La entrega del paquete económico 2017 y los recortes anunciados por el gobierno federal por 239,700 millones de pesos han situado la discusión económica alrededor de la austeridad o falta de austeridad del gobierno, la sostenibilidad de las finanzas públicas y el panorama de la economía nacional. Sin embargo, un tema que no se debate con la suficiente profundidad es si la austeridad es una política económica positiva en el corto, mediano y largo plazo.

Es cierto que la estabilidad macroeconómica enfrenta la amenaza de unas finanzas públicas en un camino poco sostenible debido a una acumulación de deuda a un ritmo acelerado, 12% en cuatro años y una razón deuda/PIB que para finales del año se encontrará en 50.5%; no obstante, parte esencial del problema ha sido que la economía no crece. En buena medida el problema de las finanzas públicas en México es un problema de bajo crecimiento y en otra parte es un problema de falta de ingresos fiscales.

Si la economía mexicana hubiera crecido entre 3% y 4% durante los últimos años, la razón deuda/PIB hoy sería significativamente menor; si la economía mexicana contara con los recursos fiscales promedio de una economía de su tamaño y nivel de desarrollo –alrededor de 30% del PIB– la deuda pública tampoco sería un problema al contar con suficientes recursos fiscales para soportarla.

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Desafortunadamente, no es el caso actual de la economía mexicana, y muchas voces en el mismo gobierno, en la oposición e incluso entre algunos economistas y analistas hacen un llamado a la austeridad. Un llamado más inteligente, empero, sería a la prudencia en el gasto público. Después de todo, la austeridad –tal como ha sido entendida por los hacedores de política pública en México, con la serie de recortes que se han realizado en los últimos años, y como se ha entendido en el resto del mundo– no ha tenido un efecto positivo.

La austeridad, como se ha aplicado en México y en especial en Europa, ha sido característicamente nociva para la actividad económica. Ha producido tasas de crecimiento mediocres y causado un innecesario malestar social.

Durante los últimos años, México ha realizado fuertes recortes a la inversión pública, llegando a niveles 40% por debajo de la media de los países en desarrollo. A tales recortes se han sumado otros a la educación pública, a la salud y en general a la provisión de bienes y servicios públicos de calidad. Todos los anteriores, precursores del crecimiento económico sostenible en el tiempo.

La apuesta de la austeridad es la del abandono del Estado de las actividades que fomentan el crecimiento, es el abandono de los mecanismos que favorecen el desarrollo económico. Una apuesta por la prudencia, en lugar de la austeridad, reconocería que es cierto que tenemos un serio problema con el gasto público, que no es de calidad y tiene bajo impacto en la economía, pero también reconocería que el camino correcto no es gastar menos, sino gastar mejor. Ejercer prudencia sería reconocer que durante los últimos quince años se ha expandido dramáticamente el gasto corriente sobre la inversión pública, incurriendo en una irresponsabilidad histórica.

Esta irresponsabilidad en el manejo económico fue particularmente patente durante los gobiernos de los presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, quienes –contando con recursos petroleros sin precedentes– despilfarraron los ingresos del Estado en frivolidades y una expansión del costo de operación del gobierno. Para ponerlo en contexto, de acuerdo con datos de la Agencia Internacional de Energía, México fue el tercer país más beneficiado por la bonanza petrolera, sólo por detrás de Arabia Saudita y Rusia.

 

El costo de la austeridad

El desarrollo económico es una tarea costosa y la idea de la austeridad como se ha vendido en el mundo va en dirección opuesta a la del desarrollo. Por ejemplo, un trabajo reciente publicado por los economistas Antonio Fatas y Lawrence Summers, en que estudian el impacto de las políticas de austeridad en diversos países para ver sus efectos sobre el crecimiento económico cíclico (aquel que ocurre dentro del ciclo económico en curso) y el crecimiento económico potencial (aquel que determina la trayectoria de crecimiento de largo plazo), nos ofrece un marco de análisis para evaluar los costos de la austeridad. Lo países con políticas de austeridad severas como Italia, España, Grecia o Portugal no sólo tuvieron un impacto negativo en su crecimiento de corto plazo, sino que han tenido un efecto permanente en su crecimiento potencial; el costo de la austeridad no es sólo crecer menos hoy, también es crecer menos por años y años en el futuro.

Usando el mismo modelo de Fatas y Summers, pero calibrado para las variables y parámetros de la economía mexicana y considerando los recortes realizados durante los anteriores dos años y los del siguiente, el resultado no es muy distinto del encontrado para las economías europeas. Los recortes realizados durante los dos años previos han tenido un efecto en el crecimiento cíclico que ha costado entre 0.2% y 0.5% de crecimiento y de por lo menos 0.1% en el crecimiento potencial para los siguientes años. Los recortes para 2017 pueden tener un efecto semejante tanto cíclico como potencial, y tener como efecto secundario que la razón deuda/PIB suba en lugar de bajar si la deuda crece más rápido que la economía.

Si bien estos números no parecen grandes, tienen una gran relevancia en el tiempo. Cada décima menos de crecimiento tiene un gran impacto: la diferencia entre crecer a una tasa del 2% anual y una del 2.5% anual (ambas tasas mediocres para un país en desarrollo) es que en el primer caso el ingreso promedio de las personas en el país se duplica cada 35 años, mientras que en el segundo en tan sólo 28 años. Crecer 0.5% más todos los años reduce en siete años el tiempo que tarda la economía en duplicarse; cada décima de crecimiento que perdemos es, por tanto, robarle tiempo a esta generación en su camino de desarrollo.

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Amargamente es la austeridad, y no la prudencia, lo que está en la cabeza de los hacedores de política pública y de muchos de los actores políticos en el país, incluso llegando al grado de proponer –como el PAN– recortes de más de 5% del PIB durante los siguientes dos años, quizá sin considerar que un recorte de tal magnitud provocaría una fuerte recesión y disminuiría fuertemente la capacidad de crecer en el futuro y además seguramente un aumento de la razón deuda/PIB.

El crecimiento económico hoy en día tendría que ser nuestra mayor preocupación, es la fuente de muchos de nuestros problemas. Durante los últimos 30 años hemos crecido a una tasa per cápita apenas superior al 1%, escasamente por arriba de lo que los historiadores económicos llaman una tasa moderna de crecimiento.

Esa falta de dinamismo en nuestra economía se vuelve problemas de pobreza, problemas de movilidad social, problemas de desigualdad y también problemas de finanzas públicas. Lejos de navegar por los peligros de la austeridad deberíamos atacar seriamente las causas de nuestra falta de crecimiento y dejar de robar el tiempo de las generaciones que hoy viven en un país menos desarrollado del que deberían tener.

 

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