La estrategia del nuevo gobierno para el apoyo a emprendedores dio un giro de timón: el gobierno federal optó por bajar el switch al Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem), en su lugar, la actual secretaria de Economía, Graciela Márquez, señaló que se otorgarían 3,000 millones de pesos en microcréditos y el presidente López Obrador añadió que se iniciaría con un programa apoyos por 6,000 pesos a través de un programa denominado Tandas para el bienestar, que contará con un monto de 6,000 mdp.

Desde la perspectiva de consultores y emprendedores, esta decisión afecta al ecosistema de emprendimiento, sobre todo al de alto impacto, que engloba a las empresas medianas en proceso de expansión o a las grandes de reciente creación, en proceso de consolidación.

¿Cómo funcionaba el Inadem? Arrancó en enero de 2013, como una de las primeras iniciativas del expresidente Enrique Peña Nieto, bajo la figura de organismo administrativo desconcentrado. Su objetivo era constituir una bolsa de recursos (8,000 millones de pesos asignados el primer año) que apoyaran al emprendimiento de alto impacto a fondo perdido.

Este órgano sustituiría al Fondo Pyme, creado en 2004, que se operaba en la Secretaría de Economía a través de la Subsecretaría para la Pequeña y Mediana Empresa, también desaparecida.

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El lado oscuro

El Fondo Nacional del Emprendedor era una buena idea, al menos en principio. Sus reglas de operación indicaban que los emprendedores debían hacer un registro y aplicar a los diferentes programas, los recursos se asignaban generalmente a través de aceleradoras, de tal modo que los apoyos no se recibían directamente de Inadem, esto provocó que la operación incurriera en señalamientos de corrupción y falta de transparencia.

El réquiem del emprendimiento por el Inadem

En febrero de 2018, un informe de la Auditoría Superior de la Federación arrojó que se habían reportado irregularidades en el manejo de más de 242 millones de pesos (mdp).

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“Se detectaron deficiencias en la autorización, otorgamiento, supervisión y seguimiento de la ejecución de los proyectos que recibieron recursos del Fondo Nacional Emprendedor (FNE)”, detalló el informe individual del resultado de la fiscalización superior de la cuenta pública.

Entre las irregularidades destacó que muchos proyectos recibieron dinero antes de ser notificados como beneficiarios y algunas de las empresas no registraron una cuenta bancaria exclusiva para administración del apoyo, además de que realizaron transferencias a instrumentos de inversión, lo cual no estaba permitido.

“La desaparición del Inadem tiene cosas buenas y cosas malas. Por un lado, había mucha corrupción en la asignación de recursos, pero, por otro lado, una parte del dinero se asignó bajo las reglas de operación y benefició a muchos proyectos”, señala Federico ‘Fede’ Casas, miembro fundador de la ASEM (Asociación de Emprendedores de México) e inversionista en más de siete startups.

Israel Cerda, socio de la consultoría G2, señala que el Inadem tenía una burocracia excesiva, pero no ameritaba que se bajara la cortina, pues bastaba una reingeniería para que funcionara como un mecanismo de apoyo para emprendedores en todos los niveles.

“No creo que tuviera tanto un problema de corrupción como de burocracia, podías pedir apoyo para un programa en febrero y la respuesta llegaba en octubre, es tiempo que el emprendedor no puede esperar y da pie a sospechas sobre el manejo del dinero, lo que correspondía hacer al gobierno era mejorar procesos”, afirma.

El mensaje del gobierno

Desde la perspectiva de Fede Casas, la desaparición del Inadem envía el mensaje de que al gobierno no le importa el emprendimiento de alto impacto.

“Tiene lógica desde la perspectiva del nuevo gobierno, pues el discurso está enfocado en ayudar a quienes más lo necesitan, eso es importante porque el microemprendimiento, los changarritos, también generan empleos, pero no generan valor añadido. El emprendimiento de alto impacto genera valor y empleos de mayor ingreso”.

Pero, apoyar mayormente a los micronegocios no resulta tampoco una buena idea en la opinión de José Manuel López, presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur), incluso cuando entre el 80 y 90% de sus agremiados son empresas pequeñas de comercio local.

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“Lo que pensamos es que independientemente de los montos de los apoyos, lo que se tiene que impulsar es la innovación, el emprendimiento, porque los microcréditos no generan empleos, a lo sumo generan autoempleo y lo que se buscaba es que se pudiera pensar en nuevas y más empresas”.
El representante de Concanaco explica que, si bien las políticas de apoyo a jóvenes representan un alivio a algunas necesidades, se mantiene una demanda de 1.3 millones de empleos cada año, que requieren la creación de nuevas empresas que puedan contratar a esos jóvenes.

“El impulso debe ser a la creación de más empresas que puedan crecer y que de manera natural contraten a esos jóvenes que hoy apoyan con becas, lo único que genera empleos son las empresas.”

IP ¿al rescate?

En el país, algunas de las grandes empresas han creado sus propias incubadoras de negocios o participan activamente en fondos de venture capital para apoyar emprendedores.

De acuerdo con la Amexcap, de los 118 fondos de capital privado originarios de México, el 63% está interesado en fondear a las empresas en su etapa inicial con un monto cercano a 1,000 millones de dólares en conjunto.

“Ocurrirá una desaceleración en el segmento de alto impacto porque, aunque hay menos recursos y el financiamiento será más caro, lo que esperamos es que la IP voltee aún más la vista al fondeo en fases tempranas, las salidas de los fondos que financiaron a startups como Cornershop o Rappi van a despertar el interés de otros inversionistas, no sólo de los sofisticados”, explica Israel Cerda, de G2.

Fede Casas cree que el emprendimiento de alto impacto seguirá y que sí es posible ver un mayor interés de apoyo por parte de la iniciativa privada, sin embargo, dice, esto no exime al gobierno de su responsabilidad en materia de política de desarrollo.

“La agenda debería considerar las dos vertientes: el emprendedor que inicia un negocio por supervivencia y el emprendedor que necesita inversión en capital de trabajo para crear más empleos. Lo que necesitamos que ocurra es que las políticas se alejen lo más posible de la corrupción y la burocracia, que los recursos sean transparentes y se le de peso a la innovación y el valor agregado”.

 

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