Por Andrés Arell-Báez*

En 1976 Richard Dawkins publicó el que sería su primer gran best seller, un libro titulado El Gen Egoísta. La base teórica de su obra era que la evolución en nuestra especie se basaba en los genes y no en los humanos, quienes, desde su perspectiva, no eran más que “máquinas de supervivencia” para los primeros. El texto, que catapultó a la fama internacional a su autor, contraía también un neologismo que con el tiempo habría de hacer carrera: el meme.

Para Dawkins, según su libro, un meme es, en términos científicos, una unidad teórica de formación cultural heredable de un individuo a otro. Complementando su trabajo, en 1999 la doctora de la Universidad de Oxford, Susan Blackmore, dictaminó en “La Máquina De Los Memes”, que éstos (los memes) son hábitos, habilidades, canciones, historias o cualquier otro tipo de información que se copian y traspasan de una persona a otra.

Ana Cortés, la couch mexicana que el año pasado nos dio “Cinco Consejos Para Alcanzar La Libertad Financiera”, complementa el mismo concepto, ahora establecido como un elemento importante para la enseñanza que imparte a sus alumnos, a quienes les da herramientas para obtener un más brillante futuro económico. En sus palabras, “de lo que estamos hablando es de una herencia transgeneracional. Es decir: así como recibimos una herencia física, recibimos también una emocional”. Y una cultural, nos arriesgamos a complementar en este espacio. Acorde a su conocimiento, “nuestra memoria celular alcanza a llegar hasta siete generaciones anteriores, llenando nuestra existencia de emociones que la mayoría de veces desconocemos”. No parece equivocado decir que, acorde a los autores, nuestro futuro está determinado por nuestro pasado.

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En muchos países de América Latina es bien conocida la sentencia aquella que dice que “los hijos repiten los errores de los padres”. “Estamos programados –nos dice Ana-, para replicar los comportamientos que nuestros antepasados tuvieron, buscando ponernos a cada uno frente a las mismas situaciones a las que ellos se enfrentaron”. Traslapar las palabras de nuestra entrevistada a la realidad no es difícil: Steve Jobs fue un hijo abandonado para luego convertirse en un padre que abandonó a su hija; Peaches Geldof murió de una sobredosis de heroína, tal y como le había sucedido a su madre, la también escritora Paula Yates; y, de mencionar en este espacio, las innumerables tragedias sufridas por la familia Kennedy en Estados Unidos, llegando conocerse el conjunto de éstas como la “Maldición Kennedy”.

“Todo eso, en nuestra vida laboral o empresarial, es de la mayor importancia”. El BBVA parece compartir el pensamiento de Cortés, lo que postulamos después de leer el folleto hecho por el banco titulado “Guía Para Que Los Hijos No Cometan Los Mismos Errores Financieros Que Sus Padres”. “En muchos casos -continúa Ana-, lo que hacemos es duplicar los desaciertos del pasado, incluso buscando en personas cercanas a nosotros unos dobles de aquellos que han afectado nuestra ascendencia, con tal de ponernos en la misma situación y poder superar un dolor con el que cargamos”.

Los ejemplos, generalmente, son más dicientes que los conceptos. “Una de mis alumnas -recuerda la empresaria- era una arquitecta infeliz en su trabajo y obsesionada con los hogares de interés social. Nuestro trabajo nos llevó a escarbar en su pasado y encontrar que su abuela había quedado desahuciada, permitiéndonos concluir que lo que ella buscaba era superar ese dolor”. Con una metáfora Ana explica mejor su nuevo enfoque. “Es como si todos nosotros fuéramos un computador lleno de virus, los que nos han llegado por nuestros padres. La idea es formatearnos para liberar ese espacio y llenarlo con nuevos programas, más positivos para nuestra vida. Por culpa de esos virus, muchas veces tomamos decisiones con dobles intenciones y radica allí, generalmente, las causas de nuestros males”.

Ana, en esta parte, habla desde su experiencia personal: “Mi abuela solía decirnos que uno vale mientras tenga dinero. Al nosotros ser una familia de recursos limitados, eso nos afectó completamente y lo que yo hacía en mi vida era buscar dinero de manera desenfrenada, de forma que pudiera darme valor. Pero, una vez lo obtuve, exactamente igual a lo sucedido con mis antepasados, lo perdí todo por malas decisiones ligadas a establecer malas asociaciones, con personas que fueran a traicionarme, buscando dobles de personajes de mi pasado. Lo que buscaba era enfrentarme a esa situación con tal poder actuar diferente frente a ella”.

Ese acto de búsqueda de algo material con tal de obtener algún tipo de reconocimiento, tiene sustento en lo dicho por Alain de Botton en su famosa charla en TED. Explicó él, en ella, que muchas veces no obtenemos las cosas por sus cualidades, sino por las emociones ofrecidas al conseguirlas. En una parte de su conversatorio recomendó esto: “la próxima vez que vean una persona en un Ferrari no piensen hay va una persona ambiciosa, piensen más bien hay va una persona necesitada de afecto y emoción”.

Pero, como decimos los hispanos, algunas personas nacen con estrella y otros nacen estrellados. “La programación en nuestro ADN puede ser también -cuenta Ana Cortés- un activo, un elemento que nos catapulte hacia el éxito en la vida”. Pero la realidad nos enfrenta la mayoría de las veces a una situación contraria. “A nivel subconsciente tomamos decisiones opuestas a lo que queremos hacer en la vida. Por decirte algo, deseamos ser emprendedores y nos capacitamos para serlo; pero hacemos todo lo posible para usar todo nuestro tiempo en el empleo que ya tenemos. Y actuamos de esa manera por un miedo inconsciente a nuestro interior, una programación con la que venimos que nos impide dar el paso. Seguramente alguien en nuestra familia ya había tomado ese rumbo y fracasó y, por lo tanto, nosotros actuamos a nuestro interior de manera contraria a lo que exteriormente quisiéramos ser. Es, en ese caso, nuestra herencia la nos lo está impidiendo”.

Ana, después de haber superado una crisis que la ha traído por estas áreas, nos concluye con un mensaje. “Lo importante es entender que no somos malos, o perdedores o un fracaso; sino que estamos programados para actuar de maneras que no son las mejores para nuestra vida y, por lo tanto, el objetivo es reprogramarnos. Nos asociamos con personas que sabemos no son las ideales, generamos relaciones personales que sabemos van a ser dañinas, alejamos a buenas personas de nuestro entorno; pero lo hacemos porque así lo dictamina nuestra herencia transgeneracional. Hoy tenemos herramientas que nos ayudan a superar esas cargas y alcanzar nuestros objetivos a través de una reprogramación. Una vez hayamos sacado eso de nosotros, se nos abre un mundo de oportunidades. Hoy nuestra misión está enfocada en dar las herramientas para alcanzar el éxito y la libertad financiera; pero para llegar a él de una forma libre que nos permita gozarlo y mantenernos estables”. Una lección que llega a los más de 250.000 seguidores que tiene ella en su Facebook.

En términos generales, de lo que habla la autora es de la mimética, una ciencia en estado de desarrollo que ha recibido fuertes críticas; pero que como dijo ella en una entrevista con Televisa “las mismas críticas se le hacían a la inteligencia emocional y a Daniel Goleman cuando se comenzó a hablar de ella”. Ya sabemos en qué terminó esa historia; estaremos atentos a ver en qué termina esta.

*Andrés Arell-Báez es escritor, productor y director de cine. CEO de GOW Filmes.

 

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