Por Marisa Drew*

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas sirven como un marco para cuantificar cuáles son los requisitos de financiamiento para los problemas globales actuales. La ONU determino que el requisito de financiamiento es de aproximadamente 3.5 mil millones de dólares al año. Si se deducen la filantropía y la aportación de organizaciones no gubernamentales, hay una brecha de 2.5 mil millones de dólares que debe ser cubierta por el sector privado.

Simultáneamente con los ODS, hay un cambio creciente en la mentalidad del sector privado. La filantropía no tiene por qué no obtener una ganancia. Hay investigaciones académicas que argumentan la posible convergencia de estas dos cosas, denominándolas “beneficio con un propósito”. Estamos viendo que las empresas que tienen un fuerte propósito en el mundo como parte de su misión, en realidad están comenzando a tener un mejor desempeño. Desde un punto de vista financiero, se están desempeñando mejor, están tomando participación de mercado y se están conectando mejor con los clientes. Ser más consciente de las partes interesadas más allá de los accionistas es simplemente un buen negocio.

En consecuencia, el concepto de inversión de impacto se crea o nace de la idea de que podemos dirigir capital privado con dos objetivos retorno de inversión y marcar una diferencia en el mundo, ya sea ambiental o socialmente. De eso se trata la inversión de impacto, ese es el espíritu y es por eso que es una inversión inteligente.

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¿Qué es exactamente la inversión de impacto?

En la actualidad, existe una intercambiabilidad en el uso de los términos “inversión sostenible” e “inversión de impacto”. Sin embargo, es importante tener en cuenta la diferencia entre los dos, ya que sus resultados y alcance no son los mismos.

En departamentos como el de Asesoría de Impacto y Finanzas, el enfoque es generar retornos de mercado. La inversión sostenible se trata de lo que se conoce como ESG (inversión ambiental, social y de gobierno). Por lo general, esto significa filtrar las inversiones, por ejemplo, detectar el tipo de inversiones en las que no desea participar o realizar una selección positiva, donde el enfoque es encontrar inversiones que sean amigables con el medio ambiente. En términos generales, este tipo de estrategia de inversión reside en el dominio de deuda y valores de capital que cotizan en bolsa. Como accionista minoritario en una empresa que cotiza en bolsa, sin embargo, existen limitaciones prácticas a la influencia que puede tener como inversionista de impacto.

La inversión de impacto lleva al siguiente paso al establecer un objetivo definido para el impacto que el inversionista está tratando de lograr y luego mide el efecto que produce la inversión. En este caso, la intención específica es generar un impacto, ya sea social. o ambiental, a través de la inversión. Los principios clave que diferencian la inversión de impacto de las inversiones sostenibles son la intencionalidad, el establecimiento de objetivos y la medición.

Un ejemplo son las inversiones en la educación superior, brindando apoyo a estudiantes de alto potencial de entornos desfavorecidos. A través de productos de inversión, se otorga el acceso a la educación universitaria, brindando mejores perspectivas de empleo y oportunidades para obtener mayores ingresos. Las seis Notas de Educación Superior, las dos últimas lanzadas en 2017, son un ejemplo de estas actividades que brindan apoyo a 3,500 estudiantes de 100 países, donde el 83% de ellos no tenían una opción de financiamiento alternativo.

¿Cómo se ve el futuro?

Hay muchos desafíos que afectan las fases de inversión, que varían según las regiones. Lo que estos desafíos tienen en común es que las nuevas generaciones están impulsando el cambio para superar estos obstáculos. Además, la conciencia de los gobiernos sobre la importancia de destinar dinero a resolver problemas ambientales y sociales puede llevar a una transformación en la mentalidad de las empresas hacia una ganancia con propósito.

Estos retos pueden convertirse en oportunidades. En América Latina, la agricultura sostenible representa un área de oportunidad para inversiones de impacto. En 2017, el 37% del capital invertido se destinó a la industria alimentaria y agrícola. México, tiene la plataforma para ser protagonista en este tipo de inversiones.

No obstante, los números hablan por sí mismos. Los últimos datos que tenemos, a partir de 2016, muestran que la inversión sostenible fue equivalente a 23 mil millones de dólares con un crecimiento del 25% con respecto a 2014. Mientras que la inversión de impacto fue de 226 mil millones de dólares con un crecimiento de 2750% en los últimos tres años. Mostrando claramente que la inversión de impacto, aunque se encuentra en sus primeros días, es una tendencia y no una postura marginal.

*CEO del Departamento de Asesoría de Impacto y Finanzas, Credit Suisse.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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