En las siete rondas de renegociación que se han llevado a cabo para lograr una versión más moderna y dinámica del TLCAN, se lograron avances importantes en la actualización, más no en la modificación del texto del TLCAN, pues se tocaron temas en donde prácticamente no hay diferencias operativas y de reglamentación.

Los avances de forma, pero poco de fondo ofrecen una antesala para la octava ronda contextualizada por el inicio de lo que parece ser la guerra comercial del siglo (entre EU y China).

Equipo de negociadores de los EU han sorprendido con un cambio importante en la postura respecto a las reglas de origen en el sector automotriz.

Ante la adversidad del escenario político en la región, EU ha intensificado su agenda comercial con la intención de darle al presidente Trump una victoria previa a las elecciones intermedias del próximo noviembre; quizás no en los términos que a él lo harían feliz o incluso en los términos prometidos durante su campaña por la presidencia de los Estados Unidos, pues los legisladores y las cúpulas empresariales han reiterado su interés en mantener a su país dentro del acuerdo comercial.

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En este contexto y ante la convulsionada relación con China, Estados Unidos ha aceptado eximir de sus nuevos aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio a México y a Canadá hasta el 1 de mayo, fecha en que la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos inicia el proceso de revisión del impacto económico del TLCAN a fin de ofrecer la postura definitiva del Congreso respecto al Acuerdo.

A partir de esa fecha se tienen 105 días para emitir un dictamen que se antoja difícil sea alcanzado por unanimidad pues al interior del órgano legislativo existen grandes divisiones en temas coyunturales para estados de la Unión con gran impacto en el PIB.

A pesar de que el presidente Donald Trump insista en que las negociaciones del Tratado no han presentado avances significativos, las rondas previas prepararon el terreno para que esta octava ronda llegue con una sorpresiva flexibilización de una de las demandas más importantes hechas por EU. Se trata de la propuesta que distinguiría entre repuestos para automóviles, que originalmente buscaba que el 85% de todos los vehículos provinieran de los tres países del TLCAN en los principales componentes como transmisiones, motor, tuercas, tornillos. Ahora, la propuesta busca agrupar los componentes de refacciones en cinco grupos, lo que permitirá a los productores alcanza umbrales de origen que pudieran alcanzar el 85%.

Este cambio de timón en la postura de los EU deja ver que es ese país el que tiene más prisa por firmar el acuerdo comercial, esto, ante la agresiva respuesta de China con la imposición de aranceles a más de 160 productos estadounidenses.

Por supuesto que la tensa relación comercial con China favorece el clima de la concertación para la actualización del TLCAN y abre la puerta para que ante los escenarios políticos regionales y los comerciales a nivel global, el TLCAN tenga la oportunidad de renacer con una mejora del balance comercial entre los países de la región y con modificaciones que de ninguna manera podrían culminar con una suspensión o limitación del comercio.

Los próximos procesos electorales (Ontario 7 junio, México 1 de Julio y EU 6 de noviembre) son ciertamente el motor que impulsa la dinámica de este proceso de renegociación para la región, pero hoy en día, el TLCAN se ha convertido más en un tema prioritario de la agenda política en los EU más con tiempos electorales que por dinámica comercial.

 

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