Por Angélica Garnica Sosa*

Las expresiones de violencia contra las mujeres en México son la punta de iceberg de la violencia y la inseguridad que se vive en la vida privada y pública en nuestra sociedad, y es otra de las manifestaciones de las violencias que estamos viviendo en nuestro país.

Parece mentira, pero esta frase de “México es un país que no quiere a sus mujeres” se repite una y otra vez en mi cabeza cada vez que “veo” esas notas de acoso, abuso, maltrato, discriminación, violencias y muerte de niñas y mujeres en cualquier espacio: transporte público, calle, hogar, escuela, mercado, es decir en todas partes. Lo digo por las diversas historias que se han ventilado de lo que pasa en universidades e instituciones de educación superior y de gran prestigio nacional e internacional.

Contextualicemos el problema, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) del 2018, 36% de las personas de 18 años y más no se siente segura en una escuela; peor aun cuando hablamos de esa relación a partir de género, siendo para el 39% de las mujeres no se siente segura en los recintos escolares y el 32% hombres tiene esa misma percepción de inseguridad.

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Lamentablemente estos temas, como otros tantos que ocurren al interior de los recintos educativos, son “temas” embarazoso y diría hasta vetados por las cúpulas de gobierno, de seguridad, de justicia y de educación de todos los subsistemas educativos en nuestro país. No se ha querido hablar sobre esas violencias, que muchas veces llegan a ser delitos y delitos graves, que por ejemplo a nivel nacional, con información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y con reporte de llamadas de emergencia al 9-1-1, muestran que, de enero a septiembre de 2018, de cada 10 llamadas de emergencias 1 estuvo relacionadas con violencia de género: 4% de violencia familiar, 2% de violencia de pareja, 1% de violencia contra la mujer y 1% violaciones, abuso sexual u hostigamiento sexual.

Otro dato del mismo Sistema Nacional es a partir del reporte de incidencia delictiva con perspectiva de género, con el que se puede observar que 3 de cada 10 víctimas de delitos son mujeres. La construcción de este tipo de estadísticas es bien reciente, febrero de 2018, bajo un acuerdo del Consejo Nacional de Seguridad Pública, pero habrá que tener mucho más que un acuerdo y sentar las bases para que las fiscalías (general y de las entidades) reporten de manera sistemática, homologada, objetiva, comparable y de acuerdo con parámetros internacionales, datos que permitan identificar dónde, cómo y cuándo se están cometiendo esas violencias y delitos, y crear los mecanismos que permitan dar acceso a justicia las víctimas, pero también crear mecanismos de atención y prevención.

Esa es una deuda histórica que tiene esta nación con las mujeres, con todas: las mujeres que no pudimos proteger y murieron a manos de sus victimarios, de una sociedad y un sistema de justicia y seguridad omiso; las mujeres presentes y las futuras que hoy son niñas y que tienen derecho a tener un hogar, una escuela, un transporte público, una calle, un parque seguro y libre de violencia.

Así, que aprovechando que son tiempos de transformación, de cambio, de “nuevas” lecturas de la realidad de y en un país que ha vivido un largo período de violencia a lo largo y ancho de su territorio. Estos tiempos nos deben obligar a escuchar y atender los Objetivos para el Desarrollo Sostenible, todos, pero en particular aquellos que nos obligan a construir una vida libre de violencia para las niñas y las mujeres, y de una vez y por todas poner en la agenda pública gubernamental y social, sin simulaciones y con acciones el complimiento del “derecho que toda mujer tiene a una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado”, que se consignan en diversos tratados internacionales como la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como Convención de Belém do Pará.

Nos debemos una nación que trabaje en la construcción de una vida libre de violencia para sus niñas y sus mujeres, si lo hacemos, estaremos garantizando el bienestar, la seguridad y la paz del 52% de la población de México, si lo hacemos, les juro que se verá el amor que nos tienen, pero demuéstrenlo con hechos y no con palabras. “Hechos son amores”, por ahí alguien me dijo, así que mostremos con hechos nuestro amor a las niñas y mujeres de esta gran nación.

 

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Twitter: @AngeGarnicaSosa

LinkedIn:  garnicasosa

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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