Cooperación. Las ciencias sociales y biológicas suelen enfatizar la competencia entre las especies y entre los miembros de la misma especie. La reacción de los ciudadanos ante la tragedia nos demuestra que es mucho más fuerte e interesante observar el mar de cooperación que se teje en el sistema para darle soporte. Siempre ha existido, pero hoy se hace más evidente. Es importante entender este fenómeno para reforzarlo en tiempos ordinarios.

Auto-ordenamiento. Los sistemas sociales no se controlan, se auto-ordenan con reglas básicas, información e intención. El sistema no requiere necesariamente de un líder o de una jerarquía. La parvada se organiza por sí misma con esos tres principios. La intención se vuelve muy focalizada en ayudar a los demás; la información se potencializa con las redes sociales y la tecnología; y las reglas son mínimas y no requieren de control estatal. El auto-ordenamiento es económico, el control es caro e improductivo.

El sismo ayuda a entender que el viejo afán de control por parte de los gobiernos y de los partidos cada día es menos útil y más repudiado por la población. El gobierno puede contribuir al auto-ordenamiento con los estímulos correctos e incluso facilitando la información, ese es el nuevo paradigma; sin embargo, no todos lo entienden.

Niveles de consciencia. Cada quien responde ante la tragedia conforme a su propio nivel de consciencia (Mapa de la Consciencia de David R. Hawkins). ¿Reacciono desde el dolor, el temor, el deseo, la ira o el orgullo, o desde la valentía, la entereza, la voluntad, la aceptación, la razón o el amor? El sismo me sirve para verme reflejado en mi interior.

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Sismos internos y emociones atrapadas. Además del sismo externo se provocan sismos internos. En el Semáforo Delictivo juntamos a un grupo de expertos en dar terapia de liberación de emociones a distancia con el fin de atender los efectos post-traumáticos del terremoto; una poderosa, pero poco convencional terapia para dar apoyo en línea. Con más de 150 terapias (hasta el día de hoy), encontramos que la mayoría tenía las emociones negativas esperadas como shock, miedo, horror, impotencia, ansiedad, tristeza, desesperación o pánico. Nos sorprendió; sin embargo, que muchos también habían atrapado la culpa o el conflicto, como si el sismo fuera culpa suya o como si debieran hacer algo que no podían o no querían hacer.

Otro grupo importante traía ira, resentimiento y odio. Y otro tanto sentía indignidad, poca valoración, humillación y vergüenza; como si el sismo también les hubiera fisurado su autoestima y su valía.

Finalmente, encontramos que son las mujeres las que piden ayuda; los hombres, a pesar de tener la misma gama de emociones de las mujeres, somos más torpes para reconocerlas y atenderlas. Sospechamos que se debe a esa tradicional programación de que los “hombres no lloran” y que lo único que se nos permite expresar es la ira. Programación que causa mucha violencia personal, familiar y social.

En resumen, el sismo nos ayuda a entendernos como individuos y como sistema social, y así como libera energías de las placas tectónicas, también exige la liberación de energías profundas de la psique colectiva e individual. Será muy interesante seguir observando al sistema mexicano en las réplicas internas del sismo social y político. ¿Nos quitaremos la necesidad de líderes y aprenderemos a ver al líder interno que todos llevamos? ¿Podremos construir sistemas políticos más eficaces y honestos? ¿Podremos finalizar esa guerra externa y absurda que nos tiene postrados desde el 2008 para encontrar la paz con inteligencia y nacionalismo sano?

 

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