Ya no basta con tener empresas productivas y rentables, pues ahora también deben ser amigables con el medio ambiente, y promover los valores de equidad, justicia y respeto a los derechos humanos.

 

El mundo empresarial tradicional está en un proceso de transformación. En la coyuntura actual es necesaria la creación de empresas socialmente responsables que sean económicamente sustentables, al mismo tiempo que eviten el deterioro ambiental y promuevan el bienestar social.

Es importante diferenciar a las empresas sociales del sector público, el privado, de las organizaciones no gubernamentales, de la filantropía e incluso de la responsabilidad social corporativa tradicional. Las empresas sociales también se rigen por las reglas del mercado, pero buscan desarrollar productos y servicios que resuelvan problemas de una comunidad. La finalidad es que reinviertan parte de sus ganancias en los objetivos sociales o ambientales propuestos. Asimismo, existe una tendencia global hacia el aumento de la inversión de impacto, que consiste en colocar capital en empresas que generan beneficios y son rentables. El impacto social y ambiental de una empresa es un criterio fundamental de la decisión de inversión.

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El emprendimiento destaca por su capacidad de generar empleos e impulsar la economía. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía, el producto interno bruto podría avanzar un punto porcentual por cada 262,000 nuevas microempresas creadas. El desarrollo de emprendimientos se ha convertido en una de las estrategias principales de las mujeres para la generación de ingresos. En México, el número de mujeres emprendedoras ha aumentado de manera significativa en los últimos años: pasaron de ser 2.5 millones en 1995 a 4 millones en 2013. Ahora, imaginen que además de perseguir objetivos económicos, los nuevos negocios resuelvan problemas sociales y fomenten acciones positivas para el medio ambiente.

Las empresas sociales son una oportunidad para el empoderamiento económico de las mujeres. Son una alternativa de empleo para mejorar las condiciones laborales y aumentar su ingreso, al mismo tiempo que pueden promover el empoderamiento de otras mujeres y generar cambios positivos en su comunidad. Es una manera de utilizar la creatividad y la innovación para satisfacer las necesidades de bienestar social que no son cubiertas por el sector público, de forma rentable y sostenida en el tiempo.

La equidad de género es un tema central de derechos humanos. Por lo tanto, cualquier emprendimiento social será eficaz en la medida en que sea inclusivo e incorpore una perspectiva de género para guiar las acciones hacia la igualdad de oportunidades.

Las empresas sociales procuran la satisfacción de las necesidades de sus integrantes y priorizan relaciones de justicia y equidad en las prácticas económicas. El también llamado “cuarto sector” no cumpliría su objetivo sin considerar una perspectiva de género que promueva una interacción en igualdad de condiciones hacia adentro y hacia afuera de la organización.

En la actualidad, ya no podemos conformarnos con lograr que las empresas sean productivas y rentables, fomenten el empleo y se establezcan en los sectores más redituables. Ahora debemos promover la creación de empresas amigables con el medio ambiente, que también promuevan los valores de equidad, justicia y el respeto a los derechos humanos.

Las empresas tienen el potencial de contribuir a un desarrollo más inclusivo. Además, utilizan la fuerza de los negocios para generar bienestar, sin perder de vista el incentivo de generar utilidades financieras. En este mundo cambiante, la capacidad de adaptarse es la clave del éxito. Las empresas sociales representan una alternativa capaz de combinar objetivos económicos, sociales y ambientales para generar soluciones viables hacia un futuro sustentable.

 

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