Artículo elaborado en colaboración con Alberto Altamirano*

De acuerdo con el Centro de Investigación Pew, en 2013 había 54 millones de hispanos en Estados Unidos, que representaban 17.1% de su población total. (De éstos, más de la mitad son de origen mexicano.) En 1980 apenas había 14.8 millones de hispanos, 6.5% de la población. Dados estos números, los hispanos están en ascenso, pero es preocupante que diversas investigaciones indican que los hispanos tienen un bajo nivel de participación cívica en la nación.

Los hispanos están menos inclinados a participar cívica o políticamente en su comunidad que el resto de las minorías, a pesar de que son el grupo étnico con mayor ritmo de crecimiento en Estados Unidos. Sin embargo, el caso de la contribución cada vez mayor de los hispanos a la economía estadounidense apunta a que deberíamos esperar que tuvieran mayor participación en la vida política de Estados Unidos.

Ante este cambio de narrativa cabe preguntar ¿cuál es el estado actual de participación cívica de los hispanos? ¿Cuáles son los obstáculos que aún los detienen? Y, ¿qué factores son facilitadores para que desarrollen su potencial cívico y político?

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Compromiso cívico hispano

El compromiso cívico se puede entender como el involucramiento en las actividades políticas y sociales que influyen en diferentes niveles de políticas públicas. Es una conexión de la población con la vida de su comunidad y representa tanto una voz activa de participación en el gobierno como un instrumento de cambio dentro de una democracia. El compromiso cívico es fundamental para el desarrollo del servicio público y para empatar resultados tangibles con la voluntad de la población.

El compromiso cívico también integra múltiples componentes de comunidades en las que los individuos y los grupos participan crecientemente, de forma que se puedan conectar adecuadamente con los tomadores de decisiones. Algunos de estos componentes son los grupos comunitarios, las escuelas, los sindicatos, los equipos deportivos, los grupos cívicos, las agencias gubernamentales, los negocios y una amplia gama de organizaciones de carácter religioso, laboral, filantrópico, recreativo y de servicio social.

El resultado de tener mayor compromiso cívico es una mayor conexión entre los servidores públicos con la población, y se traduce en políticas públicas más representativas y mayor cantidad de bienes públicos. Sin embargo, cuando algunos grupos particulares son excluidos de los procesos de toma de decisiones o bien tienen una representación limitada, las decisiones pueden ser partidistas hacia la mayoría, lo cual lleva a políticas públicas injustas para la minoría subrepresentada.

En el caso de los hispanos, la exclusión en la toma de decisiones está vinculada a asuntos de la falta de aculturación, discriminación, sentimiento antiinmigrante, descalificación por organización colectiva y políticas públicas a partir de prejuicios o premisas incorrectas. Por otro lado, los hispanos estarían más interesados en que el debate girara alrededor de asuntos que de verdad les importan: reforma educativa, seguridad social asequible, vivienda, desarrollo personal y políticas públicas que fomenten la movilidad social.

Existe una concepción errónea acerca de la “amenaza hispana”, en la que se caracteriza a los migrantes hispanos como personas muy atadas a sus países, con espíritu demasiado festivo y con dificultades para adaptarse a la sociedad estadounidense. Los valores colectivistas u orientados a la organización grupal inherentes a los hispanos permean su vida más allá de las fronteras y son demasiado notorios en el país más individualista del mundo. Pero los valores de los hispanos van más allá de las concepciones tradicionales. Las prácticas y los valores que llevan a Estados Unidos en su conjunto son:

― Idealización de la familia como una estructura nuclear que requiere atención y apoyo permanente.
― Fuertes creencias religiosas y valores familiares bien asentados.
― El interés de trascender en la vida estadounidense.
― Un deseo de mitigar sentimientos de fracaso en adaptarse a la cultura estadounidense, especialmente en su orientación consumista.
― Interés en la creación de redes de trabajo y protección.
― Reconocimiento y orgullo de su patrimonio cultural.

Todas estas creencias de los hispanos se reflejan en su forma de expresarse, entender y participar cívicamente. Es importante recalcar que los miembros de este grupo comienzan a involucrarse más en la participación cívica conforme avanzan en los requisitos para convertirse en ciudadanos. Asimismo, los años de estudio y de desarrollo del inglés son pronosticadores del grado de compromiso cívico en la primera y segunda generación.

Los hispanos han elegido identificarse cada vez más como estadounidenses, recurrentemente con nacionalidades y sentimientos de pertenencia duales, y, al hacerlo, han cobrado fuerza en la lucha por la igualdad de derechos como estadounidenses. Sus marchas y activismo tienen incentivos que van desde sus derechos como migrantes hasta la mejora de su economía. La magnitud de la brecha varía en función del tipo de participación, pero el patrón es consistente.

 

Obstáculos para la población hispana

Diferentes factores desgastan la voluntad de los hispanos de participar en asuntos cívicos:

  1. El lenguaje técnico requerido para el ejercicio del derecho y la política en Estados Unidos mantiene a los ciudadanos hispanos lejos de hacer valer todos sus derechos de participación en el proceso político. De hecho, según Gallup, apenas 1 de cada 4 estadounidenses es capaz de mantener una conversación en un segundo idioma.
  2. Situación legal. La falta de estatus legal influye en las bajas tasas de participación entre los hispanos. Incluso cuando éstos han obtenido un estatus legal, el miedo a ser intrusivos culturalmente en el proceso les detiene de una participación plena en el proceso electoral.
  3. Estado financiero. Muchos hispanos no tienen el tiempo para votar o participar en el proceso político debido a sus horarios de trabajo o a la falta de estabilidad financiera. Está bien documentado que los grupos de bajos ingresos y las minorías tienen presiones de trabajo para ayudar a sus familias con ingresos adicionales.
  4. Acceso al transporte. Los hispanos que trabajan en industrias alejadas de las metrópolis –por ejemplo en la agricultura– viven en comunidades rurales y carecen de acceso a transporte público eficiente a los ayuntamientos, las casillas electorales o los mítines políticos.
  5. Desconocimiento de los procesos. Los hispanos que acaban de obtener estatus legal no están familiarizados con el proceso político estadounidense. Por otro lado, los hispanos de segunda y tercera generación que crecieron en hogares donde no se fomentaba la participación cívica tienden a ignorar el proceso político.
  6. Miedo al sistema. Un número representativo de hispanos tiene familia, amigos o conocidos que han sido deportados o encarcelados por crímenes de poca gravedad. En lugar de tomar iniciativa en contra de la corrupción política, o promover el voto a favor de una iniciativa para mejorar una causa comunitaria, o de acudir a votar, los hispanos no participan para estar menos expuestos, pues piensan que esto protegerá a su familia y su estado legal.
  7. Baja influencia sobre medios de comunicación y la agenda de los temas públicos. A pesar del incremento en el número de personas que dominan el español, los medios de comunicación disponibles y la información para fomentar la participación cívica son controladas por unos pocos actores. Más aún, los grandes conglomerados de los medios de comunicación que simpatizan con las causas hispanas aún no tienen la habilidad de colocar temas que le convengan a este grupo en el centro de la conversación nacional.

 

Facilitadores para el empoderamiento hispano

Existen algunos factores que facilitan la participación cívica de los hispanos. Éstos deben ser promovidos de forma tal que esta población pueda estar más cerca de alcanzar su potencial cívico.

  1. Atracción de la política a las comunidades hispanas. Los partidos políticos se están dando cuenta de que tienen que hacer un mejor trabajo para fomentar la participación en las comunidades hispanas. Ellos necesitan reclutar líderes organizadores hispanos, con talento para entusiasmar el voto hispano. Estos grupos organizados tienen que tomar en cuenta las formas, las necesidades y las contribuciones personales hispanas.
  2. Reclutamiento y nominación de candidatos hispanos. Los partidos y estrategas políticos necesitan reclutar candidatos hispanos competitivos que sean capaces de movilizar a las comunidades y crear un sentido de urgencia en torno de cuestiones que afectan a la población hispana.
  3. Vinculación con personas de dominio del idioma limitado. Organizaciones sin fines de lucro, partidos políticos y organizaciones gubernamentales requieren facilitar el proceso de educación cívica y asegurarse de que todo el equipo de operación esté bien capacitado, pueda hablar español y sea competente, culturalmente hablando.
  4. Las organizaciones necesitan dar seguimiento y ser consistentes a los mensajes que utilizan para movilizar a los hispanos durante y después de las elecciones. Sólo a través del desarrollo de mensajes estratégicos y la demostración de que de verdad les importa esta población, los hispanos responderán registrándose, participando y votando en la vida cívica.
  5. Mejora de infraestructura y transporte. Los gobiernos locales deben tomar la iniciativa para contactar a comunidades que estén alejadas del proceso político. Al estudiar los datos de las poblaciones electorales, las ciudades pueden construir mejor transporte e infraestructura para llegar a esas comunidades que no votan.

Como hemos visto en este texto, existe una gran brecha entre el peso actual de la población hispana, el sistema cívico y todo su potencial. Sin embargo, también hemos visto que Estados Unidos se está beneficiando de los valores hispanos y las actividades colectivas. Este beneficio también llega a los países de origen de los migrantes, quienes se sienten parte activa de una sociedad más exigente.

El camino no será fácil, pero podemos estar seguros de que el máximo potencial se alcanzará a partir de la generación de nuevos líderes cívicos –de distintos orígenes–, que trabajen en lo que los une y no en lo que los divide.


Alberto Altamirano es politólogo egresado de la Universidad de Texas en Austin y forma parte de la Iniciativa de Liderazgo Latino de la Harvard Kennedy School. Se desempeña como Especialista en Participación Pública para la Organización de Planeación Metropolitana del Área del Álamo, donde dirige asuntos de políticas de transporte para la región de San Antonio, Texas, y es miembro de la comunidad TEDx.

 

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