Genchi Genbutsu es una expresión japonesa que significa “ir y ver in situ”, y suele usarse para referir que la mejor forma de entender un fenómeno es la observación directa del mismo. En pocas palabras, eso implica estar en el lugar, observar, preguntar y entender para descubrir cualquier oportunidad de mejora. El Genchi Genbutsu tiene que ser asumido como un hábito, una forma de trabajar.

En México, alguien gusta de este modelo de pensamiento. “Trato de ir y sentir el ambiente, hablar con algún cliente, no perder el piso; en lugar de que te presenten todo en Power Point, lo mejor es ir al lugar de los hechos, ver y entender mejor las situaciones”.

Después de varios meses de gestión, Forbes México tuvo acceso a un personaje que es reconocido por su management y que goza de un alto grado de reputación como pocos.

Enrique Zambrano es el presidente del Consejo de Administración y director general de Proeza, un grupo mexicano de altos vuelos, global, con presencia en América, Europa y Asia, el que tiene participación en los sectores automotriz (Metalsa), agroindustrial (Citrofrut), inmobiliario (Areya), telecomunicaciones (Astrum) y salud (Zánitas). Zambrano también es miembro de los Consejos de Alpek, Frisa, ITESM, CFE; y presidente del Comité Empresarial México-Japón del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce).

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Es un hombre de bajo perfil que, por mucho tiempo, se ha mantenido lejos de los periodistas. En esta ocasión, algo lo anima a hablar con Forbes México: compartir su pensamiento para aspirar a tener mejores empresas, mejores ciudadanos, un mejor país.

Desde su despacho en Monterrey, Nuevo León, uno de los hombres más reservados y que, consecuentemente, no gusta del protagonismo, pone un tema sobre la mesa: el punto de inflexión por el que pasa México y sus grandes retos de cara al futuro (o los peligros de retroceder).

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Zambrano pugna porque México cuente con un plan a 20 o 30 años que lo convierta en un país más diversificado. (Foto: Fernando Luna Arce/Forbes México)

¿Quién es Enrique Zambrano, según Enrique Zambrano?

Nunca me habían hecho esa pregunta de esta forma. Tiene muchas aristas, pero, en esencia, me considero una persona muy afortunada, con una gran familia. Por otro lado, me ha tocado seguir una trayectoria que nunca pensé, que nunca imaginé. Mi historia profesional viene de una cultura empresarial de varias generaciones. A mi padre (Guillermo Zambrano Lozano, primo hermano del extinto Lorenzo Zambrano) le tocó ser el emprendedor de su familia y formar Proeza, y nos dio la oportunidad de trabajar aquí y desarrollarnos, pensando en los negocios no sólo bajo una perspectiva patrimonial, sino como una forma de contribuir al desarrollo del país.

 

En el mundo de la década de los 70, cuando México tenía una economía muy cerrada y sólo exportaba petróleo, y padecía de un sistema político en el que no brillaba la democracia, Enrique Zambrano vivía sus años de juventud y formaba parte de aquellos movimientos en pro de la defensa del voto. Desde entonces, sabía que algo había que hacer para cambiar el panorama del país. Su formación era uno de sus motores. “Mi padre siempre nos empujó a estudiar y a retarnos a ser mejores. Él decía que la mejor herencia que nos podía dejar son las cosas que nadie te puede quitar: la educación y la cultura”.

Enrique Zambrano estudió en el Tec de Monterrey, tiene una maestría en Administración de Empresas por la Universidad de Stanford, y es ingeniero mecánico por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). “Realmente, mi experiencia más valiosa fue estudiar fuera de México, por dos cosas: primero, me exigieron retarme, salirme de mi zona de confort, para así saber que mis capacidades podían llegar más allá de lo que pensaba. Y eso me permitió saber que los mexicanos somos tan buenos como el talento de cualquier otra parte del mundo, pero también tenemos rasgos culturales y valores que nos dan una ventaja competitiva”.

 

¿Dónde estamos los  mexicanos?

Estoy optimista respecto de México. Sé que ahora estamos viviendo un proceso con mucha autocrítica, resaltando los puntos negros en la hoja blanca. Pero, a veces, no nos ponemos a pensar cuánto hemos avanzado como país. Creo que seguimos avanzando en una transición democrática y en nuestro desarrollo económico y social. Claro, esto ha tomado tiempo y los avances no han sido lineales; sentimos que avanzamos dos pasitos y retrocedemos uno; pero, si volteamos hacia atrás, podremos apreciar los cambios.

“Te comparto la analogía que más me gusta: Emprendimos una travesía, estamos atravesando un río grande y ancho, porque la transformación es profunda, y ya vamos cerca de la orilla: siempre tendemos a ver lo que nos falta para llegar a la orilla, no lo que hemos avanzado; creo que no es momento de echar para atrás, sino que debemos seguir avanzando con determinación y concluir exitosamente esta gran transformación”.

¿Qué debemos erradicar como país?

Erradicar suena a negativo. Yo te diría que son áreas de oportunidad. Hace falta robustecer algunas instituciones y ya no son muchas. El Estado de Derecho es algo que nos falta robustecer y darle mayor accountability a los gobiernos estatales y locales. Todavía, como país, creemos en el presidencialismo, en el centralismo, y le echamos la culpa al presidente, como si él pudiera controlar y resolver todos los problemas que nos suceden. Así, falta terminar de transformar el sistema de partidos; robustecimos algunas de las instituciones democráticas, como el INE, y otras económicas, como el Banco de México, pero creo que todavía falta mejorar el Estado de Derecho y el federalismo.

Y, en ese proceso de ajuste, ¿cómo enfrentar a Trump?

La integración regional ha sido muy positiva para todos y hoy es considerada como la región más competitiva del mundo. Por tanto, hay que reconocer que los tres países hemos salido ganadores.

Creo que hay complementariedad en nuestras economías. En todos estos años se ha desarrollado especialización y complementación.

Yo estaba muy preocupado al inicio de las circunstancias con Trump, pero cada día estoy más tranquilo porque los protagonistas de esta trasformación queremos que el TLCAN siga vigente. Ésa es la línea que se ha tomado, pero también creo que sí es necesaria una evolución en el tratado, que sea más integral, así como incorporar cosas que no existían o que eran incipientes hace 23 años; por ejemplo, el sector energético se transformó y ese rubro no se tocó en el TLCAN porque era reservado para el Estado. Ahora es un tema que se tiene que incluir; también el comercio electrónico, que no existía, y ahora es algo muy importante en las economías. Y el tercer tema que yo creo que se va a tratar es el fortalecimiento de algunas instituciones tripartitas, y me refiero a mecanismos más robustos para resolver controversias.

Proeza es una compañía diversificada que lo mismo fabrica componentes automotrices y construye edificios, que participa en telecomunicaciones y en la agroindustria. (Foto: Proeza)

Enrique Zambrano le pone unos granos de sal a la conversación. “Esta crisis nos ha hecho reconocer la gran dependencia económica que tenemos con Estados Unidos. Si bien ha sido un motor de desarrollo, también es importante ver, como mexicanos, que hay que reducir nuestra vulnerabilidad. Sí, ha sido fenomenal, pero, dado que puede haber problemas en el futuro, México debería de reducir la dependencia económica con Estados Unidos”.

Grupo Proeza es de esas pocas empresas mexicanas insertadas en las grandes ligas de la globalización y es así que, en lo que llama “Visión 2020”, pretende fortalecer su participación en mercados de alto crecimiento.

“México ya es un país abierto, insertado globalmente, y tenemos una serie de tratados y convenios que debemos aprovechar. Parte de nuestro trabajo es hacer un plan estratégico a 20 o 30 años para tener un país más diversificado, un país con raíces más profundas con otras economías. Ahora estamos entrando a otra etapa de nuestro desarrollo y el reto es evolucionar hacia una economía del conocimiento.

No quiero ser técnico en términos económicos, pero hay algo que los estudiosos en desarrollo económico nombran como el middle income trap (la trampa de las economías medias), lo que significa que no estamos al nivel de África y tampoco somos un país desarrollado; estamos en medio y el reto es cómo pasar a la siguiente etapa y no quedarnos estancados en lo que nos ha dado resultados. Así, el reto es siempre estarnos retando”.

¿La carrera política hacia 2018 puede detener este camino hacia nuestras redefiniciones?

Definitivamente, estamos ante un parteaguas. Recuerda la analogía del río: hay algunas visiones que pugnan por regresar a la orilla de donde partimos y otras que pugnan por continuar avanzando. En mi opinión, sería un gran error tratar de regresar, porque eso se contrapone con ese estado futuro, con esa visión de un país plenamente desarrollado.

Uno de los retos es la fragmentación política que hemos tenido, donde se ha dividido mucho la opinión de los mexicanos y vemos que los partidos han ganado elecciones con 30% de los votos.

Por ello, me parece que es importante disponer del modelo de la segunda vuelta [electoral] para, realmente, debatir si queremos ir para acá o para allá, ya que, en caso contrario, puede ganar la minoría. Para mí, una preocupación importante es cómo elaborar una visión de país.

¿Es buen momento para detonar el activismo de los  empresarios?

El activismo político me parece que puede ser muy negativo, oportunista. Yo no creo en ese activismo; yo creo en construir, en unir, en fomentar la confianza.

¿Hay líderes para ello?

Hay líderes, pero hay mucho ruido y no han emergido líderes fuertes. ¿Hay esperanza de que emerja en esta situación un líder fuerte? Yo creo que sí.

El ejemplo que acabamos de ver es Francia; el ejemplo de Macron, que emergió y logró consolidar y unir. ¿Esto se va a dar en México? No lo sé, no soy adivino, ojalá tuviera una bola mágica.

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Coaching express

La experiencia acumulada de Enrique Zambrano le ha permitido ser reconocido como un líder de los negocios. Algo más lo caracteriza: su permanente reserva a compartir rasgos personales y familiares. Pero algo no oculta: su pasión por el golf, del que ha extraído algunas lecciones de liderazgo.

  1. Necesitas tener tu centro bien puesto, tu brújula, tus valores, tu misión en la vida.
  2. Mantén un balance. Siempre hay una competencia entre la familia (que es lo más importante) y el trabajo, pero lo fundamental es tener todas estas pelotas en el aire y que no se te caigan.
  3. Ejerce el mindfulness. Es vital el autoconocimiento (self-awareness), que tengas tus espacios para respirar y reflexionar. No seas un robot.
  4. Disfruta el proceso. A veces, el resultado sale bien y, a veces, no. Tienes suerte y rebota bien la bola… o rebota mal y caes en una trampa. No estés tan preocupado con el resultado: enfócate en el proceso y disfrútalo. Hay que confiar en que un buen proceso lleva a un buen resultado. Claro, también hay que checar el resultado porque, si todos los resultados son malos, hay que ajustar el proceso.
  5. Acepta el azar, ya que, en ocasiones, salen bien las cosas por cuestiones de suerte y, a veces, salen mal por cuestiones de suerte. Distinguir esta parte no es fácil, porque hay que separar qué haces bien de las circunstancias que son suerte, y apreciar cuando las cosas salen bien.
  6. Practica. Hay un libro llamado Outliers: The Story of Success, que dice que hay 10,000 horas para la excelencia. Entonces, no hay como la perseverancia, la consistencia y, realmente, practicar.
  7. Acompáñate de un coach.

 

Las cinco divisiones de negocio de Proeza tienen presencia en América, Europa y Asia. Foto: Proeza

 

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