Por Francisco Silva*

En la película mexicana “Perfectos desconocidos”, un personaje mencionó que nuestros teléfonos celulares se han convertido en la caja negra de nuestras vidas; en el bolsillo caben los recuerdos de las vacaciones y al mismo tiempo, el acceso a nuestro banco, documentos de trabajo y hasta películas o series para pasar el tiempo.

Reflexionemos por un momento cuántas empresas nacionales e internacionales son parte de nuestra vida diaria y nos acompañan, mientras haya internet, a prácticamente todos los lugares a donde podríamos ir.

Las herramientas móviles han cambiado paradigmas al grado de permitirnos trabajar a miles de kilómetros de una oficina. A nivel personal, este cambio también influye en nuestro modo de consumir productos y servicios, por lo tanto, en cómo pagarlos.

En este sentido, el reto a corto plazo para los proveedores de pagos será crear valor y al mismo tiempo, aprovechar un ecosistema de movilidad en constante cambio. La clave está en tres aspectos: la integración con nuestros dispositivos de uso diario, las garantías de seguridad que ofrezcan y la facilidad para utilizarlas de cara al usuario final.

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La tendencia evidente es lograr que la realización de pagos sea cada vez más sencilla. En smartphones, sitios web y hasta navegadores, ya es posible guardar información para hacer transacciones instantáneas a cualquier hora. Avanzamos hacia la era cashless, con las ventajas que esto conlleva, como el hecho de que las tiendas online ya no necesitan a la vieja caja registradora.

Por esto mismo, las exigencias de los usuarios son cada vez más altas: actualmente, se puede comprar un viaje a Tokio en determinado sitio web, y la expectativa es que todo lo que tiene que ver con el plan adquirido se pueda conseguir igual de sencillo y seguro; transporte, espectáculos, hoteles, y cualquier cosa que facilite tanto la experiencia del cliente, como la forma en que se adquiere.

Todo este nuevo ecosistema genera grandes oportunidades en nuestros días. Estas plataformas que simplifican la vida de los clientes son, al mismo tiempo, un generador de datos de alto valor que los proveedores deberán estar preparados para asimilar y utilizar para, por ejemplo, enriquecer la experiencia de los compradores.

El Big Data entra en juego no solamente para el aprovechamiento de la información por medio de instrumentos que sirvan para ordenarla y procesarla, sino también para protegerla a través de estándares de autenticación y prevención de fraudes.

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Aunque estas tecnologías ya están aquí, aún existen muchas interrogantes que no han permitido que se extiendan con mayor velocidad. Quienes las operan y quienes las usan en una instancia final, deberán despejar toda duda sobre su efectividad y seguridad.

Pero lo que un día fue una oportunidad de negocio, hoy comienza a estar saturado de competidores. Con el paso del tiempo, se espera que el desafío para quienes desarrollan estas plataformas sea menor. Sin embargo, la gran montaña en el camino son las regulaciones legales, cada vez más estrictas y universales.

Los proveedores y desarrolladores de estos servicios son los grandes jugadores de hoy y quienes, a través de su experiencia, tendrán que dar la pauta para librar este y otros obstáculos en la evolución tecnológica. Lo cierto es que mientras sea un elemento diferenciador para el cliente final, el mercado de la movilidad será imparable.

*Líder de Transformación Financiera en Consultoría, Deloitte México.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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