El diseñador Jonathan Saunders nos desvela cómo ha evolucionado el mundo del lujo mientras nos presenta su colaboración con The Rug Company.

El diseño es transversal o no es. Es lo que piensa el diseñador escocés Jonathan Saunders, quien pasó por la Ciudad de México — «Es mi primera vez y estoy muy excitado; es fascinante», nos confesó— para presentar la última colección que ha diseñado para The Rug Company. Este ha sido un año clave en su trayectoria profesional, ya que al éxito de su colaboración con la firma británica de alfombras de lujo se añade su nombramiento como director creativo en Diane Von Furstenberg, ícono del ready to wear estadounidense y una de las personas más influyentes de la industria de la moda, quien tras retirarse decidió contratar a este creador, célebre por su atrevido uso del color y su maestría con los estampados (no en vano comenzó diseñando prints para Alexander McQueen, tras graduarse en la Central Saint Martins College of Arts and Design de Londres), para sucederla al frente de la firma. Su paso por el mundo de la moda ha sido clave para plantearse esta colaboración de una forma orgánica. «Para mí ha sido algo muy natural», admite Saunders.

Jonathan Saunders

Mira aquí el detrás de cámaras de nuestra sesión de fotos con el diseñador

¿Cómo surgió esta colaboración?

Christopher Sharp (fundador de The Rug Company) me abordó hace cuatro o cinco años para desarrollar algo juntos. Yo ya conocía la compañía, porque me encanta la artesanía y el diseño textil está muy cerca de mi corazón, por eso era una marca que respetaba ya que realmente creen en el valor de lo hecho a mano y mantienen ocios tradicionales. Este es el mundo al que yo siempre he pertenecido, así que pienso que fue como un cuento de hadas: un matrimonio con final feliz. Antes de dedicarme al mundo de la moda, estudié diseño de producto y ahora he vuelto al diseño de interiores. Trabajo en los dos ámbitos, y tienen muchas cosas en común: el uso del color, los estampados, la conexión con los materiales… Desde luego, en el caso de los tapetes o de los textiles interactúas de una manera diferente, pero es tan emocional como la moda. Al final, cuando compras un producto único lo que se establece es una conexión emocional.

¿Qué fue lo más difícil a la hora de diseñar esta Colección? ¿Te planteaste crear algo más comercial o más arriesgado?
Al principio tenía cierto temor a utilizar colores básicos y motivos muy llamativos, ya que consideraba que sería difícil que la gente lo integrase en su casa. Se trata de una inversión a largo plazo (algunos tapetes de The Rug Company pueden llegar a superar los 15,000 dólares) y pensaba que iba a pasar como con la ropa: inviertes en básicos neutros, como un abrigo camel o un zapato burdeos. Es algo que me asustaba. Me planteé cómo algo brillante y colorido podía interactuar con la decoración y el ambiente de una casa, pero al mismo tiempo que fuese rentable en términos de inversión. «¿Quién va a comprar esto?», me preguntaba cuando diseñaba este tapete (el modelo Nouveau), y hoy en cambio es uno de nuestros best-sellers.

 

Es algo que compartes con tu faceta como director creativo: tomar riesgos, pero sin perder de vista los beneficios.
En mi nueva posición en Diane Von Furstenberg tuve que asumir esa visión global. Me sumergí por entero en su increíble legado, viendo todo lo que hay detrás de la marca, su sentido de la moda y el lujo sin esfuerzo, pero con una gran imaginación. El papel de un director creativo va mucho más allá de ser un mero diseñador: abarca desde el branding, la comunicación con los medios, el concepto de las nuevas tiendas, cómo educar al cliente para enseñarle los valores de la marca… Es un trabajo que no tiene fin.

Vuelvo a los beneficios: ¿influyen a la hora de crear un producto de lujo?
Es importante, desde luego; pero si es en lo único que piensas realmente vas por mal camino, porque olvidas otras muchas cosas que también son básicas. Por eso me gusta The Rug Company, porque invierten dinero para mantener la calidad de sus productos y el nivel de sus artesanos. Podrían hacer siempre lo mismo y abaratar costes, pero mantienen los valores de la marca a pesar de todas de las presiones del mercado.

Es la gran paradoja de la industria: la moda es cada vez más Vertiginosa, pero el verdadero lujo exige tiempo.
Creo que eso es algo que nunca hay que perder de vista, hay que recuperar esos valores: la importancia de la artesanía, de lo hecho a mano, de lo único, de todos esos o cios que requieren esfuerzo, consideración y atención al detalle. Vivimos en un mundo —sobre todo en el ámbito de la moda, pero también en todos los niveles— que está obsesionado con lo inmediato. Creo que los social media han cambiado todo en el sentido de que puedo tener lo que quiera casi al instante, segundo a segundo. Pero no hay que olvidar que lo que hacemos los creadores requiere tiempo —no hay nada peor que crear sin ideas, sin conexión previa—, y si no inviertes dinero en ese tiempo y en todo el esfuerzo que hay detrás vas a hacer algo de baja calidad, no un producto de lujo. Creo (¡espero!) que la gente entiende la artesanía y la razón por la que las cosas cuestan lo que cuestan.

¿Puede hoy un diseñador tener una trayectoria global sin el respaldo de los grandes grupos detrás de su marca?
Hay diferentes maneras de entenderlo. Puedes ser independiente y tener una visión muy personal, pero al mismo tiempo tratar de ganarte a las masas. Diane Von Furstenberg es el perfecto ejemplo, ya que tiene un público muy amplio, pero al mismo tiempo todavía es una compañía independiente y familiar. Eso tiene muchas ventajas a la hora de tomar decisiones de manera interna. Es una marca que tiene un sentido de la arquitectura empresarial muy precisa para ampliar su clientela, decidir el precio de sus productos o crear otros productos más especializados, pero siempre dentro del paraguas de la compañía.

¿Crees que el diseño de moda es un arte?

Tu trabajo como diseñador consiste en entender cómo hacer un producto y cómo hacer que esos productos sean comercialmente rentables. No creo que en la actualidad un creador pueda dibujar sus bocetos encerrado en una torre de marfil, haciendo sólo vestidos de alta costura. Eso se ha acabado para siempre. Mi primer trabajo fue con McQueen y, aunque él era un artista increíble, me dijo algo que nunca he olvidado: trabajamos en una industria de servicio, no somos nada sin la mujer que lleva nuestro vestido. No importa la fantasía o el sueño que tengas, al final tu trabajo tiene que tener una función y eso es una cura de humildad. Creo que el arte es más egocéntrico… en un sentido positivo.

Pero el arte también es un negocio.

Desde luego, Jef Koons, Damien Hirst… Todos ellos son hombres de negocios, pero siempre ha sido así.

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