Por: Javier Arreola y Guillermo Ulises Ruiz-Esparza*

 

La humanidad enfrenta una crisis sin precedentes, no solo por el COVID-19, sino también por la falta de organización y colaboración a nivel mundial. No existe una estrategia conjunta global, ya que cada país ha decidido seguir su propia táctica de contención y mitigación.

Hay países que cuentan con múltiples estrategias internas, que difieren a niveles municipal, estatal y federal, especialmente por diferencias políticas o ideológicas. En España e Italia, los resultados de salud y economía fueron catastróficos por la falta de preparación y organización, así como por la mala o lenta ejecución de políticas públicas.

Existen diferentes tipos de estrategias para combatir una pandemia; discutiremos las tres más relevantes del momento y las compararemos con la situación de México.

1. Distanciamiento social, restricción de la movilidad y diágnostico masivo

Medidas de distanciamiento social y restricción de la movilidad han probado gran eficacia en pandemias del pasado, y ciudades que no han sabido implementarlas a tiempo han pagado un alto costo.

Durante la gripe española, cuando Filadelfia reportó sus primeros casos el 17 de septiembre de 1918, las autoridades no le dieron la importancia necesaria y continuaron autorizando reuniones públicas, incluyendo la de la ciudad, con 200 mil asistentes. El distanciamiento social se impuso hasta el 3 de octubre, cuando la enfermedad ya se había expandido y el sistema de salud ya estaba colapsado. Esto resultó en 500 mil infecciones y 16 mil muertes.

En comparación, la ciudad de St. Louis detectó sus primeros casos el 5 de octubre y aplicó distanciamiento social dos días después, logró aplanar la curva, sin presentar saturación de los servicios de salud y causando una mortalidad de 700 fallecimientos. La implementación rápida del distanciamiento social ayudó a que la cadena de transmisión exponencial se cortara.

En la actualidad, se hipotetiza que una de las razones por las que Corea del Sur ha sido exitosa en la contención del COVID-19, tiene que ver con cuestiones culturales de higiene que promueven el distanciamiento social como estilo de vida, así como la disciplina de la población.

La aplicación de medidas de distanciamiento social en México resulta más compleja, ya que gran parte de la población trabajadora y dueña de pequeños y medianos negocios vive al día y no cuenta con una base de ahorros como para suspender actividades sin dejar de comer. Esta población se tendría que proteger con medidas económicas de apoyo gubernamental para que puedan resguardarse en sus casas.

La realización de pruebas diagnósticas es otro aspecto fundamental para frenar pandemias Hace unos días, el Presidente de la OMS declaró que la manera de vencer a esta pandemia es si los países realizan la mayor cantidad de pruebas en personas sospechosas. Al día de la declaración de la Segunda Fase, México había realizado alrededor de 4 mil pruebas diagnósticas en total —se muestran en la conferencia vespertina—, muy distinto a las 10 mil pruebas que aplica Corea del Sur en un solo día. El gobierno mexicano ha argumentado que las medidas de distanciamiento social se han tomado a tiempo debido al número de casos reportados hasta antes de esta segunda fase; sin embargo, con insuficientes pruebas diagnósticas aplicadas es difícil no considerar un potencial subdiagnóstico de la problemática.

Recientemente, Anthony Fauci aceptó ante su Congreso que EU falló en la realización de pruebas diagnósticas. Bill Gates considera que ya se perdió el periodo crítico para su realización, coincidiendo con epidemiólogos que dicen que las pruebas se debieron aplicar hace un mes, con el objetivo de localizar y atacar los casos; la alternativa es la cuarentena nacional con parálisis económica que potencialmente será necesaria para mitigar la transmisión de la enfermedad. En México es necesario incrementar rápida y drásticamente el número de pruebas para tener una mejor visión de la problemática real y combatirla mejor.

2. Inmunidad de grupo

La segunda estrategia se alcanza cuando suficientes personas de una población se vuelven inmunes a una enfermedad infecciosa, interrumpiendo los canales de transmisión de la enfermedad, y con el tiempo, disminuyendo drásticamente su contagio. Se puede obtener la inmunidad solo por vacunación o infección; en el último caso, cuando una gran cantidad de la población adquiere la enfermedad, solo los sobrevivientes adquirirán la inmunidad.

Marc Lipsitch, epidemiólogo de la Universidad de Harvard, ha calculado que, para que esta estrategia sea exitosa deteniendo la pandemia, se necesitaría infectar por COVID-19 a al menos el 60% de la población mundial, a efecto de generar los anticuerpos que otorguen inmunidad hacia esta enfermedad.

Con el fin de mitigar los efectos económicos a corto plazo, algunos países como Suecia han implementado por momentos esta estrategia; sin embargo, la OMS advierte que ésta podría llevar a peores pérdidas económicas y a un incremento en la mortalidad si los recursos médicos son limitados o si la distribución de casos no está bien distribuida geográficamente —se sobrecargarían algunas áreas y sería más difícil aplanar la curva.— Recientemente, el Reino Unido abandonó este enfoque después de que expertos del Imperial College de Londres calcularan que, en lo que se infecta a la población, habría al menos 250 mil muertes.

Una estrategia como esta en México podría resultar dantesca debido a la insuficiente infraestructura y recursos con los que cuenta el sistema de salud en la actualidad. Por ejemplo, el sistema de salud publico solo cuenta con poco más de 5,500 ventiladores —el dispositivo médico más crucial en esta crisis— a nivel nacional, además del alto porcentaje de ocupación con el que ya cuentan los hospitales y sus presupuestos limitados.

3. Vacunación

La vacunación es el arma más importante en el largo plazo, pero al día de hoy, no hay vacuna disponible para COVID-19. Recientemente se han hecho avances significativos, ya que una veintena de compañías de diferentes latitudes globales están trabajando en el desarrollo y prueba de diferentes candidatas a vacuna.

Muchas personas especulan que se podría tener una vacuna pronto; sin embargo, las pruebas clínicas toman meses, y posterior a eso, la manufactura masiva tomaría tiempo, con esto en mente podríamos estimar ver una vacuna funcional hasta dentro de 12 a 18 meses.

Escenario actual

Analizando las decisiones recientes, parecería que México y EU,  estarían apostando por afrontar la pandemia de manera inicial con una combinación entre la estrategia de inmunidad de grupo y una variación más limitada, y no tan agresiva de la estrategia de distanciamiento social, todo esto con el objetivo de mantener activo al país y evitar repercusiones económicas a corto y largo plazo.

El Presidente de EU declaró que buscaría reactivar la economía lo antes posible, pero es difícil visualizar la aplicación de una versión limitada de distanciamiento social. En el caso de México, se requiere mucha mayor agresividad en la aplicación de pruebas diagnósticas y ya ni hablar de la infraestructura del sistema de salud que es muy inferior y más frágil a la de otros países: México tiene 1.5 camas por cada mil habitantes, mientras que China tiene 4.2, Italia 3.2, España 3.0, y EU 2.9.

Para que México salga avante de esta crisis mundial y pueda sobreponerse a los efectos de esta pandemia evitando escenarios dantescos, es imperativo traer a la mesa a más expertos —hay ocho ex Secretarios de Salud, médicos de más ramas, además del ya instalado Consejo de Salubridad General,  y que se forme un Consejo de Economía General— para hacer un análisis exhaustivo de la estrategia. Esto conllevará importantes sacrificios en materia económica, pero se trata de que sean los más razonables mientras antepongan el humanismo y la vida de la ciudadanía, ya que sin salud no hay economía.

*Guillermo Ulises Ruiz-Esparza es Médico Cirujano, Doctor en Ciencias e Investigador. Dirige el grupo de investigación de Nanomedicina Molecular en la División Conjunta de Ciencias de la Salud y Tecnología de Harvard y MIT.

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