Por: Luis Javier Álvarez Alfeirán

El amor es sin duda un tema de inspiración en el mundo. No se mueve el mundo sin amor y sin el amor el ser humano no es capaz de sobrevivir. El amor toma desde tintes íntimos y personales hasta públicos y políticos. El amor no tiene un alcance generacional; ama el niño y ama el viejo. El amor tiene expresiones de todo tipo y de cada color. Canciones, películas, pinturas, poesías, esculturas y monumentos han sido dedicados al amor. Terribles guerras incluso se han librado por amor.

El amor, sin embargo, no queda solamente en el ámbito de lo romántico, del sentimiento y la poesía; el amor es también un negocio que genera billones de dólares en el mundo. En México el mercado de bodas puede llegar a alcanzar los quinientos mil millones de pesos al año, el turismo de bodas, los 28 mil millones de dólares; no se hable de lo que generan para la industria discográfica las canciones románticas que encuentran eco gracias a los sentimientos que infunden. El amor y la pasión que representa un equipo de fútbol (pensemos en la Argentina de Messi ahora que está de moda) en cuanto a la venta de camisetas y afiches. El amor explotado comercialmente es sin duda un negocio rentable, dinámico y fructífero.

Hablar del amor cobra una importancia especial en estos días, sabemos que el 14 de febrero se celebra el amor y con ello se produce comercialmente hablando, una derrama económica de cerca de los 25 millones de pesos principalmente en la industria del entretenimiento, el hospedaje, la gastronomía y la joyería.

En el ámbito de lo culinario, el amor tiene también una importancia central. En el día de San Valentín se dispara el consumo de chocolates, el carmesí predomina en las vitrinas de postres y pasteles y los brindis se multiplican con las parejas que celebran su amor. Los restaurantes se preparan y esperan para este día una afluencia muy superior a la ordinaria.

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La relación que tiene el amor con la persona y con la industria de la hospitalidad y la gastronomía no es otra que la del encuentro; a diferencia de otras muchas industrias, éstas producen una relación entre personas que, a través del disfrute de los sentidos, se complementan y se abren voluntariamente al otro. La gastronomía, como vínculo social, es llevado según el célebre gastrónomo Brillat-Savarin hacia una consideración de virtud en cuanto a la búsqueda de la felicidad, pero, sin tratarse de la propia sino de la felicidad del otro cuando convive con nosotros, cuando somos hospitalarios.  Es decir, se trata de un tipo de bienestar que se ofrece a la otra persona mediante la comida y la convivencia, que en el fondo es lo que realmente importa en la gastronomía. Afirma Brillat-Savarin: “Convidar a alguno equivale a encargarse de su felicidad mientras permanezca bajo nuestro techo”. Refiriéndose a la hospitalidad que debe ser a su vez correspondida por la otra persona dándose así el vínculo.

Dejando fuera la idea del amor, –explotada comercialmente de tantas formas–, y centrándonos en el verdadero valor del amor que tanto necesita nuestra sociedad moderna, podemos comprender la necesidad de nuestra sociedad de tener espacios de convivencia y de encuentro como son los restaurantes y cafeterías; la importancia y el valor social de estos espacios va más allá del negocio mismo o la derrama económica que producen sino de la cohesión social que genera identidad, armonía, libertad, confianza, unidad y evidentemente amor.

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Contacto:

Luis Javier Álvarez Alfeirán, MA

Director de Le Cordon Bleu-Anáhuac

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twitter: @DirectorLCBMx

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