Quiero poner sobre la mesa argumentos técnicos y económicos frente a las imprecisiones que, no por repetirse 1,000 veces, constituyen la realidad de Monterrey VI.

 

 

En un marco de polarización política a nivel nacional y una clara atmósfera preelectoral en Nuevo León, se ha cuestionado la pertinencia y viabilidad de una de las obras de infraestructura hidráulica más importantes en las últimas décadas: el acueducto Monterrey VI.

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Como ingeniero civil, como socio del consorcio ganador de la licitación, como regiomontano y ciudadano mexicano, quiero poner sobre la mesa argumentos técnicos y económicos frente a las imprecisiones que, no por repetirse 1,000 veces, constituyen la realidad del proyecto.

 

Los mitos

La lista de datos equivocados y aseveraciones sin sustento técnico es amplia. Sin embargo, enlisto las imprecisiones más frecuentes:

1.- El proyecto costará 47,000 millones de pesos y endeudará a Nuevo León por 27 años.

2.- El abasto de agua en Monterrey está garantizado; el proyecto es innecesario, el abasto se resolvería con eficiencia operativa.

3.- El agua del río Pánuco está contaminada y será insuficiente para la extracción planteada en el proyecto.

4.- El agua será utilizada para extraer gas shale (fracking).

5.- Monterrey VI es un proyecto ligado a un interés político sexenal.

 

Las realidades

1.- Monterrey VI no contempla un peso de deuda pública para el estado de Nuevo León. El proyecto se construirá bajo el esquema de Asociación Público Privada –el primero licitado y adjudicado bajo el amparo de la nueva ley– y contempla una inversión de capital privado, créditos de la banca de desarrollo y la banca comercial, y una contraprestación fija a cubrir por el Sistema de Agua y Drenaje de Monterrey, que, vale la pena recordar, es un organismo público descentralizado y financieramente sólido.

El monto total de la inversión será de 17,684 millones de pesos, incluido el costo financiero.

La cifra de 47,000 millones de pesos surge de una simple, pero errada operación aritmética: multiplicar la contraprestación mensual por 324 meses (27 años), por el Impuesto al Valor Agregado (1.16). Es decir, la suma de los costos de amortización de la inversión, los costos de operación y mantenimiento por el plazo del contrato.

Eso equivaldría a decir que una casa habitación de 3 millones de pesos, adquirida a través de un crédito hipotecario del 12% con plazo de 30 años, en realidad tiene un valor de 10.8 millones de pesos, dado que consideramos 7.2 millones de intereses (amortización de la inversión), 500 pesos mensuales de mantenimiento, 400 pesos de agua y 1,000 pesos de luz durante tres décadas. ¿Suena absurdo? Así es como se ha obtenido la cifra de 47,000 millones de pesos del proyecto Monterrey VI.

2.- Para quienes crecimos en Monterrey en los años setenta, es fácil recordar los cortes de agua pasadas las tres de la tarde. Suponer que el abasto de agua potable es un problema resuelto para siempre, es un reto al sentido común: la demanda sigue creciendo y la infraestructura debe adaptarse a necesidades presentes y futuras.

Muchas ciudades del país pueden mejorar el abasto de agua potable a partir de eficiencias operativas. La media nacional de agua no contabilizada –es decir, desperdiciada por ineficiencia operativa– es de 42%. El Sistema de Agua y Drenaje de Monterrey registra un 23.6%, es decir, es uno de los organismos operadores más eficientes del país. Por ello, el abasto de agua potable para una ciudad de las dimensiones de Monterrey –con 241 litros por habitante al día– no puede depender de una mejora marginal en las eficiencias, sino de la infraestructura para aprovechar nuevas fuentes de abastecimiento.

3.- Se ha planteado que el agua extraída del Pánuco será descargada en la presa Cerro Prieto. Esto es erróneo. Monterrey VI se interconectará con el Acueducto Cerro Prieto-Monterrey para el proceso final de potabilización en la planta de San Roque. De acuerdo con estudios de la Universidad Autónoma de Nuevo León y el SADM, el agua potabilizada podrá utilizarse para uso y consumo humano, cumpliendo con la NOM 127-SSA1-1994 vigente.

En cuanto a la extracción de agua del Pánuco, vale apuntar que tanto el título de asignación de aguas nacionales otorgado por Conagua, como el estudio de impacto ambiental emitido por Semarnat, establecen que existe disponibilidad de agua para fines del proyecto Monterrey VI.

De cualquier manera, para tranquilidad de quienes han empleado la palabra “ecocidio” de manera aventurada, el contrato establece claramente que cuando el río presenta un gasto de 28 m³/s (el proyecto contempla extraer 6 m³/s) la extracción deberá suspenderse. En otras palabras, el agua del Pánuco basta y sobra; para comprobarlo basta recordar que este año ha alcanzado los 50 m³/s.

4.- Sobre el uso del agua para la explotación de gas, conocida como fracking en la industria energética, la respuesta es sencilla y está plasmada en el título de asignación de aguas nacionales: se permite exclusivamente para el uso público-urbano.

5.- Monterrey VI es una respuesta a la demanda hídrica de la segunda ciudad más poblada del país. El desarrollo del proyecto empezó formalmente en el sexenio de Vicente Fox; la asignación del título de aguas nacionales, el registro ante la Secretaría de Hacienda y la manifestación de impacto ambiental ante Semarnat se hicieron en el sexenio de Felipe Calderón, y la presentación de la viabilidad del proyecto bajo el esquema APP y la aprobación de las bases de licitación se lograron en la actual administración del presidente Enrique Peña Nieto. La obra es transexenal en su diseño, transexenal en su desarrollo y transexenal en el objetivo de abastecer de agua potable a la ciudad de Monterrey.

 

Política vs. necesidades

Mi hijo –que tiene 10 años– me preguntó hace unos días, saliendo del colegio, si, en efecto, Monterrey VI era, como le dijo un compañero, “el robo del siglo”. Confieso que me impresionó la permeabilidad de un mensaje tan nocivo y errado, sobre una obra de infraestructura tan necesaria.

Por eso creo en el deber ciudadano de distinguir dichos y hechos; argumentos preelectorales de argumentos técnicos. Porque cuando la efervescencia política haya cesado, la necesidad de invertir en infraestructura hidráulica seguirá presente.

Le digo a los regiomontanos lo mismo que le contesté a mi hijo: Monterrey VI significa, en términos de abasto de agua potable, el proyecto del siglo.

 

 

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