Los futbolistas son las estrellas dentro de la cancha, pero fuera de ésta son el business de los agentes, personajes que pueden llegar a convertirlos en sus empleados. Empresas como Onze Sports apuestan a formalizar este intermediarismo.

 

Por Ivan Pérez

El futbolista Lampros Kon­tagiannis es defensa cen­tral, mexicano de origen griego, y tuvo su estreno como profe­sional en 2008, y durante ocho meses no tuvo noticias de su representante. Nunca le hizo una llamada y por terceros se enteró que el Club América hizo un pago del que le correspondía un 10%, pero el cual nunca recibió.

Ahora juega en el club Mel­gar de Perú y forma parte (como el primer fichaje) de la cartera de Onze Sports, la agencia de intermediación (como denomina la FIFA a estas empre­sas) que intenta ser la referencia en el mercado mexicano, donde hay al menos 800 futbolistas profesionales.

El osado que pretende posicio­nar a Onze Sports en el país es Al­fredo Rosales, su director general.

Rosales es un empresario mexicano que junto con sus socios ha invertido 9 millones de pesos (mdp) en casi cinco años para que la agencia compita contra otras firmas promotoras por las transacciones de jugado­res, pero sobre todo haga frente a dos personajes que han domi­nado en los últimos 20 años la representación de futbolistas y entrenadores en México: Guiller­mo Lara y Carlos Hurtado.

Onze Sports cuenta con 40 futbolistas entre nacionales y extranjeros y su apuesta es a lar­go plazo. “Tendremos jugadores en el próximo Mundial de Rusia 2018”, dice Rosales de 35 años, quien dedica 60% de su tiempo a atender llamadas telefónicas y contestar correos.

Onze Sports nació del in­somnio. Alfredo no recuerda la fecha, pero comenta que en 2010 decidió dejar el club América (trabajaba en el área de Merca­dotecnia) y una noche, sin poder conciliar el sueño, se levantó para diseñar el boceto de lo que hoy es su agencia. Luego, en una comida familiar, involucró a Bernardo Fernández del Castillo (director jurídico) para empezar el pro­yecto.

Lo que intenta Onze Sports (y sus otros competidores como RP Futbol, Icon Star, Versus o Pro Manage) es ser el número uno en el movimiento de piezas de la do­ceava liga más valiosa del mundo en plantilla de futbolistas, valuada en 657 millones de dólares (mdd).

¿Por qué es importante para los jugadores tener un agente o una agencia de representación en el futbol moderno? Andrés Cárde­nas Ortiz, quien es el especia­lista en contratos de la agencia, dice: “Zlatan Ibrahimovic (uno de los 10 jugadores más valiosos del mundo), se dio cuenta que necesitaba a alguien que trabajara con él cuando fue la transferen­cia más alta del Ajax, pero era el peor pagado, ¿cómo el fichaje más caro no es de los que más cobra?, eso pasa porque nadie negoció su contrato correctamente”.

El business de los intermedia­rios, agentes o promotores en México no tiene la mejor fama, pero desde los años 80 su presencia ha sido determinante en el futbol nacional y ahora se vive, según Alfredo, una etapa de transición sobre cómo era el negocio y cómo será en el futuro.

A diferencia de los agentes deportivos tradicionales, que únicamen­te se encargaban de firmar un contrato con los jugadores o en­trenadores, Onze Sports también asesora en asuntos de imagen y marketing, financieros, legales o fiscales. En cambio, los gran­des agentes que operan a título individual y sin ningún tipo de institucionalización, acomodan a sus clientes y nada más.

Pero los llamados ‘con­solidados’ les llevan mucha ventaja, como Carlos Hur­tado, quien vive en Miami y posee una fortuna tal vez mayor a 30 mdd. Puede no haber punto de comparación entre el poder económico de los agentes, pero lo que le importa a Rosales es competir por los clientes.

 

El mundo al revés

En alguna ocasión Mario Ca­rrillo, entrenador mexicano de futbol, comentó a la cadena ESPN que Carlos Hurtado, uno de los promotores más añejos en nuestro futbol, le llamó para pedirle que fuera el técnico de Las Águilas del América, pero con una condición: “Me dijo que el club no iba a pagarme a mí, sino a él y a su vez él me pagaría un buen salario”, refirió.

Según las reglas del mercado, una agencia o representante de un jugador cobra un 10% del contra­to o salario del deportista. Pero algunos abusan de su posición y afectan a los deportistas. Entre los vicios se pueden enume­rar algunos: que los futbo­listas no reciban los bonos que les corresponden por ser transferidos de un club a otro, tener en ocasiones que pagar de su salario un porcen­taje al entrenador en turno porque lo mantenga en la plantilla o incluso ser dejados en el olvido por los promotores que en otro momento los buscaban incesante­mente para representarlos; como le ocurrió al ahora cliente de Onze Sports, Kontagiannis.

El también agente de juga­dores, ahora llamados interme­diarios, Mauricio García de la Vega, dijo públicamente hace un par de años: “No nos quieren, el medio ambiente nos hace la fama de villanos, pero no es tal. El mercado demanda y nosotros negociamos. Es cierto que en Mé­xico reinan algunos promotores, pero se puede trabajar. Al menos la última transacción que hice, Moisés Muñoz al América, fue sin presiones de nadie, a pesar de que Carlos Hurtado y Guillermo Lara tienen mucha influencia en todos los equipos”.

Rosales comenta que el pro­ceso de profesionalización de los clubes de la Liga MX y Ascenso ha traído algunos cambios. “Ha permitido que los equipos y jugadores hagan negocios con ellos (los agentes), además de que se han creado áreas que antes no existían y, como conse­cuencia, cada vez más algunos personajes que son muy criti­cados (Lara y Hurtado) tienen poca influencia”.

Aunque también asegura que algunos equipos llamados “grandes” ni siquiera cuentan con un departamento de inteligencia deportiva que los acerque a la profesionalización —pese a que no da nombres, ese club es Cruz Azul. En las instituciones que se manejan como se solía hacer hace 30 años, las nuevas agencias tie­nen dificultades para trabajar.

Actualmente, a escala mun­dial hay 2,792 agencias de representación en el mundo, 5,054 agentes de jugadores y 102 países están bajo las normas que dicta la FIFA en esta mate­ria, según la consultora alemana Transfermarkt.

Los intermediarios en el mundo han tomado protagonis­mo, al igual que los entrenadores o jugadores. El más afamado de todos es Jorge Mendes, quien tie­ne en su cartera a los futbolistas más famosos del orbe y a algunos entrenadores, a personalidades de la talla de Cristiano Ronaldo o José Mourinho. El agente portu­gués es capaz de recibir durante una comida hasta 160 llamadas, tiene tres teléfonos móviles y una fortuna superior a los 100 mdd. Sabe hacer negocios como nadie.

Lo cierto es que no hay ningu­na liga importante donde no haya la presencia de agencias de intermediarios o agentes para negociar el traspaso de jugadores, entrena­dores o equipos enteros.

 

Adiós al viejo modelo

Roberto Nurse nació en Cuerna­vaca, Morelos, en 1983. Se hizo futbolista profesional y casi toda su carrera la construyó en el fut­bol de ascenso de nuestro país. Pero no es cualquier jugador: hasta hace seis meses era el fut­bolista mejor pagado de la Liga de Ascenso y milita en el equipo campeón que ascendió hace unas semanas: Dorados de Sinaloa.

Nurse representa uno de los casos de éxito de Onze Sports. “Es un futbolista que no ha sido reconocido en Primera División por estereotipos, tuvimos buena química y no sólo logramos un buen contrato, también investiga­mos que él tenía origen pana­meño y fuimos al país a hablar de él. Logramos que jugara en la selección centroamericana”.

Roberto ahora no aparece en el sitio web de la agencia como uno de sus jugadores, pero representa uno de los pasos más exitosos en la corta vida de una empresa nacida hace cinco años y que, tras dos años de inversión y uno de sustentabilidad, ya piensa en tener utilidades. “Claro que nos hemos equivocado con algunos ( jugadores), pensamos que sería una buena apuesta y fallamos”, dice Rosales, pero prefiere omitir el nombre de esos “errores”.

Actualmente, el proceso de la representación de jugadores vive un periodo de transición, por­que todavía operan figuras como Guillermo Lara o Carlos Hur­tado, pero también hay quienes intentan fortalecer una empresa regulada y registrada.

“Lo primero que hacemos es ir a los campos de futbol, de los Sub- 17 y Sub-20, seguir a un chico y luego charlar con él. Muchos juga­dores vienen de un contexto social complicado, sin papá o mamá, padres divorciados, violencia in­trafamiliar, alcoholismo y nosotros tomamos el caso y ayudamos al jugador en lo que podemos”, dice el director de la empresa.

A decir de Cárdenas Ortiz, el proceso para “fichar” a un jugador puede llevarse entre tres meses y un año. Los contratos son de dos años en un principio, pero luego se empiezan a tejer relacio­nes de largo plazo.

En una de las citas con Forbes México, en la Universidad Aná­huac del Sur, Rosales se presenta apresurado a la entrevista, pero en la escala de prioridades Onze Sports, el retraso está más que justificado.

“Vengo llegando de Guada­lajara porque no te puedo decir, pero estamos a punto de firmar a un jugador de la Selección Mexicana de Futbol”, comenta. Lo que no sería poca cosa, porque significaría el primer golpe fuerte después de cinco años de trabajo”, comenta el director de la compañía.

Otro de sus casos de éxito (por lo que representó el contrato, más no por el aspecto deportivo), es Silvio Torales, el paraguayo que llegó este semestre a Pu­mas y, aunque no fue una pieza fundamental en el equipo, Onze Sports le consiguió un contrato con un salario mensual de más de 200,000 pesos, según pudo investigar Forbes México.

“Los jugadores deben de entender que con un buen tor­neo no es suficiente para hacer un contrato maravilloso, debe existir la constancia, dice Andrés Ortiz. Lo que nosotros les deci­mos es que ellos se preocupen por todo lo deportivo, no por lo que está afuera, porque ese es nuestro trabajo”.

La agencia recibe correos electrónicos de jugadores de todo el mundo. Por ejemplo, cuenta Andrés que una vez le llegó uno con un video de la India, en el que un muchacho está dominando el balón fuera de su casa. Millones sueñan con ser futbolistas y for­mar parte de esta industria.

Rosales dice que el periodo de transición que vive el proceso de profesionalización del futbol mexicano les beneficia, “porque cuando llegue por completo, nosotros ya estamos ahí”.

Por lo pronto, la competencia sigue entre el viejo modelo, en el que los promotores controlan equipos completos y la llegada de jugadores, y el nuevo, en el que empresas como Onze Sports aspi­ran a controlar el nuevo mercado que vale 657 mdd.

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Alfredo Rosales. (Foto: Michelle Burgos).

 

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