Decido utilizar una máxima jesuita que leí en un texto “secreto” titulado Monita privata; era la llave del tesoro para su cuantiosa riqueza y para el éxito en todas sus empresas…

 

7:37 p.m. Ciudad de México: En medio de la lluvia, voy retrasado para llegar a una cita. Horripilantes construcciones urbanas –que Mad Max temería– se yerguen en cada kilómetro de la vía “rápida” en la que fluyo lentamente. No culpo a la lluvia, culpo a la surrealista arquitectura del Periférico, que hace a Jurassic World palidecer en sus efectos especiales: cascadas torrenciales y sorpresivas, desde el megalítico segundo piso, hacen gritar como nena al más macho; baches mortales que no admiten el mínimo error de cálculo, a riesgo de perder la llanta y la vida; charcos profundos con autos flotando a la deriva. Todo ello inmerso en una oscuridad crepuscular y apocalíptica causada por un diáfano alumbrado chino de bajos lúmenes que progresivamente termina iluminando cual foco de 10 watts. Aguzo mis sentidos. Mi existencia, y la de mi copiloto, claro, están en juego. Cada salida hacia mi destino está bloqueada por una fila de autos detenidos. Si no llego a mi cita, perderé la posibilidad de una venta importante. Decido utilizar una máxima jesuita que leí en un texto “secreto” titulado Monita privata; era la llave del tesoro para su cuantiosa riqueza y para el éxito en todas sus empresas. El texto me lo pasó mi padre, a quien se lo obsequió un amigo judío convertido a jesuita, un sabio uruguayo de apellido Suwkov, que es una mezcla de José Mujica con el doctor Chopra. La máxima secreta que pude rescatar del extraño texto se llama “minus probabilismus”, y se refiere a llevar a cabo una acción que sea la mínima probable para tener éxito. Entonces, en un acto valiente y con poca probabilidad de éxito, decido tomar intuitivamente una calle que no conozco. Mi copiloto grita: “¡Noooo! Qué hiciste Alejandro… nunca llegaremos.” Recorro unas cuantas calles y me doy cuenta que no sé exactamente adónde voy ni dónde estoy, pero sé, de cierto, que es mucho mejor que estar varado entre las olas fijas de fierro humeante y encharcado.

Después de unos minutos descubro mi ubicación. Voy por buen camino y me ahorré más de una hora de tráfico gracias a mi extravagante acto. ¡Tuve éxito, la máxima jesuita funciona!

9:09 p.m. Día siguiente: Explico, emocionado, esta teoría a mi amigo Jesús Gopar, quien es economista, y saliendo del gimnasio me dice que se le hace interesante, dándome sus razones keynesianas mientras yo intento, varias veces y fútilmente, ingresar un billete nuevo al cajero del estacionamiento para pagar el ticket. Él me arrebata el billete, perfectamente nuevo, y lo arruga entre sus manos (lo hace bolita). Atónito, lo veo pensando que, gracias a su tontería, la máquina tendrá menos posibilidades de leerlo y aceptármelo. Mete el billete y la máquina lo acepta inmediatamente. La gente de la fila, sonriente, lo mira con ganas de aplaudir, y yo me doy cuenta del milagro y le exclamo: “¡Lo ves, ‘minus probabilismus’!”

11:11 p.m. Mismo día: Recuerdo el libro de un estratega que argüía basándose en el análisis acucioso de la guerra en su conjunto y en el estudio de grandes como Sun Tzu y Carl von Clausewitz, que el común denominador de las guerras y batallas exitosas siempre ha sido el indirect approach, lo lateral, lo flanqueante, el “descontón”, lo diferente, lo inesperado. De no tener una estrategia que busque lo poco probable, el enemigo sabrá por donde viene el golpe. Por supuesto que relacioné esa conclusión reduccionista, pero interesante, con el increíble y mágico “minus probabilismus”.

—Es evidente —me digo—. Es mera diferenciación.

Tomo un libro de marketing… más bien de branding, buscando algo que reforzara mi entendimiento en este descubrimiento. He de confesar que no es que sepa a ciencia cierta qué es lo que busco en un libro cuando investigo; simplemente dejo que el azar o mi intuición me lleven. Mi querido padre, muy al estilo lógico de Alicia en el País de las Maravillas, cree que es improbable encontrar algo si no sabes qué es lo que buscas. Pues con esa mínima probabilidad que él me otorga, yo encuentro que los autores de este libro de branding (Al Ries y su hija) creen que la naturaleza no evoluciona, sino que diverge. Dicen que lo que sobrevive en este mundo es lo que se hace diferente (incluyendo a las marcas). Incluso señalan que Darwin no estaba tan de acuerdo con el uso de la palabra “evolución”, porque ésta no reflejaba a ciencia cierta lo que él quería decir, pero que acabó resignándose.

—Lo divergente es diferente —me digo—. Y lo que es mínimamente factible es lo más diferente; lo que en realidad diverge y se aparta, y por ello, sobrevive, convive y domina en su ámbito. El depredador no es, necesariamente, el único que domina sobre su circunstancia y sobre otros seres; un burro domina sobre el pasto tanto como una leona sobre una cebra (si la alcanza) porque su genética lo ha llevado a eso. Así las empresas.

¿Y el ser humano? O sea, tú mismo, te has preguntado… ¿qué probabilidad tenías de existir? Con mucha “fortuna” me topé con un infograma en que Ali Binzir resuelve la incógnita:

image002Prácticamente había cero probabilidades de que tú nacieras. En realidad, la naturaleza utiliza una lógica diferente para que las cosas pasen, y ese descubrimiento es el gran secreto de los jesuitas de aquel entonces. Más que por la certidumbre objetiva, se iban por la certeza subjetiva. Humanizaron las ideas y dejaron que la libertad apareciera. La sorpresa parecía más apetecible ahora, y en esa sorpresa estaba algo más cercano a la verdad: No se posee la verdad, sino sólo la probabilidad. Y esa probabilidad es diferente de la que nosotros creemos como probable. Los jesuitas retaron el statu quo sin enfrentarlo. Sólo fluyendo. De forma extraña, su herramienta modernizadora fue pensar que lo realmente prudente al comparar opciones era seguir lo menos probable antes que lo más probable. Entonces, en América y China, en vez de matar nativos y obligarlos a convertirse, aprendían de ellos. Se acoplaban a las culturas y juntos creaban grandes realidades.

—Pero ¿qué paz puede haber entre Cristo y Belcebú! ¿Por qué no matan todo aquello que cuestione el cristianismo? —decían las autoridades tradicionales.

Los jesuitas hicieron caso omiso mientras se enriquecían económica, cultural y espiritualmente. Exploraban primero lo mínimo probable para la época: el que esos nativos ignorantes y demoniacos tuvieran algo de razón en sus ideas.

Así, las ciencias florecen de forma idéntica y gracias a los que piensan diferente. Damos por hecho cosas y pensamos como poco probable otras ideas. Los que las retan son los que hacen la diferencia porque enfrentan con honestidad su ignorancia. Para ejemplo un botón:

Amigo lector, ¿a qué distancia crees que está la Luna de la Tierra? No te pido que me digas los kilómetros; solamente imagina que un balón de basquetbol es la Tierra y una pelota de tenis la Luna. ¿Esta distancia te parece adecuada para representar la distancia entre ambas?:

image003Pues es normal que pensemos eso, porque siempre vemos ilustraciones así:

image004-640Pero la distancia entre la Tierra y la Luna en realidad es mucho, mucho, mucho mayor… es esta:

image005Es decir, caben todos los planetas entre la Tierra y la Luna (y hasta sobra un cachito).

image006-640Con esto quiero probar que nuestro conocimiento de lo que nos rodea, en general, es muy limitado. Se debe a que vivimos de una forma que no nos permite reflexionar adecuadamente y damos por sentado prácticamente todo.

Nos volvemos máquinas que reaccionan programadas por atajos, como el de la prueba social: si todos lo dicen es que debe ser cierto, o el de asociación: si lo usa Kim Kardashian es que es bueno, y muchos otros más que limitan nuestra libertad.

En un mundo así, lo que creemos una verdad altamente probable es seguramente un error de nuestro vulgar discernimiento. Por ello, el secreto de los jesuitas, hacer lo menos probable, se convierte en la mejor opción. Es romper la ilusión, como en Matrix.

¿Qué tan probable es pensar que existe la ubicuidad (estar en más de un lugar al mismo tiempo)? Pues sucede a nivel subatómico: una misma partícula puede estar en más de un lugar al mismo tiempo. ¿Qué tan probable es que la gravedad no sea lo que nos dijo Newton? Einstein encontró que era una curva en el espacio-tiempo. ¿Qué tan probable es que la Tierra no sea plana sino redonda? No, Alejandro, no… ahí sí te equivocaste… si pones una tabla perfectamente derecha en el piso, no se nota la curva; por lo tanto, la Tierra es plana. Así de ridículo es nuestro entendimiento de lo que nos rodea: vemos un granito de arena y juzgamos las probabilidades de un desierto.

Hoy no pondré ejemplos de Branson y de lo poco probable que le es poner turistas en el espacio gracias a su tienda de discos usados. O de Musk y lo poco probable que le es tener éxito con autos eléctricos en una industria con barreras de entrada del tamaño de una Ford Lobo. Tampoco hablaré de Jobs o Gates, no.

Hablaré de tres personajes, dos de ellos mexicanos y uno brasileño. Son el “minus probabilismus” en persona, empresarios exitosos del inexplorado improbable:

 

Sabrina Bittencourt
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Es una emprendedora con éxito en la improbable cantidad de 37 empresas. También su giro favorito (el social) es el más rehuido por la mayoría.

De sus 37 empresas, estas son las que más le gustan:

“Todas las empresas en que trabajo con niños y jóvenes son las que más me apasionan: Escuela con Alas, red de aprendizaje libre y emprendimiento; Exchangenius, red de intercambios entre jóvenes con altas capacidades y proyectos de alto impacto social; Biel Baum, alimentación saludable para niños hecha por mi hijo de 12 años, y Pequenautas, proyecto espacial conducido por mi hija de 6 años.”

Cómo mide su rentabilidad:

“No mido rentabilidad con ganancias monetarias… Por lo tanto, los activos que tengo en cartera son millonarios. Son miles de jóvenes de todos los continentes conscientes de la transformación que están generando en su entorno local, creando nueva cultura de consumo, estableciendo nuevas demandas del mercado. Gobiernos e instituciones tendrán que adecuarse si quieren co-crear un mundo más igualitario.

“Formar madres y quitar el velo de la escasez. Mostrar que niños pueden cocinar comida saludable, orgánica, y que niñas pueden ser astronautas, inventoras… De hecho, lo hago con mis propios hijos emprendedores de 12 años y de 6 años, alcanzando un nicho de mercado prometedor que necesita aprender a cambiar el sistema patriarcal de trato de género que todavía tenemos en el occidente.”

Lo menos probable es una mujer con 37 empresas y una familia feliz, con niños de 6 y 12 años que conducen empresas, ¿no es así?

 

Moisés Ponce Carbajal
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Director y productor de cine. En una industria, para muchos, maleada, va en contra de las probabilidades con cine independiente. Trabaja indistintamente con actores famosos, de poca experiencia e inclusive con no-actores.

Cómo enfrenta la realidad del cine mexicano:

“Dirijo Guajiro Producciones, que se dedica a realizar cine mexicano independiente de alta calidad. También imparto un taller de actuación con enfoque de cine (no es lo mismo que actuar en teatro o televisión), junto con el gran actor Luis Fernando Peña. El taller tiene como producto final un cortometraje con los alumnos; nos gustan los temas que confronten, como lo fue la masacre de México en 1968. Tocamos los temas con mucho respeto a la inteligencia del público.”

De qué forma obtiene ingresos de ideas creativas:

“En realidad, las empresas se benefician mucho de una ley de impuestos que implica que hasta el 10% del ISR que pagan a Hacienda se invierta en una película que beneficie su marca y al cine mexicano. Promovemos esa forma de financiar cine, pero no es la única. Empezaré a producir una web serie como se debe. A veces me pregunto por qué emprendo un proyecto en contra de toda lógica. Un productor en este país no debe de hacer ni un solo proyecto sin pretender obtener retribución económica o por lo menos salir “parejos”, pero yo tengo confianza que pese a que las estadísticas indiquen lo contrario, la web serie se convierta en una excelente herramienta para generar sinergia económica, si se hace bien, claro, porque el mundo del internet es sumamente competitivo.

“El cine cambia la realidad del mundo. Al calor de la noche, con Sydney Potier y Rod Steiger, logró en una época difícil hacer entender a un público muy grande que blancos y negros son iguales; el caló que utilizó e inventó el señor Ismael Rodríguez en Nosotros los pobres, con Pedro Infante, hizo que todos en Tepito hablaran como en la película; Steven Spielberg, con E.T., hizo que por primera vez el mundo viera a los extraterrestres como aliados. Hay muchos ejemplos… el cine cambia al mundo y yo invito a la gente a que lo cambiemos juntos, para bien.”

Lo menos probable es cambiar el mundo con cine, tener éxito siendo independiente mezclando actores famosos con no-actores. Hacer cosas aunque las estadísticas indiquen lo contrario.

 

Difícil de describir.

Difícil de describir.

Santiago Pando

Un hombre difícil de describir. No es publicista, aunque lo fue con mucha fama. No es gurú, aunque parece. Es un artesano visual (ver Creer es crear). De ser presidente de una de las agencias más prestigiadas a nivel mundial y uno de los creativos más reconocidos de México, pasó a ser algo más valioso: un ser humano que busca crear puentes de entendimiento mediante la comunicación. Sus diferentes empréstitos buscan reconectar a la gente con la naturaleza. Si esto te suena extraño, es que tal vez necesites reconectarte #santiagopando.

Qué sucede en nuestra sociedad:

“Vivimos en el mundo al revés, consumidos por las prisas, el estrés y el miedo. Estamos congestionados, deprimidos y empastillados. Atrapados dentro de un círculo vicioso que acidifica nuestra existencia porque la enfermedad es el gran negocio.”

A qué se dedica y en qué beneficia a las empresas:

“A comunicar vida. Recordar. Rehacer conexiones perdidas. Poner atención en que la salida a los problemas está muy en nuestra mano. ¿Cómo? En la alimentación. La intención es invitar a que los seres humanos, como individuos, lo comprendamos, y luego entonces las empresas. Si tomas conciencia del valor del alimento sano, toda tu vida se transforma. Lo mismo puede pasar con los cuerpos colectivos. La intención de hacer una jugoterapia de 21 días es demostrar en carne propia que la naturaleza te ayuda a revertir, a resanar, a reconstruir, a reconfigurar, a reaprender, a reinventarte.” (Ver tráiler de Re-conexión natural.)

Empresas basadas en comer bien en un mundo donde la industria está construida en comer chatarra es la forma menos probable de vivir siendo un exitoso publicista.

 

Las 2 llaves faltantes del secreto del “minus probabilismus”

Dice Jordi Mier, futurólogo de la innovación, que existen tres futuros: el posible, el deseado y el esperado. El posible es el interesante, el que reta a hacer lo impensable, el que determina todo lo demás y se basa en deslindarnos de las limitaciones creadas por lo que creemos son las probabilidades. No es que la probabilidad no exista, es que no se basa en nuestros supuestos comunes, y eso es lo que nos hace tener una visión corta y cuadrada en vez de expansiva y multiforme.

Ya sabemos que la mínima probabilidad es quitarnos la cadena de la ignorancia. Pero faltan dos cosas más para que esta estrategia nos sea útil:

  1. Intención. Ya sea que quieras poner una empresa que venda agua de lluvia (que ya existe, por cierto), cambiar el mundo con cualquiera de tus ideas o encontrar una ruta rápida dentro del tráfico, tu intención debe ser clara, constructiva y buena. La intención determina la expectativa de éxito, y el auténtico éxito es aquel que hace bien a la sociedad, que es nuestra familia, que eres tú, soy yo (y también la mascota y la planta).
  2. Intuición. Blaise Pascal, polímata, matemático y físico, le llamaba “lógica del corazón”. Y cito a Pascal como podría citar a Einstein, quien dijo que “la única cosa realmente valiosa es la intuición” para que sea evidente que es una realidad utilizada por los GRANDES pensadores y los GRANDES tomadores de decisiones como tú. Intuir que una actividad o idea es buena, a pesar de que las probabilidades digan lo contrario, es la llave para el éxito. “El corazón tiene razones que la razón desconoce”, dijo Pascal. Así, lo que parecía improbable se vuelve posible.

4:54 p.m. Viernes pasado: Un amable editor de Inglaterra y su subordinado especialista me dijeron que un artículo tan largo es improbable que sea leído. Dicen que es poco probable que a la gente le gusten los temas “profundos” y los términos rebuscados. Dicen que a los proyectos sociales y a los viejos secretos jesuitas nadie les hace caso. Escribe la nota dura, me dicen.

Y ¿sabes qué, querido lector? Tal vez tengan razón en una cosa: es mínimamente probable que hayas llegado hasta aquí. Por eso mismo, si sucedió… el resultado es muy valioso: cumple con el secreto de la riqueza de los jesuitas.

Tal vez Phil Collins sabía de esto, y por eso escribió “Against all odds” (contra toda probabilidad); lo mínimamente probable es el verdadero lenguaje del amor y del universo. Se basa en la fe en uno mismo y en la esperanza de que lo que se hace, por extraño que parezca, vale la pena.

A la postre, la canción:

 

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