En México, el emprendimiento femenino aumenta a toda velocidad: pasó de 2.5 a cuatro millones entre 1995 y 2013. En la actualidad, el ritmo de crecimiento de negocios de mujeres es mucho mayor al de aquellos impulsados por hombres.

 

Hoy en día, cuando se habla de crecimiento económico para México, el emprendimiento es una parte fundamental de la conversación. El emprendimiento destaca por su capacidad de generar empleos e impulsar la economía.

De acuerdo con el Inegi, las Pymes generan 72% del empleo y 52% del PIB en nuestro país. Además, según la Secretaría de Economía, el PIB podría avanzar 1 punto porcentual por cada 262,000 nuevas microempresas.

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En México, el número de mujeres emprendedoras aumenta a toda velocidad: pasó de 2.5 a 4 millones entre 1995 y 2013. En la actualidad, el ritmo de crecimiento de negocios de mujeres es mucho mayor al de aquellos impulsados por hombres. Pese a estas cifras, aún no estamos en condiciones de celebrar la equidad de género en el emprendimiento mexicano.

A diferencia de los negocios emprendidos por hombres, los proyectos de emprendimiento de mujeres tienden a ser poco redituables y a tener menor impacto sobre la economía.

Los negocios de mujeres obtienen menores ganancias y tienen menor productividad laboral que aquellos iniciados por hombres. El Banco Interamericano de Desarrollo señala que, pese al aumento de mujeres emprendedoras en América Latina, ellas son dueñas de empresas más pequeñas que los hombres en términos de ventas, costos y capital físico.

La manera más común de explicar las diferencias en el desempeño de negocios de mujeres y de hombres es hablar de intensidad de capital. Sin embargo, éste no es el único argumento para esclarecer estas disparidades. Aunque se habla poco de ellas, las razones que empujan a las mujeres y a los hombres a emprender son diferentes, y esto podría aclarar por qué las mujeres tienen una menor tendencia a crear negocios en sectores de mayor impacto económico o a expandir sus operaciones.

De acuerdo con la OCDE, mientras que la mayoría de los hombres inicia un negocio para materializar una idea para un nuevo producto o servicio, muchas mujeres emprenden por necesidad. Hoy persisten muchos obstáculos a la plena participación de las mujeres en el ámbito laboral: la oferta de servicios de cuidado infantil es insuficiente y las prácticas laborales flexibles (que facilitarían el regreso de las mujeres al trabajo después de tener hijos), son prácticamente inexistentes. Ante un mercado laboral que no ha sabido adaptarse a sus necesidades, no es sorprendente que, para muchas mujeres, el emprendimiento sea la única alternativa para desarrollarse profesionalmente y aumentar sus ingresos.

En este sentido, el emprendimiento femenino representa un potencial que estamos desaprovechando. Mientras las mujeres emprendan por necesidad, sin planes de inversión, crecimiento e internacionalización, sus negocios no se convertirán en los motores de crecimiento económico que necesitamos. Hoy no podemos estar satisfechos con negocios que sólo fomenten el empleo. Necesitamos negocios más productivos y rentables, establecidos en los sectores más redituables y con el capital suficiente para expandir sus operaciones.

La buena noticia es que nos encontramos ante una oportunidad histórica para promover el emprendimiento femenino en México. De acuerdo con información del último Global Entrepreneurial Development Index (GEDI), en nuestro país existen mejores condiciones para el emprendimiento de alto potencial femenino que para el masculino. México ocupa el décimo lugar de un ranking de 30 países para el emprendimiento femenino, por encima de China, Japón, Rusia, Brasil o la India.

No dejemos pasar esta oportunidad. Como país, está en nuestras manos transformar los motivos que impulsan a las mujeres a emprender. Es nuestra responsabilidad tomar las medidas necesarias para aumentar el potencial de emprendimiento de las mujeres mexicanas, facilitando su acceso a mercados, promoviendo su mayor productividad y apoyando sus esfuerzos de crecimiento e internacionalización. Invirtamos en nuestras emprendedoras. El potencial caduca si no actuamos a tiempo para convertirlo en realidad.

 

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