Una de las áreas críticas de todo proceso de transición política (si realmente es tal), es la comunicación estratégica del gobierno. Sin duda, los terribles fallos y el derroche de recursos de la administración saliente son una demostración contundente de ineptitud y de la urgente necesidad de ajustar el modelo de intercambio entre la sociedad y el nuevo gobierno.

Más aún, la diversificación y los cambios recientes en el panorama de los medios de comunicación afectan los procesos, las culturas, las tendencias y las comunidades. Cada día se crean y actualizan innovadoras formas de acceso a la información, canales, líderes, influencias y la agenda de temas se hace más y más compleja.

Gobernar requiere de una buena relación con la sociedad; para ello, es necesario transmitir cercanía, sensibilidad, liderazgo y eficiencia. Cuando se habla de austeridad, esta es una de las mejores oportunidades para reducir dispendios, corrupción y malos hábitos. Entre los temas centrales para una buena comunicación de gobierno, podemos citar los siguientes:

1) Toda comunicación de gobierno debe ser estratégica. El objetivo es establecer una relación cordial, transparente y dirigida entre las entidades de gobierno y la sociedad. Por lo tanto, no puede dejarse en manos de intermediarios o agentes que solo buscan lucrar con las deficiencias y omisiones de los actores políticos.

Es tiempo de abolir las prácticas como la compra de voces a modo, de paquetes de imagen y de campañas de relaciones sociales que solo sirven para la explotación, el chantaje y el sometimiento de los funcionarios públicos. En la democracia, no caben ni la censura, la discriminación ni la exclusión de la crítica, venga de quien sea y con el tono e intensidad que le parezca.

Es un avergüenza nacional que los líderes políticos sean incapaces de saber manejar percepciones, incidir en la opinión pública y manejar sus plataformas de exposición en medios con asertividad, dignidad, integridad, fortaleza y autoridad moral.

Gobiernos tan carentes de resultados e incapaces de generar consensos -como los más recientes- se enfocaron en minimizar y eludir a una sociedad más crítica y fiscalizadora, concentraron esta función en atajar escándalos, en proyectar falsas percepciones y un estilo melodramático de hacer política.

De tumbo en tumbo, se convirtieron en actores secundarios de telenovelas baratas, buscadores de portadas de revistitas del corazón, recolectores de selfies y aficionados a todo deporte para el comentario simpático.

La clase política lo perdió todo, se abarato y su discurso se hizo un compendio de frases irrelevantes, meras ocurrencias y para lo único que sirvió fue precisamente para generar más memes y más detractores.

2) El liderazgo como factor central. Comunicar desde el gobierno implica armar consensos; trazar el rumbo; rendir cuentas; informar; marcar los objetivos generales y hacer sentir la visión de un estilo particular de gobernar.

La sociedad necesita estar segura de que la voluntad que expresaron las urnas es redituable, da certidumbre y representa una mejoría. Los recursos no pueden derrocharse en campañas de publicidad que no representan la realidad de la administración pública, pautas enormes, excesivamente caras y que son una interminable mina de desperdicio que lucra con el narcisismo electorero.

Existen muchos mecanismos y aplicaciones de contacto, difusión, seguimiento, atención de quejas, información y retroalimentación ciudadana que en sociedades avanzadas y democráticas sustituyeron hace muchos años los mecanismos obsoletos de compra masiva de espacios publicitarios.

3) Escuchar, sentir, atender. Nuevas formas de hacer las cosas desde el gobierno requieren de una participación ciudadana comprometida y responsable. Todos tienen algo que aportar, la buena escucha es la clave de una relación eficiente.

La sociedad se expresa, analiza, argumenta, recicla lo que pasa en el gobierno, pero desea libertades, apoyo, seguridad, bienestar, mejores servicios públicos, certidumbre, desde cada rol que desempeña.

Al gobierno corresponde canalizar, interpretar, orientar y agrupar esas expresiones, esa energía ciudadana y esa determinación para lograr un país en crecimiento, con mayores oportunidades, mejor percibido en el mundo, productivo, armónico, desarrollado y competitivo.

Una comunicación eficiente de gobierno genera resultados positivos en la medida que se vuelva un activo para la construcción de los grandes consensos, las prioridades, la recuperación de la comunidad interna y la solidez de la unidad nacional.

Los retos requieren de establecer prioridades, reconstruir la confianza, moldear las actitudes, aprovechar la oportunidad para que el gobierno sirva a la gente, no a unos cuantos; para descartar protagonismos, injerencias e intereses nefastos en la comunicación entre sociedad y gobierno para hacerla constructiva, creativa y colaborativa.

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @CapitolCComm

Facebook: Capitol Consulting & Communication S.C.

Página web: Capitol Consulting & Communication

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

Renunciando a una visión de un México futurista
Por

Adiós a Texcoco se inicia el desmantelamiento de una visión de gobierno, con la cual se pensó que se podría tener un paí...