Uno de los regalos más grandes es el saber leer y escribir. La educación, por ello, es una responsabilidad de los estados, pero también de la sociedad.

En nuestro país los esfuerzos para terminar con el analfabetismo han ido funcionando, pero de acuerdo con el Inea, un 4.2% de la población aún se encuentra en esa situación, pero en 1970 era el 25.8%.

Sin embargo, entre las poblaciones indígenas y marginadas, el porcentaje se eleva al 23% (Inegi 20015).

El analfabetismo es, por ello, un retrato de nuestras carencias y posposiciones. Las entidades con mayores rezagos son también las más pobres: Chiapas 14.8 %; Guerrero 13.6 % y Oaxaca 13.3%. Las de menor índice, en cambio, son la Ciudad de México con un 1.5%; Nuevo León 1.6% y Sonora 2.2%, donde la situación económica es mucho mejor.

La alfabetización, por ello es una tarea permanente y que implica un alto compromiso, pero que al mismo tiempo tiene enormes ventajas y entre ellas las de proporcionar herramientas culturales para romper el círculo de la marginación y la pobreza.

Es triste que en pleno siglo XXI existan personas que no pueden leer ni escribir, pero lo es más porque ello ocurre en un contexto de gran indiferencia, donde priva el individualismo y no se piensa en el futuro.

Por ello, las iniciativas para revertir este tipo de problemáticas deben ser fomentadas y apoyadas.

El Colegio Madrid desde hace 30 años realiza campañas de alfabetización, con una pertinencia digna de elogio y más aún porque a lo largo del tiempo han palpado los desafíos de desarrollo que aún conforman la vida de comunidades pequeñas, donde las carencias son crónicas, pero donde al mismo tiempo existe la entereza y el esfuerzo para mejorar la vida, aunque sea paso a paso.

Este año, los estudiantes de secundaria y bachillerato madrileños, acudirán a Mazacoatlán, en Puebla, cuya población tiene un 9.48 % de personas que no saben leer o escribir.

Los alfabetizadores impulsan un modelo “con capacidad de incidir en la realidad para detonar acciones comunitarias que permitan la transformación de las condiciones sociales existentes”.

Para ello se requieren recursos y por ello abrieron una convocatoria en Donadora.mx. Hay que tener en cuenta que no hay fines de lucro y que el propio Colegio colabora con sus alumnos en porcentaje adicional a lo que ellos logren recaudar por medio de subastas, verbenas y demás instrumentos.

Recordemos que es desde la sociedad donde se pueden crear dinámicas de cambio que perduren a lo largo del tiempo y que cuenten con esa legitimidad que sólo da el trabajo social.

Después de todo, como escribió Paulo Freire, la alfabetización es “el proyecto histórico de un mundo en común, el coraje de decir la palabra.”

 

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