La realidad es brutal y no porque el país esté en bancarrota, sino porque el país está inmerso en una dura situación con la que vivimos desde hace muchos años. El problema real fue que, contra las fabulosas ofertas de campaña de repartir dinero por todos lados, eliminar las reformas y cambiar de la noche a la mañana todo, ya se dieron cuenta poco a poco que es verdaderamente imposible.

Lo interesante de esta declaración, bastante demagógica, por cierto, es que tácitamente ya están aceptando que no pueden cumplir todas las promesas que les sirvieron para ganar la elección. Desde la lógica del poder entienden claramente que es necesario cubrirse las espaldas y lo hacen en el momento que empiezan una gira de “agradecimiento” a toda la población. En realidad, lo que están buscando es matizar, frente a la población, que no se va a poder cumplir con mucho de lo que se ofreció, es decir, intentan bajar las expectativas de la ciudadanía con respecto a su gobierno antes de la toma de posesión.

Esto es muy importante y en las próximas semanas es lo único que vamos a escuchar, que el sistema político no sirve, que la economía está destrozada, que estamos en bancarrota y otras típicas historias de fin de sexenio. Renace de nuevo en el discurso la mafia del poder porque le van a hablar al pueblo. Pero tenemos un problema, con ese discurso quieren matizar los ánimos del pueblo que tiene sed de venganza, no saben a ciencia cierta de qué, pero la tienen. Ya veremos cuál será la respuesta, ya que en los foros de víctimas de la semana pasada AMLO se enfrentó, por primera vez, a la rabia de los familiares de las víctimas; su mensaje de perdón y paz no funcionó y tanto él y como su futuro gabinete de gobernación pasaron un muy mal momento.

El nuevo gobierno prometió tanto y por querer cambiar muy rápido no se dio cuenta que la mitad de las propuestas que ofreció se contraponían unas a otras; hubiera sido más sencillo no ofrecer tanto y enfocarse en cosas que tuvieran resultados positivos a corto plazo, por ejemplo, inseguridad, lucha anticorrupción y generar más empleo, sin crear expectativas desbordadas con las que ahora tienen que enfrentarse.

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El problema del discurso de la bancarrota es que puede jugar un efecto búmeran peligroso, qué van a decir los inversionistas cuando escuchen al nuevo gobierno decir hasta el cansancio que el país está en bancarrota y no hay dinero, cuando se está buscando inversiones para generar empleo y fondos para construir el nuevo tren en el sureste mexicano.

Como siempre el discurso político suena bien, pero tiene filos que es muy importante cuidar para no crear malas interpretaciones en el exterior, porque si a esto le sumamos lo complejo de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, se pueden juntar factores que pueden afectar los escenarios económicos.

La única buena noticia es que por fin ya terminó la campaña electoral y sus discursos, bienvenida la cruda realidad.

 

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