Por Fernando J. Cabrera*

Todos sabemos que los deportes profesionales tienen un efecto motivacional positivo en la participación de jóvenes en la práctica deportiva.  Mientras mayor relevancia en la sociedad tengan los atletas profesionales como modelos a seguir, mayor será el efecto positivo logrado en la juventud. En palabras de un atleta aficionado “ellos establecen el estándar para nosotros, ponen las metas que intentamos alcanzar diariamente, nos dan la esperanza de ser como ellos”.

Las redes sociales y el internet han llevado esta admiración por los atletas profesionales más allá de la competencia, ahora, es posible conocer su estilo de vida y muchos de sus comportamientos en la sociedad a la que pertenecen, es natural que los jóvenes aficionados busquen imitarles, en palabras de uno de ellos “es bueno ver a quienes están al máximo nivel, si llegaron ahí es por una razón, tomar sus experiencias y ver cómo viven cada día me da la expectativa de llegar a ser como ellos y jugar al mismo nivel”.

Mientras que los atletas profesionales pueden motivar a muchas personas, su fama y éxito en ocasiones conllevan un alto precio; para ellos, ser un modelo a seguir, implica cuidar cada uno de sus actos y palabras en público puesto que se encuentran en un escrutinio permanente, son juzgados constantemente y medidos con altos estándares. Usualmente esta circunstancia no es fácil de asimilar cuando los atletas profesionales normalmente se encuentran entre los 20 y los 30 años de edad y generan altos ingresos económicos.

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Los medios de comunicación en su afán de generar espectáculo (rating) no sólo del desarrollo habitual del deporte, sino también del drama de la vida real de los atletas profesionales, en ocasiones dan más peso mediático a esto último sobre el desempeño en el campo de juego. El deporte profesional es en primer lugar un negocio y después una competencia deportiva, esto significa que hay conductas permitidas para lograr que el deporte profesional sea espectacular pero que no son las apropiadas en un sistema deportivo escolar o en un ambiente de vida familiar que promueve valores y respeto a las reglas.

Una encuesta elaborada por la Fundación de la Familia Kaiser reveló que los niños encuentran común que los atletas profesionales a quienes identifican como modelos a seguir, griten a los árbitros, utilicen lenguaje obsceno y agredan a sus contrincantes.

Las conductas negativas en las que pueden incurrir los atletas profesionales dentro y fuera de la competencia deportiva son entre otras las de violencia de género, racial y física; fiestas excesivas, consumo de alcohol, dopaje; apuestas ilegales, participación en partidos arreglados; etc.

Hace más de 25 años durante los juegos olímpicos de Seúl Corea, el velocista Ben Johnson dio positivo por el uso de esteroides anabólicos y fue sancionado con la prohibición de participar en competencias por cuatro años. En contraste, en el 2017, Nelson Cruz, jugador de la liga mayor de beisbol de los estados unidos, fue suspendido por 50 partidos tras un escándalo también de dopaje por el uso de esteroides; un año después Cruz fue enlistado como jugador abridor en el juego de estrellas de la MLB y votado como el mejor jugador de su posición por los aficionados; pareciera que Nelson Cruz pasó de la tragedia a la gloria.

Otras sanciones importantes en el mundo deportivo recordamos a Latrell Sprewell quien fue elegido en la primera ronda del “draft” de 1992 de la NBA y fue cuatro veces All Star, miembro del quinteto ideal de la temporada 93-94, subcampeón con los Knicks en 1999. Sin embargo, no le recordamos tanto por estos récords sino por el altercado suscitado el 4 de diciembre de 1997, durante un entrenamiento con su equipo de la NBA (Warriors). El entrenador Carlesimo le recriminó a gritos los pases que estaba fallando. El jugador le dijo que no estaba para críticas y que mantuviera las distancias. Cuando el entrenador se le acercó, Sprewell se fue hacia él, amenazó con matarle, le agarró por el cuello ahorcándolo por varios segundos, dejándole una marca visible y lo lanzó al suelo. Veinte minutos después, tras dejar por fin el entrenamiento, a lo que en principio se había negado, el jugador le dio un golpe en la cara. En un principio los Warriors le castigaron con diez días de pérdida de empleo y sueldo (aquel año ganaba 7,67 millones de dólares), pero al comprobar la magnitud del escándalo decidieron cancelar su contrato de 32 millones de dólares. Sprewell apeló y la sanción del club quedó en 68 partidos (los que faltaban para el final de la temporada), lo cual fue anunciado por el Comisionado de la NBA David Stern y representó una pérdida de 8 millones de dólares de su salario.

En contraste con el caso de Sprewell, está lo acontecido con el jugador de beisbol de los Orioles de Baltimore, Roberto Alomar, quien durante el último partido de la temporada de 1996 tras enfrascarse en una discusión con el umpire Hirschbeck, respecto al tercer strike que éste le había marcado; enardecido y furioso, cuando Hirschbeck hizo alguna referencia a su origen boricua y a su madre, le espetó un escupitajo a la cara. Alomar fue suspendido por cinco partidos y tras ser apelada la sanción por la Asociación de jugadores, se decidió que la suspensión surtiría efecto hasta la primavera siguiente, permitiéndole a Alomar jugar la serie de playoffs contra los Indios de Cleveland, donde, en el quinto partido de dicha serie, en la doceava entrada, Alomar conectó un home run que dio el avance en los playoffs a los Orioles sobre los Indios.

Las historias de Sprewell y Altomar son significativas ante el cuestionamiento de cuanto y cuando debemos sancionar a los jugadores que incurren en conductas violentas, ¿5 partidos por escupir a un árbitro y 68 por ahorcar a tu entrenador?, ¿estas sanciones deberán fijarse durante la temporada y no durante las rondas de postemporada para no afectar el espectáculo?

Han pasado más de 20 años del escándalo mundial del mordisco en la oreja de Tyson a Holyfield que siete meses antes le había arrebatado el cinturón mundial de los pesados por nocaut (técnico). Lo que ocurrió aquel día en el MGM de las Vegas es que Tyson se había sentido robado en la primera pelea debido a los constantes cabezazos que Holyfield lanzó, y que no fueron sancionados; la tónica se repitió en los primeros rounds de aquella noche, lo que provocó que Mike reaccionara de forma inverosímil en el tercer asalto, justo cuando ambos juntaron sus cabezas Tyson le arrancó un pedazo de cartílago a Evander con sus dientes, infringiendo una lesión muy dolorosa; lo hizo frente a una audiencia mundial, situación que llevó a los jueces a detener la pelea inmediatamente y a declarar a Mike perdedor, además de que fue suspendido por un año y medio, ésta sanción fue muy similar a la de Sprewell, con la diferencia que lo sucedido con Latrell fue en una práctica y lo de Tyson frente al mundo entero!

En la final de la Champions League del año pasado, el capitán del Real Madrid, el defensa Sergio Ramos, participó sin ser sancionado personalmente, en una clara falta en contra del delantero egipcio del Liverpool, Mohamed Salah, lesionándolo y poniendo en riesgo su participación en la Copa del Mundo; ante esto, los aficionados del Liverpool iniciaron una campaña con más de 300 mil firmas en redes sociales para pedir que Ramos fuese sancionado; asimismo, el abogado egipcio Bassem Wahbaa anunció que demandaría a Sergio Ramos por causar daños físicos y psicológicos al pueblo egipcio ante la posibilidad de perder a su jugador estrella en el Mundial de Rusia 2018. Unos meses más tarde Ramos fue reconocido por la UEFA como el mejor defensor de Europa.

Notamos que no existen criterios unificados en la parte de sanciones deportivas entre las diferentes asociaciones o federaciones deportivas. En algunos casos la sanción es fuerte y excesiva en otros es leve y sin consecuencias.

Kareem Hunt, líder de acarreos de la NFL en el 2017, fue suspendido y retirado del equipo de los Jefes de Kansas City tras la aparición de un video en el que se le ve golpeando violentamente a una mujer de 19 años de edad. La ausencia de Hunt como unos de los mejores corredores de la NFL en la temporada 2018 fue un factor decisivo que impidió a los Jefes poder haber llegado al Superbowl. A pesar de ello, el equipo de los Cafés de Cleveland lo contrató para darle una oportunidad de cambiar y superarse con la firme intención de ganar el Superbowl 2019.

Este es el caso de una misma liga donde la sanción se percibe desde dos puntos de vista totalmente diferentes. En el caso de los jefes de Kansas City fue una falta grave sin excusa alguna ameritando su expulsión inmediata del equipo y para los Cafés de Cleveland fue una conducta que no debe afectar la carrera del jugador y puede recibir una oportunidad de cambiar para bien. A su vez el Comisionado de la liga se vio envuelto en un tema que si amerita una sanción pero que al final de cuentas debe mediar entre lo que se va a perder como espectáculo en su liga contra la posible sanción que se debe imponer. Abra que dar seguimiento a este caso.

En el futbol mexicano, durante el torneo de invierno del 2017, se suscitaron diversos eventos violentos de jugadores en contra de los árbitros en partidos oficiales, es el caso de Pablo Aguilar del América y de Rubens Sambueza del Toluca, quienes, en partidos diversos, cada uno agredió físicamente al árbitro del encuentro. Inicialmente la Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) informó que el jugador paraguayo del América Pablo Aguilar había sido suspendido por 10 partidos, en tanto que al argentino Rubens Sambueza, fue inhabilitado por ocho. La Asociación Mexicana de Árbitros consideró insuficientes las sanciones impuestas a los jugadores por lo que anunció un paro para la jornada 10 del torneo, mismo que se llevó a cabo. Tras el paro, la FMF amplió las acciones a un año, logrando con ello que los silbantes regresaran a las canchas. Posteriormente estas sanciones fueron apeladas y revertidas al castigo inicial por lo que la asociación de árbitros lamentó la nula defensa que tuvieron por parte de la Comisión de árbitros de la Federación.

Cuando un atleta estrella mantiene una conducta negativa que debe sancionarse, es posible que la sanción que se le imponga afecte no solo su historial personal y su reputación sino también la estrategia de su equipo sobre la que se ha empeñado el trabajo de toda la franquicia, generando a su vez un impacto negativo en la afición que ve sus expectativas disminuidas. Por ello cabe cuestionarse si la sanción es en realidad al atleta o a su equipo o a la afición.

Estas situaciones nos invitan a hacernos algunas preguntas interesantes ¿Estamos siendo blandos o estrictos en las sanciones?, ¿Cuál debe ser el criterio sancionador a los atletas profesionales?, ¿qué mensaje se está enviando a los atletas y a los jóvenes que los siguen? ¿Como perjudica esto a los equipos y a los aficionados?

Sin duda, la existencia de códigos y tribunales especializados con competencia mundial para estos temas es un acierto en lo que a justicia deportiva concierne; sin embargo, aún está pendiente un debate importante respecto a los criterios que permitan sancionar a los atletas que incurren en comportamientos negativos sin que dicha sanción afecte a sus equipos y a los aficionados.

Dada la importancia que tiene para los deportistas estrella los ingresos que perciben de sus patrocinadores, una posible alternativa es que, en los contratos relativos a su imagen, los atletas sean acreedores a sanciones financieras significativas en el caso de que incurran en comportamientos negativos que afecten su posición como modelo para seguir, a sus equipos o las marcas que patrocinan.

Las ligas profesionales y las federaciones también podrían considerar imponer sanciones enfocadas a que los atletas realicen obras sociales en beneficio de la comunidad cuando por la condición especial del deportista en relación con su entorno, otro tipo de sanciones pudiera afectar significativamente a su equipo o a la afición.

En todo caso parece necesario abrir la conversación respecto a los tipos de sanciones y criterios de aplicación de estas, que nos permita construir una justicia deportiva que logre el mejor comportamiento posible de los atletas profesionales al tiempo de garantizar el máximo nivel competitivo de las diversas disciplinas sin afectar las estrategias de las franquicias ni las expectativas de la afición.

*Experto en Derecho del Deporte

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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