¿Nos hemos convertido en una sociedad sin valores y con altos niveles de desconfianza? ¿Hay solución? Creo que por fin vamos a empezar a mejorar.

 

Vuelve a salir el índice de percepción de corrupción mundial publicado por Transparencia Internacional. México ocupa el lugar 95 de 168 países medidos por el estudio.

Seguimos igual, y este año fue peor en percepción, decía la doctora María Marván Laborde, presidenta del Consejo Rector de Transparencia Mexicana, en una entrevista de radio.

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En 2015, a nivel constitucional, se dio la primera fase de un gran cambio con la promulgación de la nueva Ley Anticorrupción, y en 2016 se deberán terminar las reglas para su aplicación. Creo que por fin vamos a empezar a mejorar gracias a las reforma. ¿Será que es el punto de quiebre?

Hace poco, el presidente Peña Nieto declaró que la corrupción es un problema cultural, y los clásicos defensores de México, puristas y demás, se cortaron las venas diciendo que no es posible afirmar que nuestro país y sociedad son corruptas por naturaleza.

Y, efectivamente, es muy difícil entender en dónde nace la corrupción en México, de dónde viene, pero por una parte la tenemos muy arraigada y por otra hay que pensar que no son todos. Eso sí, es un fenómeno que nos está afectando de gran manera.

Hace poco viví una experiencia que, según yo, me dio una pista para entender de dónde proviene el que seamos o no corruptos y/o desconfiados por naturaleza.

Estando en una terminal camionera me acerqué a un restaurante de comida rápida a comprar una ensalada. Al momento de pagar, lo hice con mi tarjeta de débito. La cantidad era pequeña, y cuando entregué mi tarjeta, la cajera me pidió una identificación. Después, al indicarle la máquina que requería el PIN de la tarjeta, la cajera me extendió la terminal y digité mi número personal. Acto seguido, la señorita me pidió que firmara el voucher y que pusiera mi número telefónico. En ese instante, le dije a la cajera: “¡Un momento!, ya firmé digitalmente, no tengo porque firmar y menos darle mi número de teléfono. Ella esgrimió que era el procedimiento al que la obligaban, y me negué. Ahí termina la operación, con malas caras y malhumores. ¿Por qué el establecimiento le exige a su cajera este procedimiento?, ¿es por la inmensa cantidad de fraudes que hay con tarjetas de debito y crédito, o por el enorme robo de identidad que se está dando en México? Primer caso de análisis: ¿somos confiables los mexicanos?

Posterior a la compra, me fui a sentar a una mesita a comer mi ensalada, y de pronto empecé a escuchar los mensajes de la terminal: “Señor pasajero, favor de no hacer caso a las personas que ofrecen servicios de taxi en la terminal. Le suplicamos tomar los taxis seguros, que están en las ventanillas a la salida de la terminal.” Estos mensajes son públicos en los sistemas de voceo, porque debe de haber una gran cantidad de gente reportada o robada o secuestrada o quién sabe que más. ¿Esto es porque somos derechos los mexicanos o porque está llegando a niveles de preocupación la mala actitud de algunos cuantos? ¿Cuántos anuncios más has escuchado en esta misma tónica?

Y hay más ejemplos. Los anuncios para que a la gente no le vean la cara en el Monte de Piedad; los bancos mandan correos electrónicos avisando que ellos no contactan a la gente por correo para pedirles sus datos y pidiendo hacer caso omiso de este tipo de anuncios; en el Oxxo de la esquina de mi oficina hay anuncios en que avisan que determinada persona ya no trabaja en esa tienda, ¿por qué? Seguramente ya desfalcó a alguien y no quieren que se repita, y lo dicen con el letrero: “No se deje sorprender.” ¿Quiere decir que ya desfalcó a alguien?

En el aeropuerto, las autoridades no confían ni en su misma seguridad, no confían en cada mostrador, puerta de acceso de entrada a la sala y hasta en el acceso al avión piden identificación. ¿Será que al rato, por seguridad, pedirán también la identificación para ir al baño y certificar que uno es dueño de su vejiguita?

Nos hemos convertido en una sociedad sin valores y con altos niveles de desconfianza. La protección de datos está basada en la desconfianza generada por el spam y el robo de identidad, para cualquier operación comercial va la IFE por delante, hasta los protocolos de los edificios de gobierno o corporativos le hacen a uno llenar formatos por puro protocolo. Me ha tocado ver en las listas de registros de visitantes en diferentes oficinas unas medidas de seguridad impresionantes, pero al llegar a apuntar mi nombre, me muero de risa, ya que antes de mí están registrados Mickey Mouse, James Bond hasta Batman, y los polis de veeegelanciaa, ni cuenta se dan.

Para los defensores a ultranza de la integridad del mexicano y que dicen que no somos corruptos por naturaleza, les hago la pregunta cándida: ¿si éstas son las actitudes normales de una sociedad en su trato diario, qué pasa cuando el mexicano tiene poder, puesto político o empresarial, y con esto la gran posibilidad de tener cinco minutos de fama y hasta hacer negocios personales, se van a volver loquitos o no, van a promover los valores o la corrupción?

Considero que ya es tiempo de dejarnos de aventar cada cinco minutos con la bandera enredada en el cuerpo y aceptar nuestra terrible debilidad y desconfianza como raza, para poder iniciar el cambio que tanto nos hace falta, y con esto empezar a hacer algo para cambiar a las generaciones futuras, ¿no creen?

 

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