Las criptomonedas han tomado un papel cada vez más importante en el mercado bursátil y financiero de los últimos años, no sólo debido a su crecimiento acelerado, también ha llamado la atención la aceptación y diversificación que han mostrado.

Sólo por citar un ejemplo, en 2010 un bitcoin costaba 1 dólar. Hoy, ronda alrededor de los 7000 dólares y su mercado se valúa cerca de 97 mil millones de dólares. Una cantidad que supera a bancos como Goldman Sachs, sólo por citar un ejemplo.

Bitcoin no es la única criptomoneda que existe en el mercado. Ethereum, Ripple, Dash, son algunas de las más importantes y de las mejor valuadas.

Las criptodivisas, como sabemos, no son monedas que emita alguna entidad central como el gobierno de un país o un banco; por el contario, se trata de un sistema financiero entre usuarios, basados en protocolos de intercambio muy estrictos. Su precio depende de varios factores, pero estriba fundamentalmente de la oferta y la demanda.

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Contario a lo que sucede en el mundo físico, podemos decir que el movimiento de las criptomonedas y la serie de transacciones que se realizan con ellas son públicas, si bien los usuarios se mantienen de forma anónima. Es decir, un usuario puede realizar operaciones bancarias, de inversión, de compra y venta manteniendo su anonimato, no obstante, las divisas se mantienen a la vista de todos gracias a los blockchains o cadenas de bloque, que son una especie de libro de registro que se mantiene inviolable.

Por ello, un monedero bitcoin es más seguro incluso que una cuenta bancaria; sin embargo, el hecho de que alguien pueda mantener el anonimato al realizar operaciones con la criptodivisa, ha impulsado una serie de aspectos negativos relacionados con el mercado negro y el crimen.

No obstante, más allá de la relación con operaciones al margen de la ley, su crecimiento acelerado está creando condiciones muy similares a las que se vivieron a principios de los 2000 con la llamada crisis de las punto com.

A finales de los noventa y principios de los 2000, hubo un crecimiento acelerado de empresas cuyo principal valor era ofrecer presencia en el creciente mundo digital. Muchas de las empresas de aquel entonces, basaban su valía en páginas web o en modelos de negocio que no eran muy claros, pero que, al estar asentados en Internet, podían resultar atractivos para los inversionistas.

En aquel entonces, pocas empresas eran las que tenían una visión centrada de lo que podía significar la red para la inversión y los negocios. No obstante, prevalecía un entendimiento somero, básico de las características del mundo digital. En esencia, muchos lo confundieron con una especie de extensión de la televisión, de las revistas o de los catálogos de compras. Ello provocó una sobreestimación del mercado que se vio reflejada en el mundo bursátil.

El punto en aquel entonces era invertir en digital porque era el futuro, aunque nadie sabía bien lo que eso significaba.

Las rondas de inversión y el capital de riesgo corrieron por todos lados y muchas empresas se vieron beneficiadas. Sin embargo, en un par de años, la mayor parte de los negocios fracasaron en cascada y ello provocó una caída masiva y la pérdida de inversiones al por mayor. Un mercado sobrevaluado terminó por ceder.

Al parecer, las condiciones de intercambio bursátil de las monedas digitales se acercan a una burbuja similar. En este caso, el hecho de entrar en un proceso de intercambio de una moneda experimental que en buena medida está financiando emprendimientos de TI podría resultar en una mala experiencia en poco tiempo.

De la misma manera que sucedió en los 2000, los modelos de monetización de empresas y emprendedores no son suficientemente claros, ni rentables. Los mercados están creciendo sobre una idea muy inflada del emprendimiento, pero no sustentada por un rendimiento real de las empresas de tecnología. Es común escuchar que alguien plantea una nueva red, una app que todo el mundo usa, pero que aún no monetiza, aunque cuenta con muchas rondas de inversión, no obstante, el modelo de capitalización no es lo suficientemente bueno.

Si bien, existen claras y amplias diferencias con la crisis de las punto com, el crecimiento tan rápido de la divisa plantea serios cuestionamientos sobre la forma en la que financian proyectos poco firmes o efímeros. Al final, el tiempo dirá si la desconfianza en el mercado tiene fundamentos o se trata de simple resistencia al cambio.

 

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