Por Antonio Ocaranza Fernández*

El segundo debate de los candidatos a la presidencia ha definido a Ricardo Anaya como quien aglutinará el voto en contra de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). En el debate AMLO, candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia”, se defendió en su trinchera sin mayor ambición que evitar perder terreno en la contienda en que supera con alrededor de 20 puntos a su contendiente más cercano, mientras que Ricardo Anaya, de la coalición “México al Frente”, desarrolló una estrategia ofensiva para ganar rápidamente el mayor terreno posible y convertirse en EL candidato que lo puede derrotar. Trinchera contra blitzkrieg, para ponerlo en los términos bélicos que caracterizaron la primera y segunda guerras mundiales. Ni José Antonio Meade ni Jaime Rodríguez Calderón, los otros dos candidatos participantes en el debate, pudieron sumar puntos que los conviertan en contendientes serios.

En el segundo debate se abordaron temas como la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el narcotráfico, la legalización de las drogas y la seguridad en la frontera, pero el foco principal fue la protección de mexicanos en Estados Unidos que se sienten perseguidos por el gobierno del presidente Donald Trump y la relación México-EU. En diferentes grados y con estrategias distintas, todos los candidatos aprovecharon a Trump para hacer una defensa firme de los mexicanos en el extranjero y presentar propuestas que, en conjunto, conforman un planteamiento sólido. López Obrador sugiere fortalecer a México internamente y actuar con firmeza y dignidad frente a Trump, Anaya incrementar el presupuesto para consulados de México y acudir a foros multilaterales para defender a mexicanos y Meade trabajar en comunidades expulsoras de migrantes en México para mejorar oportunidades económicas y con autoridades de ciudades receptoras de mexicanos en Estados Unidos para proveerles de herramientas de defensa.

Más allá de plataformas y propuestas en temas internacionales, el debate dejó en claro que la contienda electoral se definirá entre López Obrador y Ricardo Anaya. AMLO mantiene su discurso de promover el crecimiento del mercado interno y la lucha contra la mafia en el poder y la corrupción para proyectar internacionalmente a México con solidez y autoridad moral. Su discurso no aspira a convertir a indecisos u opositores sino fortalecer su base electoral. Prefiere conservar un voto que arriesgarse para ganar otro. Por su parte, Anaya continúa demostrando que es quien asume los debates con la mayor seriedad y se prepara mejor para realizar propuestas. En cada pregunta procura ilustrar la problemática con el ejemplo de una persona real, ofrece una acción concreta como solución y, si el tiempo y condiciones lo permiten, da un puyazo a López Obrador para presentarlo como un hombre anticuado y carente de ideas. Anaya ya decidió ignorar a Meade y convertir la elección en una confrontación exclusiva con AMLO.

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Paradójicamente, José Antonio Meade, quien como ex Secretario de Relaciones Exteriores es el candidato más preparado en temas internacionales y de la relación con Estados Unidos, tenía el debate diseñado para brillar por sus conocimientos y propuestas y convertirse en un serio contendiente de López Obrador. Pero sus planteamientos reforzaron la impresión de que es el candidato de la continuidad. En lugar de tomar distancia de los errores de política exterior del presidente Peña Nieto, como la polémica reunión Peña Nieto-Trump en la Ciudad de México durante la campaña electoral estadounidense, Meade ha decidido respaldar las acciones del gobierno y cargar con el descrédito.

En las próximas semanas AMLO buscará reducir riesgos y fortalecer el apoyo de su base para continuar con una preferencia electoral por encima del 40%. Anaya aprovechará el momentum del debate para obligar a que el candidato independiente Rodríguez Calderón renuncie de manera que el voto anti-AMLO se articule a su alrededor. La exposición de los dos debates y el creciente temor al triunfo de AMLO hacen de Anaya el candidato mejor posicionado para recibir el “voto útil” del electorado. Por su parte, Meade seguirá buscando atraer simpatizantes y votos, pero el lenguaje de su campaña parece estar diseñado para ayudar a candidatos de su coalición a lograr la victoria a puestos para el Congreso y gubernaturas que la suya propia.

El segundo debate ha definido más claramente a los contrincantes en el terreno de batalla. En las próximas seis semanas López Obrador tendrá que mantener la disciplina en su trinchera, consolidar sus posiciones y soportar los embates de los movimientos de unidades motorizadas de un Anaya más confiado y fortalecido que probablemente cuente con la aviación de la iniciativa privada y, quizá, la artillería del gobierno, para evitar el triunfo de López Obrador.

*Director de OCA Reputación.

 

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