vamos a hacerlo, pero no podemos quedarnos a la mitad, ni ser conformistas o tibios’. Debes tocar fibras de cualquier forma”, concluye Rovzar.

 

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