El TLCAN fue, durante la campaña de Donald Trump, satanizado con el fin de generar un sentimiento nacionalista que sirviera a los fines del extremismo de derecha. Se le culpó de la pérdida de empleos manufactureros en Estados Unidos y se le calificó de un trato muy malo para Estados Unidos debido a que le genera déficits comerciales.

Trump ganó las elecciones con base a una serie de ideas agresivas, pero simples, creíbles e intuitivas, aunque no tuvieran sustento alguno. Que el TLCAN es un tratado completamente desventajoso para Estados Unidos fue una de ellas.

En realidad no existe una relación negativa entre los empleos de ese país y el TLCAN, aunque podría ser que en efecto explique parte de la caída en el salario de las personas sin educación profesional en alguna industria. El efecto en empleos y salarios tiene que ver más con China, los procesos de automatización, la falta de inversión en infraestructura y la mala calidad de los servicios educativos al alcance de la población de menores ingresos de ese país. El TLC en realidad ha generado ciertas ganancias (frecuentemente exageradas) en productividad para Estados Unidos, el acceso a sus productos y empresas a grandes mercados de consumo y de servicios, así como ha generado una enorme infraestructura de producción trilateral.

Para México el TLC permitió incrementar de manera exponencial las exportaciones de manufacturas, aunque con un alto componente de insumos intermedios importados. La inversión extranjera se incrementó, pero no es claro que su ritmo de crecimiento sea mucho mayor que a los años anteriores al tratado. Se generó una región de enorme dinamismo económico, particularmente en el bajío y en algunas ciudades del norte, pero desconectada con otras regiones y con la mayoría de las empresas del país. Se generó un sector agropecuario exportador, pero se profundizaron las graves condiciones de los pequeños productores rurales y el fenómeno de la dependencia alimentaria.

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Más allá de los méritos o fallas del tratado, México no desarrolló las políticas industriales, agropecuarias, de inversión en infraestructura y en capital humano para aprovechar mejor las oportunidades del tratado y atenuar sus consecuencias negativas.

Había que decir que hay algo que el TLC no provee a ninguno de los tres países, niveles altos de crecimiento económico durante los últimos años.

Hoy el TLC enfrenta un proceso de re negociación, a petición de Donald Trump. La posición del gobierno mexicano es simplemente la de que se realicen los menos cambios posible al tratado, incluso si cede algo para satisfacer a la estrategia de Trump, pues ni modo. Lo que falta es la revisión de una serie de puntos que han estado sobre la mesa desde hace años. Algunos son obvios, y seguramente se consideran, como el del comercio electrónico, pero otros son necesarios impulsar y hacerlos visibles.

Se deben revisar aspectos como el capítulo 11 del tratado que contempla  la posibilidad de que empresas puedan recibir compensaciones, por parte de los gobiernos, por políticas ambientales, de salud o de protección al consumidor. Eso se señala como una ventaja desmedida y costosa para el ciudadano que reciben las corporaciones. El tratado también requiere de reforzar les leyes laborales locales, con mecanismos de resolución de controversias en esa materia, con sanciones y penas, como sucede con los asuntos comerciales.

Se requiere de mecanismos que impidan  la evasión de impuestos, por miedo de la manipulación de precios de transferencias en lo que produce una firma en la región. El tratado también debe establecer mecanismos que ayuden a reducir emisiones, especialmente después de lo que sucedió con el Pacto de París, así como garantizar la independencia energética de los tres países. Un nuevo TLC tiene que establecer mecanismos para apoyar a los productores agrícolas locales, y a  las industrias e iniciativas culturales de cada país. México tiene también que exigir que el acuerdo Transpacífico, designado para comerciar con otros países, sea la base para re negociar el TLC.

México tiene que poner a discusión nuevos temas que hacen sentido en la relación comercial. Uno de ellos es establecer nuevos y más amplios mecanismos para hacer posible que trabajadores mexicanos puedan laborar de manera temporal en los Estados Unidos en sectores de muy alta demanda de trabajo, como el de la construcción o el agrícola.

Eso puede ayudar, de manera importante, para reducir la migración ilegal, con alternativas humanas. Se menciona también la necesidad de que el tratado facilite políticas para que las compras de gobierno sirvan para apoyar empresas nacionales y desarrollar políticas industriales. El tratado tendría que tener también mecanismos para incrementar la inversión en infraestructura en la frontera, para invertir en tecnología, en investigación y desarrollo, así como en capital humano para la manufactura de alta tecnología.

 

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