Cuando el cine de un país depende –casi completamente– de los fondos públicos, es necesario preguntarse si resulta sostenible en un panorama cultural incierto que sufre de recortes presupuestales y prioridades cambiantes. Actualmente, la principal plataforma para la producción de cine en México es EFICINE, un crédito fiscal que permite a las empresas destinar hasta 10% de su ISR a la producción de una película.

Este programa ha sido crucial para la estabilidad que se ha alcanzado en el cine mexicano en términos de producción, pero como todo, ha tenido consecuencias. Por ejemplo, aunque sí ha habido un alza en la producción, la mayoría de las películas realizadas se han concentrado en la Ciudad de México.

Según el último Anuario Estadístico de Cine Mexicano publicado por el IMCINE, 43% de las 162 películas producidas en 2016, se realizaron en la capital.  Este número ha cambiado de manera muy gradual, pero son pocos los estados que han conseguido mantener un crecimiento continuo.

Esto, junto a otros fenómenos alrededor del cine mexicano en 2017 como la renegociación del TLC, la competencia contra servicios de streaming y el agudo problema de la distribución y exhibición de cine mexicano representan desafíos a los que distintas iniciativas han tratado de dar solución, casi todas trabajando en paralelo, o desde los sistemas institucionales, que reconocen la importancia de que las organizaciones de la sociedad civil se encarguen de promover y fortalecer la exhibición de cine en el país y la producción cinematográfica de calidad.

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Entre ellos se encuentra el Encuentro Regional para la Consolidación Cinematográfica (ERCC), una plataforma para acercar a los diversos eslabones de la cadena productiva cinematográfica e integrar a las empresas que operan o trabajan en una región como uno pivote del mecanismo. En su etapa Industria, el ERCC se propone informar a representantes de empresas sobre los beneficios de relacionarse con la cultura cinematográfica local.

“La descentralización del cine requiere estrategias: nuevas maneras de hacer para tener películas que muestren nuevas maneras de ver”, dijo Angélica Arévalo, directora del ERCC organizado por Malamadre A.C., organización dedicada al fortalecimiento de la industria del cine en las regiones culturales de México.

En la estrategia que proponen las organizadoras de este encuentro, no se pugna por exigir cuotas de pantallas en salas comerciales, sino por desarrollar un catálogo de películas diverso que permita la conexión de nuevos pequeños nichos de audiencias conectados culturalmente con contenidos particulares, culturalmente ricos  y específicos, que a largo plazo alimenten una demanda diversificada para el mercado interno de cine nacional.

La estrategia parece ser única, un encuentro dividido en etapas dedicadas a fortalecer los proyectos locales y a presentar alternativas para su financiamiento a través de alianzas estratégicas o microcproducciones.

La directora del encuentro, Angélica Arévalo, mencionó que “tan solo de las películas producidas el año pasado, 41% contaron con apoyo al menos de una empresa. Esto quiere decir que, en México, las empresas deciden directamente qué películas se hacen. Son la primera instancia, el primer aliado de una productora cinematográfica para aspirar a la mayor bolsa de apoyos al cine del país”.

Es por esto que ERCC busca involucrar más empresas en la producción de cine local, a manera de favorecer y hacer crecer las economías regionales de la zona occidente, la diferencia radicando, justamente, en una vinculación mucho más estrecha entre los creadores, cineastas y los mismos representantes del sector privado.

La coordinadora general del ERCC, Hipatia Argüero, explica que el paternalismo no ha sido del todo eficiente para aliviar los males que atormentan a una industria que no carece de talento, pero sí de una infraestructura que garantice que los trabajos llegarán a su público, el cual no consiste exclusivamente de quienes habitan la Ciudad de México y su zona metropolitana.

Argüero apunta que “se ha criticado a la institución que se ha encargado de levantar el cine en México sin tomar en cuenta que no se trata de un problema que tenga solución desde un solo frente. Si las personas que conforman la industria no participan activamente en su consolidación, las exigencias se vuelven más una queja sin fundamento que una verdadera llamada al acción”, por lo que el ERCC|Industria también contempla la participación de los diversos agentes que conforman a la industria cinematográfica, incluyendo espacios de exhibición, festivales, muestras, investigadores, universidades, centros culturales, asociaciones civiles, entre otros.

La industria fílmica requiere expandirse desde dentro, generar autonomía financiera que le permita funcionar bajo sus propios términos y que permita la creación de películas que puedan encontrar salida con el público, pero desde un riguroso proceso que sepa equilibrar los obstáculos de una compleja estructura de financiamiento y las trampas de una ruta de creación artística y comercial. El cine es una industria compleja, de la que participamos todos, desde como lo concebimos, criticamos, consumimos, pensamos y vemos. Todos somos cine, pero no vemos la misma película.

 

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